Por Roberto F. Campos
De la redacción de Economía
Fotos del autor
Ese escenario se encuentra en un área seminatural ubicada en la Sierra de los Órganos en Pinar del Río, declarado Parque Nacional en los años 60 del pasado siglo.
En el lugar se encontraba la antigua Hacienda Cortina, propiedad del abogado y diplomático José Manuel Cortina, quien la edificó en 1920, junto a los baños de San Diego.
Lugar perfecto para paseos en familias y entre amigos, por un entorno bello y bien conservado.
La Hacienda Cortina tenía un área de 22 mil hectáreas y era la mayor de Pinar del Río. La zona se destaca por la presencia de una amplia variedad de flora y fauna.
Posee una portada de estilo medieval, jardines, paseos, los interiores de la propiedad conforman un conjunto de parques y vergeles diseñados con una mezcla de estilos, en los que predomina la influencia de la cultura japonesa.

En los espacios abiertos predominan elementos decorativos y escultóricos, sobresalen las figuras esculpidas en mármol de Carrara, bronce y otros materiales, la mayoría de ellos adquiridos en el extranjero.

La presencia del río San Diego en ese paraje fue aprovechada para la creación de un lago artificial utilizado para la pesca y los paseos en bote. En la orilla aparecen glorietas, embarcaderos y áreas de estar, integradas armónicamente a la vegetación y al paisaje del entorno montañoso.
Otros de los atractivos del sitio eran las casas china y japonesa, que atesoraban valiosos objetos oriundos de esos países, la mayor parte de ellos protegidos hoy en museos de Pinar del Río.
Los tapices que representaban el oropel manchú, los pebeteros oxidados entre los cojines de seda y el guerrero mongol de la época de Gengis Kan, de tamaño natural, fueron algunos de los exponentes más significativos de esta antigua hacienda.

Existe una habitación conocida como, la vivienda del Buda, donde Cortina y los amigos solían regirse por costumbres orientales como el uso de pantuflas, la quema de inciensos y la búsqueda de reposo para el cuerpo y el alma.
Pero hay mucho más para comentar sobre ese hermoso lugar, cargado de las memorias de quienes le visitan, sean cubanos o extranjeros.
La Güira, por demás, es un asentamiento humano rural perteneciente al Consejo Popular de San Diego de los Baños en el municipio de Los Palacios.
Ese asentamiento comienza a poblarse a partir de los años 1917-1919 cuando José Manuel Cortina, notable abogado y orador cubano adquirió los terrenos, donados por una señora a la cual le prestó servicio.

Fascinado por la belleza del lugar, nombró a una persona para que le atendiera las tierras.
En 1920 construyó la portada de piedra a la que le asignó su nombre y junto con esta su casa de visita. Posteriormente construyó un parque de recreo al que asistían sus amistades.
Al ofrecer trabajo en su hacienda en las afueras de esta los empleados comenzaron a edificar sus modestos hogares.
Con el triunfo de la Revolución Cubana de 1959 el gran latifundio Cortina fue intervenido y dentro de este La Güira se transformó en un parque de recreo y solaz esparcimiento.
Se encuentra a una altura de 100 metros sobre el nivel del mar. Su promedio anual de lluvias es de mil 400 milímetros (mm) y una temperatura media anual de 24,5; máxima media de 30,0 y mínima media de 20,2 grados Celsius. Predomina el clima húmedo y cálido con una flora abundante.
El fundamental recurso natural de este Asentamiento es el suelo y en él se cultiva tabaco, hortalizas y vegetales, además la fauna es rica en diversidad, pero predomina la cría de ganado mayor.
Dicho entorno social cuenta con una población aproximada de 128 habitantes, todos rurales. Dista de la cabecera municipal 22 kilómetros. El acceso puede hacerse a través de la carretera central Habana – Pinar del Río o a través de la autopista nacional.
Entre las tradiciones de arraigo en estos campos se encuentra la literatura de transmisión oral, en la cual se pone de manifiesto la tradición campesina de la zona, el saber popular y la música campesina especialmente el repentismo. Además se practica el tallado en madera y el tejido con guaniquiqui.
Un lugar cargado de simbolismos de antaño con jardines irrepetibles y caminos perfectos para el paseo en familia.
La finca se conserva y a la par organiza reuniones, clases de botánica, y paseos explicativos que dotan a los visitantes tanto de conocimientos sobre las colecciones que se exhiben en el lugar, como de su historia.
Un especie muy singular del turismo cubano, con el color verde como denominados común y la tranquilidad, la paz y el intimismo que entrega la naturaleza del lugar.
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