Por Diony Sanabia
Corresponsal en Brasil
Su nombre evoca misterio, amor, suerte y música, y el cuerpo pequeño, de unos 13 centímetros, suele pasar inadvertido entre la vegetación del bosque, pero su vocalización convirtió al ave en uno de los habitantes más reconocibles del imaginario amazónico.
Detrás de esa imagen legendaria existe un animal real, estudiado por zoólogos y ornitólogos, y cuya presencia también ha quedado vinculada a investigaciones sobre las transformaciones que experimentan dichos ecosistemas.
La denominación uirapuru se utiliza en Brasil para distintas aves, pero la especie tradicionalmente asociada con el célebre canto amazónico es el llamado uirapuru-verdadeiro o músico (Cyphorhinus arada), integrante de la familia Troglodytidae.
Sin embargo, la historia taxonómica de esta ave resulta más compleja de lo que su fama pudiera sugerir.
En 2016, los investigadores Fernanda Bocalini y Luís Fábio Silveira, del Museo de Zoología de la Universidad de São Paulo, publicaron una revisión del grupo tradicionalmente tratado como Cyphorhinus arada. Para ello analizaron 515 ejemplares de museo y 146 grabaciones de vocalizaciones.
El estudio encontró diferencias importantes de plumaje y canto entre las poblaciones y propuso reconocer seis especies dentro del conjunto que hasta entonces había sido tratado como Cyphorhinus arada.
Tal propuesta se basó en el concepto filogenético de especie y constituye una referencia fundamental para entender la diversidad del grupo.
CANTOR ENTRE LAS SOMBRAS DEL BOSQUE
En la clasificación tradicional, el uirapuru-verdadeiro es un ave pequeña, con un peso aproximado de entre 18 y 24 gramos, y presenta principalmente tonalidades pardas, con áreas de color rufo o anaranjado en la cabeza y las partes inferiores.
Su ambiente característico se encuentra en el suelo o cerca del sotobosque de las selvas húmedas amazónicas, especialmente en bosques de tierra firme. Allí se mueve entre la vegetación y resulta mucho más fácil escuchar su canto que observarlo directamente.
La distribución, en el sentido tradicional y amplio del taxón, comprende distintas zonas de la cuenca amazónica, desde Venezuela, Guyana, Surinam y Guayana Francesa hasta Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia.
Precisamente esa amplia presencia, acompañada por variaciones geográficas de plumaje y vocalización, fue uno de los elementos que llevaron a Bocalini y Silveira a revisar la clasificación del grupo.
De esa manera, el uirapuru ocupa un lugar singular dentro de la avifauna amazónica: no destaca por el tamaño, los colores llamativos o la facilidad para ser observado, sino por una vocalización que desde hace mucho tiempo despierta la atención de quienes recorren el bosque.
La fama de su canto, sin embargo, pertenece tanto a la naturaleza como a la cultura.
LEYENDAS DE AMOR Y TRANSFORMACIÓN
Alrededor del uirapuru circulan diversas narraciones de origen y transmisión diferentes, y una de ellas relaciona al ave con un joven transformado después de un amor imposible.
La historia fue recogida y reelaborada en diferentes contextos culturales y llegó también al mundo artístico brasileño.
Una investigación publicada por el Museo Paraense Emílio Goeldi recuerda la relación entre una leyenda indígena brasileña sobre el uirapuru y la obra musical que Heitor Villa-Lobos dedicó al ave.
En esas narraciones, la transformación en pájaro permite al personaje acercarse al ser amado o expresar mediante el canto aquello que no podía decir de otra manera.
Otra tradición sostiene que la melodía del uirapuru es tan extraordinaria que las demás aves dejan de cantar mientras lo escuchan.
Esta última imagen pertenece al terreno de la leyenda y no debe confundirse con un comportamiento zoológico demostrado, aunque ayuda a explicar la dimensión simbólica adquirida. También, el uirapuru quedó asociado en distintas tradiciones con la suerte, el amor y la felicidad.
