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sábado 18 de mayo de 2024
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¡Resistiremos hasta el último chorizo! (+Fotos)

Buenos Aires (Prensa Latina) José Luis Mangieri (1924-2008), periodista, poeta y editor, ícono de la cultura y el pensamiento crítico argentino- quién no recuerda el sello editorial La rosa blindada-, solía lanzar esa frase que acaban de leer en título cuando se enfrentaba a los dichos de la reacción y la sinrazón.

Víctor Ego Ducrot*, colaborador de Prensa Latina

Lo hacía sin peros ni remilgos, cuentan muchos de los poetas que de tanto en tanto con él compartían un asado.

Quizás esa debiera ser la consigna de lo que ya comenzó: la resistencia en las calles, a golpes de cacerolas y con lo que sea, ya la vida misma lo dirá, contra la ignominia o infamia que para la historia de los argentinos representa un desquiciado llamado Javier Milei.

Habla con sus perros de forma tal que a uno de ellos lo considera inspirador y asesor; culmina sus discursos como presidente de este país en peligro de desintegración invocando a las fuerzas del cielo; su hermana y una ministra del gabinete que también le da masajes para que el flamante presidente afloje con los psicofármacos son sus guías espirituales y vaya a saber uno hasta que borde de los amoríos extraños llegan.

El fallido último gobierno kirchnerista/ peronista dejó al 50 por ciento de la población en la pobreza, a millones en la indigencia y a todos a merced de una locura inflacionaria tal, que comer con cierta calidad proteica terminó convirtiéndose en lujo.

El gobierno ultraderechista y adorador de un liberalismo económico y privatizador trasnochado que asumió el pasado 10 de diciembre instaló los índices de carestía- sobre todos para los alimentos- en cimas de derrumbe social: en cuestión de horas los precios de la comida se duplicaron o más respecto de los niveles que ya habían alcanzado en las semanas anteriores.

¿Qué sucedió aquí para que semejante energúmeno llegara a la Casa Rosada?

Evitaré toda respuesta desde el periodismo y desde las ciencias sociales y políticas, ni hablar de explicaciones psicológicas. Apelaré a un poeta, porque la poesía suele ser mucho más audaz y hasta certera que la razón para estos menesteres del empeño de algunos en dañar y exterminar a sus semejantes.

Escribió hace pocos días en las redes sociales un poeta argentino al que suelo leer con admiración. Se llama Miguel Gaya y nos enseñó: La cosa es así: No hay una sola casta. La sociedad está dividida en castas, como en la India. El que nace en una casta muere en esa casta. Hay castas de ricos y castas de pobres. Los ricos se dedican a hacerse más ricos y los pobres se dedican a hacer más ricos a los ricos. Por ejemplo, votándolos. ¿Está claro, no?

Pero los comienzos tienen finales y los finales tienen comienzos.

El 20 de diciembre supimos de un decreto desconocedor del Parlamento y por ende rabiosamente inconstitucional con el cual el primer mandatario pretende dejar librada la vida de los argentinos a la voracidad del poder económico concentrado y liquidar el patrimonio nacional.

La reacción social- inesperada por lo temprana, pues apenas si hacía diez días que el desquiciado había asumido su cargo- estalló en las calles: fueron miles los habitantes que salieron a protestar y macharon hacia el Congreso Nacional.

Manifestaciones similares tuvieron lugar en diversas provincias y ciudades del país. El gobierno reaccionó como era previsible: desconociendo las protestas y hasta burlándose de ellas, pero en forma más acelerada que lenta pareciera que ya dio comienzo la marcha hacia el fin de la actual demencia política de psicópatas, aventureros y fascistas de toda laya; aunque subrayo PARECIERA porque el daño cultural y el proceso de derechización y anomia que padecen millones argentinos es de tal magnitud que resulta imposible no temer lo peor.

Y de Voltaire recuerdo una de sus cartas filosóficas (1733); sabrá cada uno de ustedes colegir el porqué de semejante invocación, pero de mi parte aclaro con una cita del notable filósofo e historiador italiano Carlo Ginzburg: hay figuras del pasado que el tiempo acerca antes que alejarlas (Editado por Fondo de Cultura Económica; Buenos Aires; 2010: El hilo y las huellas: Lo verdadero, lo falso y lo ficticio).

Entonces. Escribió Voltaire: Entrad en la Bolsa de Londres, ese lugar más respetable que muchas cortes; allí veréis reunidos a los diputados de todas las naciones para la utilidad de los hombres. Allí el judío, el mahometano y el cristiano tratan el uno con el otro como si fuesen de la misma religión, y no dan el nombre de infieles más que a los que hacen bancarrota; allí, el presbiteriano se fía del anabaptista, y el anglicano recibe la promesa del cuáquero. A la salida de esas pacíficas y libres asambleas, los unos se van a la sinagoga y los otros a beber; éste se va a hacerse bautizar en una gran cuba en nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo; aquél hace cortar el prepucio de su hijo y hace farfullar sobre el niño palabras hebraicas que no entiende; esos otros se van a su iglesia a esperar la inspiración de Dios, con el sombrero en la cabeza, y todos están contentos. Si no hubiese en Inglaterra más que una religión, sería de temer el despotismo; si hubiese dos, se cortarían mutuamente el cuello; pero como hay treinta, viven en paz y felices.

¡Nosotros, los que estamos en bancarrota, resistiremos hasta el último chorizo!

rmh/ved

* Periodista, escritor y docente universitario argentino. Doctor en Comunicación de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Argentina; profesor titular de Historia del Siglo XX (Cátedra II) en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP

(Tomado de Firmas Selectas)

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