Por Isaura Diez
Corresponsal jefe en China
Así se dio a conocer durante el Informe de Trabajo del Gobierno, el cual destacó que el país perseguirá una cooperación de alta calidad en el marco de esta iniciativa.
La nación lanzará tanto proyectos emblemáticos principales como otros de bienestar público denominados “pequeños pero hermosos”.
El desarrollo de la IFR, propuesta por Beijing, entró en una fase más madura, y uno de los puntos focales actuales es profundizar la alineación estratégica con los países socios mediante el avance simultáneo de la “conectividad dura”, la “conectividad blanda” y la “conectividad corazón a corazón”.
Ese triángulo conceptual constituye la columna vertebral de la actualización actual de la iniciativa.
La “conectividad dura” se centra en construir y modernizar infraestructura física y logística; ejemplos incluyen los trenes de carga China-Europa, el Nuevo Corredor Internacional de Comercio Terrestre-Marítimo y el Puerto de Chancay en Perú, que está en condiciones de reconfigurar fundamentalmente la logística sudamericana y los patrones del comercio global.
La “conectividad blanda” enfatiza la armonización regulatoria e institucional, con mecanismos como la asociación de cooperación en Aduanas Inteligentes, mencionada en el Informe de Trabajo del Gobierno de este año, y la facilitación del comercio desempeñando papeles fundamentales.
La “conectividad corazón a corazón” se centra en los intercambios entre personas, el diálogo civilizatorio, el aprendizaje mutuo y el cultivo del respeto y la confianza entre las sociedades.
Ese enfoque tridimensional refleja una complementariedad entre los megaproyectos y la integración de base en el desarrollo de proyectos de la IFR.
Si bien se espera que los proyectos emblemáticos generen empleo local, faciliten la transferencia de tecnología, fortalezcan la capacidad institucional y produzcan efectos multiplicadores en las economías regionales, las iniciativas a menor escala abordan directamente necesidades urgentes: acceso a agua potable, atención primaria de salud, electrificación rural, educación básica y seguridad alimentaria.
La visión holística propuesta por China garantiza que la implementación se mantenga adaptable a los contextos nacionales e involucre la participación activa de los actores locales, de modo que cada proyecto contribuya genuinamente al desarrollo sostenible y al bienestar de los socios de la IFR.
UNA VENTANA ESTRATÉGICA
La visión de la iniciativa demuestra el compromiso de China con la estabilidad, la inclusividad y el beneficio mutuo en un panorama global turbulento.
Para el Sur Global representa el acceso a infraestructura y tecnología, pero también una ventana estratégica para diversificar asociaciones y fortalecer la capacidad de desarrollo autónomo bajo el marco de la IFR.
El Informe de Trabajo del Gobierno señaló además que China “también ampliará la cooperación práctica en campos emergentes para brindar más beneficios a las poblaciones de los países a lo largo de la Franja y la Ruta”.
Analistas esperan que, en los ámbitos emergentes, la IFR acelere la cooperación en economía digital y desarrollo verde.
Según el reporte gubernamental, China tiene como objetivo elevar el valor añadido de las industrias centrales de la economía digital a 12,5 por ciento del PIB entre 2026 y 2030, frente a 10,5 por ciento en 2025.
Este objetivo también abre oportunidades sustanciales de cooperación Sur-Sur a través de tres pilares: infraestructura de próxima generación, gobernanza de datos y apertura digital ordenada.
La cooperación en la transición verde constituye otro pilar clave.
China ha establecido como objetivo una reducción de alrededor de 3,8 por ciento en las emisiones de dióxido de carbono por unidad de PIB este año.
Para América Latina, que es rica en energía renovable, agricultura sostenible y potencial digital, esto se traduce en oportunidades ampliadas para la transferencia de tecnología, la inversión y el fortalecimiento de capacidades locales.
Cabe destacar que los proyectos “pequeños y hermosos” de la IFR desempeñan un papel indispensable, por ejemplo, kits solares fuera de la red para comunidades remotas, sistemas municipales de producción de alimentos, redes de alerta temprana para fenómenos meteorológicos extremos y reforestación comunitaria con especies nativas.
La cooperación verde de China con América Latina ya se materializa a través de mecanismos específicos.
Proyectos emblemáticos de la IFR como parques fotovoltaicos conjuntos en Chile, Cuba y Argentina, de energía eólica en Brasil, y asociaciones para el procesamiento de litio en Argentina, Bolivia y Chile ilustran cómo China ha alineado sus fortalezas en la cadena de suministro con las dotaciones de minerales críticos y energías renovables de la región latinoamericana.
Esas colaboraciones respaldan los propios objetivos energéticos de Beijing y también ayudan a los países latinoamericanos a capturar un mayor valor a lo largo de la cadena de valor de la energía limpia, pasando de la extracción de materias primas hacia el procesamiento intermedio y descendente, el ensamblaje local y la localización tecnológica.
Cuando se combinan con proyectos comunitarios “pequeños pero hermosos”, este enfoque por capas garantiza que los logros en descarbonización en el nivel macro se traduzcan en mejoras tangibles en los medios de vida rurales, el acceso a la energía y la gestión ambiental a nivel de base.
Durante el período del XV Plan Quinquenal (2026-2030), China ha establecido como objetivo un aumento anual promedio de al menos siete por ciento en el gasto nacional en investigación y desarrollo (I+D), lo que garantizará que el gasto en I+D continúe creciendo a un ritmo constante.
China busca la autosuficiencia tecnológica al tiempo que amplía su apertura.
En una era de creciente proteccionismo y complejidad geopolítica, esa estrategia dual es cada vez más urgente.
Para América Latina, el panorama es de oportunidad y asimetría a la vez.
El Índice de IA de América Latina 2025 revela que la región capta solo 1,12 por ciento de la inversión global en IA, pero ocupa el tercer lugar mundial en descargas de aplicaciones de IA generativa, lo que indica que la demanda supera ampliamente la capacidad local.
Cerrar brechas en infraestructura, talento, innovación y gobernanza sigue siendo esencial y, por ese motivo, el ecosistema tecnológico avanzado de China ofrece a América Latina una vía para diversificar las canastas de exportación, mejorar las capacidades industriales y fortalecer los lazos Sur-Sur.
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