Por Orlando Oramas León
Corresponsal jefe en Uruguay
Fue una larga conversación con Prensa Latina a la luz del centenario del líder histórico de la Revolución cubana y de lo que mi entrevistado alerta como avance del fascismo de la mano de la administración de Donald Trump en Estados Unidos.
Creo que uno de los aportes más importantes que Fidel hizo a la lucha por la libertad de los pueblos del mundo, y en particular de la América Latina, y de Cuba, es la de efectivamente no darse por vencido nunca en cuanto a la lucha por resolver los problemas que hagan mejor la vida de la gente, afirmó.
Y para eso plantarse con toda fuerza, disposición y confianza en la lucha de los pueblos para enfrentar al imperialismo, a la barbarie como la de ahora, continuó.
Reconoció en el líder cubano la firmeza, “sus definiciones tan claras y el adelantarse a situaciones que vinieron después y algunas de las cuales estamos terminando de recoger, tras el desastre de la desaparición de la Unión Soviética, que él predijo”.
Mazzarovich recuerda aquel discurso del entonces presidente de Cuba en Camagüey el 26 de julio de 1989. “Pongamos la hipótesis de que en algún momento la Unión Soviética dejara de existir. Si eso sucediera, esta revolución permanecerá”, citó al Comandante en Jefe cubano.
Entonces la enseñanza de Fidel de levantarse de las derrotas y plantarse fuerte, para continuar la batalla para derrotar al imperialismo, al fascismo, tiene una validez que no podrá ser borrada ni cambiada por nadie, reiteró.
En un momento de la entrevista realzó la “amistad profunda” entre el secretario general del PCU, Rodney Arismendi, y el máximo dirigente del Partido Comunista de Cuba.
“Fue permanente, a pesar de que el imperialismo alentaba las confrontaciones entre sectores de izquierda en el mundo y en América Latina. Pero con el PCU nunca pudieron conseguir esa situación y creo que Arismendi y Fidel jugaron un papel de enorme importancia”.
También -añadió- influyó la amistad profunda con Raúl Castro y el Che Guevara. Y si no hubiera existido esa confianza no podrían haberse hecho las cosas que se hicieron, manifestó.
HUMANISMO Y SOLIDARIDAD
Son dos principios fidelistas que remarca el veterano político uruguayo. Rememora los 10 años (1974-1984) en cárceles de la dictadura, una parte de ellos solo en la celda.
Fue una experiencia que marcó su vida y la de otros. “Tenemos todavía compañeros que siguen viviendo como si estuviéramos presos”. Las secuelas fueron también físicas y comenzaron los problemas de salud.
“Arismendi planteó que Jaime Pérez, segundo secretario del PCU y yo viajáramos en abril de 1985 a Cuba para ver la Revolución, agradecer el apoyo y participar en el acto por el Primero de Mayo”, rememora.
La otra encomienda era ir a la Unión Soviética, contactar con los compañeros del Partido Comunista (PCUS), participar en la celebración del aniversario 40 de la victoria sobre el fascismo y someternos a estudios médicos.
Pero Fidel cambió los planes. “Ustedes van a Moscú y regresan a Cuba para atenderse”; le preocupaba que estuviéramos solos, sin las familias luego de tantos años de cautiverio y separación, relata.
Llegamos a un acuerdo y volvimos a Cuba, y también viajaron unos 140 de los compañeros que habían estado largo tiempo encarcelados. “No me escondan ningún hijo que tengan por ahí porque se los encuentro”, decía Fidel, y Cuba acogió a 550 familias uruguayas.
Y fue en la isla caribeña que nuestra familia tuvo su primer encuentro sereno, después de tantos años de separación.
“Antes, cuando estaba con Jaime Pérez, el líder cubano se aparecía a la casa donde nos alojábamos a las dos o tres de la mañana. Y repetía: `cuando los vean los doctores mañana y yo venga en la noche, voy a tener toda la información médica de ustedes´. Y entonces hacía las veces de médico”.
Lo menciono como ejemplo de su sensibilidad, acota el uruguayo, tan esencial para un dirigente revolucionario; el trazado humano de ese hombre, su preocupación por las cosas, hasta las más sencillas.
EL EMBAJADOR
A lo largo de su vida Jorge Mazzarovich ha ocupado diversas trincheras y responsabilidades, sindicales, líder de la Juventud Comunista del PCU, miembro del Secretariado Nacional del partido, secretario de Organización.

La victoria del Frente Amplio y su primer gobierno bajo la presidencia de Tabaré Vázquez lo lleva al frente de la Junta Departamental de Montevideo.
Uno de los primeros decretos del presidente Vázquez fue el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba. Durante cinco años Mazzarovich se desempeñó como embajador en la isla.
Ello me permitió percibir con mucha mayor fuerza la influencia de la Revolución cubana y su liderazgo en la acción y el pensamiento de los revolucionarios latinoamericanos y del mundo, expresó.
Poco tiempo después comenzó la Operación Milagro, “un enorme esfuerzo para Cuba para atender a ciudadanos uruguayos que carecían de los medios para recuperar la visión”.
De aquella iniciativa de Fidel Castro hoy se mantiene una brigada oftalmológica cubana en el Hospital de Ojos “José Martí” en Montevideo, donde más de 122 mil personas fueron operadas con éxito.
También de la impronta solidaria cubana Mazzarovich menciona los 600 uruguayos graduados en la Escuela Latinoamericana de Medicina y otros más que se hicieron profesionales en universidades cubanas.
EL BALCÓN DE FIDEL
Mi entrevistado rememora los dos viajes de Fidel Castro a Uruguay. El primero en mayo de 1959 coincidiendo con las entonces consideradas inundaciones más grandes sufridas por el país.
El Primer Ministro cubano se fue a Tacuarembó a visitar a los damnificados y el jefe de operaciones allí era el coronel Líber Seregni, a la postre general (preso por la dictadura) y líder fundador del Frente Amplio.
De aquel viaje Jorge Mazzarovich asegura que se fraguó una cálida amistad entre Seregni y el dirigente cubano, cuyo discurso ante miles de personas en Montevideo impactó de manera histórica.
Fidel regresó en 1996 invitado por el presidente Julio María Sanguinetti. La intendencia de Montevideo le otorgó la condición de hijo ilustre de la ciudad.
Mientras en el imponente edificio de la comuna se desarrolla el acto protocolar, por las puertas cerradas dejaba escuchar el rumor de una multitudinaria concentración que quería saludar al barbudo comandante.
Vuelve el relato de Mazzarovich: Fidel pidió que abrieran las puertas para salir al balcón. No importaron las razones de seguridad esgrimidas en un lugar rodeado de edificios altos y teniendo en cuenta el historial de atentados contra su vida. Varios quisieron acompañarlo. “Voy solo” y allá se fue al gran balcón a reencontrarse con el pueblo uruguayo.
UNA HISTORIA QUE COMENZÓ ANTES
La solidaridad con la causa de la Revolución cubana convocaba a organizaciones sindicales, políticas y sociales desde los combates del Ejercito Rebelde en la Sierra Maestra.
Eran tiempos de efervescencia política en Uruguay, donde ya funcionaban comités solidarios con la isla antillana, cuyas actividades no escapaban a la represión.
Aquellos años de inicios de la década del 60 fueron importantes para la unidad sindical y de las fuerzas progresistas. En ese camino, en julio de 1962 se da un paso importante unitario con la creación del Frente Izquierda de Liberación.
Para nada es casual, concluye Jorge Mazzarovich, que su siglas eran Fidel.
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