De ese modo, un ave difícil de observar terminó convirtiéndose en objeto de relatos, creencias y representaciones que excedieron ampliamente el ámbito de la historia natural.
DEL FOLCLOR A LA MÚSICA DE VILLA-LOBOS
El uirapuru alcanzó una de sus mayores expresiones artísticas en la obra homónima de Heitor Villa-Lobos.
La partitura conservada por el Museo Villa-Lobos lleva la inscripción “Rio, 1917” y registra posteriormente la anotación “Reformado en 1934”.
Tal creación fue estrenada en Buenos Aires el 25 de mayo de 1935 y presentada en Río de Janeiro meses después.
Villa-Lobos convirtió así la figura del pájaro encantado en una composición para orquesta y ballet, incorporando al lenguaje musical elementos relacionados con el imaginario indígena y amazónico.
La relación entre música, leyenda y naturaleza fue posteriormente retomada por investigadores y artistas.
Décadas después, el propio Museu Paraense Emílio Goeldi documentó una expedición realizada entre los indígenas Urubú-Ka´apor, en Maranhão, para filmar una versión de la leyenda que había sido llevada a la música por Villa-Lobos.
Esa obra contribuyó a fijar en la cultura brasileña una imagen del uirapuru que continúa presente en conciertos, estudios musicales y publicaciones dedicadas a la identidad artística del país.
UNA VOZ EN UN BOSQUE QUE CAMBIA
Por otra parte, el interés científico por el uirapuru no se limita a su canto ni a las discusiones sobre su clasificación.
Un estudio basado en cuatro décadas de monitoreo de aves en la Amazonía brasileña encontró disminuciones poblacionales incluso en áreas de bosque consideradas relativamente intactas.
La investigación fue realizada en la región situada al norte de Manaus, dentro del área estudiada por el Proyecto Dinámica Biológica de Fragmentos Forestales, vinculado al Instituto Nacional de Pesquisas de la Amazonía.
Entre las especies que presentaron declive figuró el uirapuru-verdadeiro y ese resultado llamó especialmente la atención porque las áreas analizadas no estaban sometidas a una transformación directa comparable con la de los bosques fragmentados o deforestados. Los investigadores observaron que varias de las aves que disminuyeron eran especies relacionadas con el suelo del bosque y con la búsqueda de artrópodos, principalmente insectos.
El caso del uirapuru muestra así una de las dificultades de estudiar la conservación amazónica: incluso un bosque que mantiene buena parte de su estructura puede experimentar cambios capaces de afectar a determinadas especies.
MUCHOS DESAFÍOS
A juicio de especialistas, en la evaluación global tradicional, el uirapuru-verdadeiro figura como especie de preocupación menor, pues su amplia distribución geográfica constituye uno de los elementos que explican esa clasificación.
Sin embargo, sostienen, una categoría global de conservación no significa que todas las poblaciones sean estables ni que los cambios locales carezcan de importancia.
El seguimiento realizado durante décadas al norte de Manaus ofrece precisamente un ejemplo de esa diferencia: una especie puede conservar una distribución extensa y, al mismo tiempo, registrar disminuciones en determinados ambientes.
Para un habitante del sotobosque, la conservación depende de la permanencia de las condiciones ecológicas que permiten encontrar alimento, refugio y lugares adecuados para reproducirse.
El pequeño cantor reúne así dos dimensiones aparentemente distantes.
Una pertenece a la ciencia: taxonomía, análisis de vocalizaciones, seguimiento de poblaciones y estudio de los ecosistemas donde vive.
La otra corresponde a la memoria cultural: relatos de amor y transformación, asociaciones con la suerte y una música que llevó el nombre del ave desde las profundidades de la Amazonía hasta las salas de concierto.
Entre ambas permanece el mismo protagonista: un pájaro pequeño, discreto y difícil de ver que, en medio de una de las mayores selvas del planeta, encontró en su voz la manera de hacerse inolvidable.
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