Por Carmen Esquivel
Corresponsal jefa en Chile
Hernández, quien en 2024 fue nombrado director de la Escuela Nacional de Ballet Fernando Alonso, participó aquí en el Primer Encuentro Latinoamericano de Escuelas de Danza. En el evento estuvieron presentes, además de la institución cubana, la Escuela de Ballet del Teatro Municipal de Santiago, la de Formación Artística Sodre (Uruguay), el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (Argentina) y la Escola do Teatro Bolshoi no Brasil. Durante una entrevista concedida a Prensa Latina al término del viaje, el bailarín y docente explicó que fue un encuentro para analizar las particularidades de cada escuela, sus retos y proyecciones, y donde se abordó la idea de crear una especie de comunidad o consejo para dar mayor visibilidad a la danza en la región.
Uno de los desafíos hoy en Latinoamérica es la migración a Europa de estudiantes que tienen las herramientas necesarias para enfrentarse a una vida profesional y que no concluyen su formación en alguna compañía o conjunto danzario de su país, explicó.
En su conversación con esta agencia, Hernández también se refirió a las particularidades de la enseñanza artística en Cuba, que cuenta con una red de 37 centros con todas las manifestaciones: ballet, danza, música, artes plásticas, teatro y circo.
Destacó la formación integral del estudiante, ya que allí los alumnos reciben tanto asignaturas como matemáticas, historia y biología, junto a la especialidad. Esa es una de las fortalezas que tenemos nosotros como política cultural, dijo.
El afamado bailarín explicó que en el mundo existen cinco grandes escuelas de ballet reconocidas: la francesa, la danesa, la rusa, la inglesa y la cubana.
Cuando hablamos de esto no nos referimos a una institución, sino a una concepción o una identidad propia que permite decir que un bailarín está formado bajo el método del Royal Ballet, de la Ópera de París o de la Escuela Cubana, precisó.
Explicó que en América Latina hay muchas academias, instituciones, pero todas se rigen por el método de algunas de las ya reconocidas.
En otra parte de la entrevista, el Primer Bailarín abordó el aporte que hicieron al ballet tanto Alicia como Fernando y Alberto Alonso.
Alicia fue la cara visible, la gran bailarina que logró llevar al ballet por el mundo, pero cada uno hizo desde su posición grandes cambios y aportes que distinguen lo que es hoy nuestra escuela.
PASIÓN POR EL BAILE Y LA ENSEÑANZA
Dani Hernández nació en 1989 en el municipio de Remedios, provincia central de Villa Clara. Inició sus estudios artísticos en 1997 en la vocacional de Arte Olga Alonso, en Santa Clara, y los continuó en la Escuela Nacional de Ballet de La Habana a partir de 2002.
“Tuve el gran honor y el placer de poder trabajar con Fernando Alonso en mis dos últimos años de nivel medio”, comenta.
Me gradué en 2006 y una vez que concluí mis estudios pasé a la compañía, donde me fui desempeñando en distintos roles, y en 2011 me ascendieron a Primer Bailarín.
Haber alcanzado el máximo rango es una gran responsabilidad porque te empiezas a convertir en un referente para los estudiantes, e incluso, para tus propios compañeros, reflexiona.
En la temporada 2010-2011 la prestigiosa revista Dance Europa seleccionó al bailarín entre los 100 mejores del mundo y lo situó en el decimoséptimo lugar.
Dani Hernández ha desempeñado roles protagónicos en obras como Giselle (Albrecht), Don Quijote (Basilio) y El lago de los cisnes (Sigfrido).
Aunque confiesa que todos tienen un valor importante y le aportaron algo, considera que uno en particular significó un antes y un después en su carrera.
Cuando se volvió a retomar el ballet Carmen después de muchos años, el primer rol que me propusieron fue el de Don José por mi forma de ser y mi tipo de movimiento.
Sin embargo, me puse el reto de interpretar El Escamillo, el torero, un muy extrovertido, con otra manera de proyección y justamente eso fue un cambio completo.
“De ahí en adelante creo que empecé a ver todo de una manera muy particular y muy especial, es un personaje que marcó mi carrera”.
LA ENSEÑANZA ARTÍSTICA SE MANTIENE VIVA PESE A LAS DIFICULTADES
Cuba sufre un bloqueo de más de seis décadas por parte de Estados Unidos, pero en los últimos meses se ha recrudecido con un cerco petrolero que impacta de manera severa a todos los sectores, entre ellos, a la educación.
¿En este escenario, cómo se mantiene la formación docente? Sobre este tema también conversamos con el director de la Escuela Nacional de Ballet.
En primer lugar, la cultura es una de las prioridades de nuestro Gobierno y tanto el Ministerio de Educación, como el de Cultura, han sabido manejar la situación, aún con las dificultades que estamos pasando.
El curso se tuvo que ajustar, fue muy atípico y sin precedente alguno en la historia del país, ni siquiera durante la pandemia, dijo.
Sin embargo, la enseñanza artística, y en este caso el ballet, tuvo el apoyo no solo a nivel gubernamental, sino también de las familias y de los maestros.
A pesar de los apagones, de la falta de combustible para la transportación, nuestra institución se mantuvo funcionando, e incluso, asumimos en nuestras aulas a estudiantes de danza, artes plásticas y de circo, informó.
La Escuela Nacional de Ballet Fernando Alonso trajo a Chile a dos recién egresados de ese centro, Jasón Baró y Helen Azurmendi, quienes bailaron el Pas de deux de Esmeralda, con una coreografía inspirada en la versión original de Marius Petipa y música de Cesare Pugni.
A modo de cierre, todas las escuelas participantes se unieron en el escenario para la Polonesa de Piotr Ilich Tchaikovsky, pieza de la ópera Eugene Onegin con coreografía de Tamara Kiriyac, maestra de la Escuela de Ballet del Teatro Municipal de Santiago.
En esta ocasión me tocó venir como docente y eso es una experiencia bonita. He podido conocer la Escuela de Ballet Municipal, presentar a mis estudiantes, reunirme con directores de otros centros, compartir con ellos y aportar nuestra experiencia, dijo.
Y cerró: “Somos embajadores del ballet y defensores de la escuela cubana en cualquier lugar al que vamos”.
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