sábado 14 de marzo de 2026

Voces en Dominicana respaldan colaboración médica cubana

Santo Domingo (Prensa Latina) Mientras algunos gobiernos de América Latina ponen fin a la presencia de brigadas médicas cubanas en sus territorios, en la República Dominicana se alzan voces en defensa de una cooperación que durante décadas ha brindado atención sanitaria a millones de personas.

Por Mariela Pérez Valenzuela

Corresponsal jefa en República Dominicana

Dirigentes políticos coincidieron en que esas decisiones responden a presiones de Estados Unidos y afectan directamente a poblaciones que durante años recibieron servicios médicos gratuitos gracias al trabajo de profesionales de la isla.

El doctor salubrista Ramón Natera, miembro del Partido Comunista del Trabajo (PCT), lamentó el cese de la presencia de galenos de la isla en países de la región y calificó como un error la decisión de algunas autoridades de terminar esos acuerdos.

En declaraciones a Prensa Latina, el especialista consideró que con esa postura, esos gobiernos “se colocan de espaldas a los intereses de sus pueblos” para responder a presiones externas.

Natera expresó su esperanza de que esta situación sea temporal y manifestó su pesar por las comunidades que dejarán de recibir una ayuda que calificó de muy importante.

El también profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo recordó que pudo observar de cerca la labor de los galenos cubanos en la República Dominicana tras el devastador paso del huracán Georges, en septiembre de 1998.

Ese fenómeno meteorológico provocó una de las mayores tragedias naturales registradas en el territorio en las últimas décadas. Las intensas lluvias, inundaciones y deslizamientos de tierra afectaron gran parte del territorio nacional, con especial impacto en las provincias del sur.

El saldo fue dramático: cientos de fallecidos -con estimaciones que oscilan entre 250 y 300 víctimas mortales-, miles de heridos y amplias zonas devastadas. Miles de personas quedaron sin vivienda y numerosas comunidades rurales permanecieron aisladas durante días debido al colapso de carreteras y puentes.

Las inundaciones destruyeron cultivos, arrasaron infraestructuras básicas y generaron una grave crisis sanitaria en diversas localidades.

En ese contexto, galenos de esa nación caribeña llegaron al país para acompañar las labores de emergencia y atender a los damnificados.

Según recordó Natera, se establecieron en los municipios de Vicente Noble y Tamayo, en el suroeste dominicano, donde se entregaron de inmediato a la atención de la población afectada.

Vicente Noble pertenece a la provincia Barahona, mientras Tamayo se ubica en Bahoruco, ambas en una zona agrícola históricamente vulnerable a inundaciones, especialmente cuando se desbordan ríos como el Yaque del Sur.

Tras el paso del huracán, esas localidades quedaron prácticamente incomunicadas y enfrentaron serios problemas sanitarios.

Los profesionales cubanos atendieron a cientos de personas afectadas por enfermedades, lesiones e infecciones derivadas de los desbordamientos y de las precarias condiciones de vida que siguieron al desastre.

“Trabajaban hasta la medianoche, muchas veces sin haber comido y sin tener garantizado el descanso”, relató Natera al evocar aquellos días.

A su juicio, esa experiencia evidencia el carácter profundamente solidario de la cooperación médica cubana.

ACTO CONDENABLE

La secretaria general del Frente Amplio de la República Dominicana, María Teresa Cabrera, calificó como lamentable y condenable que algunos gobiernos latinoamericanos obstaculicen la continuidad de las misiones médicas de la isla.

Cabrera señaló que solo las poblaciones más empobrecidas, que durante años vivieron sin acceso a servicios básicos de salud, pueden valorar plenamente el impacto de esa contribución.

En muchas comunidades marginadas -indicó a Prensa Latina- las brigadas representaron la única posibilidad de recibir cuidado cercano y continuo.

La dirigente sostuvo que las campañas de descrédito contra la colaboración sanitaria de Cuba buscan deslegitimar un modelo de servicio que ha beneficiado a millones de personas.

También criticó lo que calificó como una actitud servil de algunos gobiernos de la región al limitar o impedir la continuidad de estas misiones, decisiones que -afirmó- privan a sus propias poblaciones de servicios de salud esenciales.

Asimismo, advirtió que en varios países latinoamericanos los sistemas sanitarios han sido cada vez más influenciados por políticas neoliberales que promueven la privatización y la mercantilización de la atención, lo cual dificulta el acceso a los sectores de menores ingresos.

Por su parte, el militante y fundador del Partido Comunista del Trabajo, Aquiles Castro, denunció lo que calificó como campañas de desinformación contra el histórico aporte médico de Cuba.

Castro lamentó que en días recientes algunos Gobiernos hayan suspendido convenios de asistencia sanitaria con la isla caribeña, decisiones que -a su juicio- forman parte de la política agresiva de Estados Unidos contra los pueblos de la región.

El dirigente resaltó que durante décadas las brigadas han demostrado su carácter solidario, muchas veces desplegadas en zonas rurales, comunidades vulnerables o territorios afectados por desastres naturales, epidemias o crisis sanitarias.

UNA HISTORIA DE SOLIDARIDAD

La cooperación internacional de Cuba en ese sector comenzó en 1963, cuando la isla envió una brigada sanitaria a Argelia tras la independencia de ese país.

Desde entonces, más de 600 mil profesionales han prestado servicios en 165 naciones, principalmente en comunidades pobres, zonas rurales, en su mayoría de difícil acceso, y regiones golpeadas por desastres naturales o epidemias.

Uno de los hitos de esa solidaridad fue la creación en 1998 del Programa Integral de Salud, tras el paso de los huracanes Mitch y Georges por Centroamérica y el Caribe, iniciativa que amplió la presencia de doctores de la isla en localidades vulnerables.

Posteriormente surgieron proyectos como Barrio Adentro, en Venezuela, y la Operación Milagro, que devolvió la visión a millones de personas en distintos puntos del planeta mediante cirugías oftalmológicas.

En 2005 se creó además el Contingente Internacional Henry Reeve, especializado en la respuesta a desastres y epidemias.

Las brigadas del Contingente participaron en numerosas emergencias, incluida la lucha contra el ébola en África occidental en 2014, y años después desempeñaron un papel relevante durante la pandemia de Covid-19, cuando casi 60 fueron desplegadas en decenas de países para apoyar sistemas de salud bajo fuerte presión.

Pese a esa trayectoria, varios gobiernos de la región han decidido recientemente cancelar acuerdos de cooperación médica con Cuba.

En Honduras, el gobierno del presidente Nasry Asfura puso fin al convenio que permitía la presencia de más de un centenar de clínicos. De forma similar, Guatemala anunció la retirada gradual de los profesionales que durante casi tres décadas prestaron servicios en comunidades rurales y zonas apartadas.

Asimismo, el 4 de marzo la Cancillería de Jamaica comunicó a la embajada cubana su decisión de rescindir el convenio vigente durante décadas.

Para los entrevistados por Prensa Latina, estas medidas se inscriben en un contexto marcado por presiones del gobierno estadounidense contra los programas de colaboración médica de la isla.

No obstante, consideran que la historia de estas brigadas y su impacto en millones de personas constituye el principal testimonio de su valor humanitario y solidario.

arb/MPV

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