martes 10 de marzo de 2026

Una Corona para los puros Premium de Cuba

La Habana (Prensa Latina) Los habanos constituyen hoy los puros Premium más demandados en el mundo, siempre a partir de su calidad y la triple condición de suelo, clima y experiencia de los productores. Por Roberto F. Campos

De la redacción de Economía

De ahí que muchas de las fábricas que enrollan esos cigarros sean objeto de atención de los turistas, sobre todo las de La Habana, como es el caso de La Corona.

Esas factorías atesoran además una historia muy interesante que atrae la atención no solo de fumadores, sino de profesionales del sector tabacalero e historiadores.

UN MUNDO INSOSPECHADO DE LA CORONA

La marca de La Corona y su fábrica constituyen un Eterno Estandarte del Habano, como lo califican muchos guías de esa industria, que se encuentra en la barriada habanera de El Cerro.

Señalan que en el corazón de La Habana se alza esa, una de las instituciones más emblemáticas de la cultura del tabaco cubano.

Su historia, aroma y excelencia tienen una narrativa inseparable de la identidad nacional.

Fundada en 1844, bajo el nombre original de La Honradez, esa fábrica no es solo una de las más antiguas, sino una de las que definió el nivel de calidad del habano. Adoptó el nombre La Corona a finales del siglo XIX, un título regio que reflejaba la aspiración de producir puros dignos de reyes.

La fábrica original atestiguó la evolución de la industria tabacalera cubana, desde la producción artesanal hasta métodos más sistematizados, siempre con el principio irrenunciable del trabajo manual.

Otro detalle de sus inicios y actualidad, es la selección de las mejores hojas de las vegas de Vuelta Abajo, en la occidental provincia cubana de Pinar del Río.

Su arquitectura, de original construcción, resultó típica de las grandes fábricas del siglo XIX, con amplios salones de escogida y torcido, se convirtió en un modelo a seguir, incluso hoy cuando cambió su dirección para el Cerro.

Tras la Revolución Cubana de 1959, la fábrica, como todas las demás, fue nacionalizada e integrada en el recién creado sistema estatal Cubatabaco (hoy Habanos S.A.).

Ese cambio consolidó su posición como un bastión productivo de marcas de prestigio. Sin embargo, el edificio original, tras décadas de uso, requería una renovación monumental.

LA NUEVA CORONA, FUSIÓN DE TRADICIÓN Y TECNOLOGÍA

El gran salto en su historia ocurrió en la segunda década del siglo XXI. Con una inversión significativa, se construyó una moderna instalación, inaugurada en torno a 2005, (en 2020 tuvo otro asentamiento transitorio en el barrio de El Vedado).

Esa nueva Corona la consideran la más moderna y tecnológicamente avanzada de Cuba.

Allí, la tradición se encuentra con la innovación. Mientras que el proceso de torcido (hecho a mano) y los lectores (que amenizan la jornada con literatura) permanecen intactos –auténticos pilares culturales.

VISITAS CONSTANTES

Uno de los momentos de mayor apogeo en cuanto a las visitas de turistas y personas de otros países lo constituye la realización cada febrero del Festival del Habano, momento donde acuden a la capital cubana más de mil personas de unos 70 países, en busca de información sobre el tabaco.

Durante ese evento, los visitantes dialogan con trabajadores y directivos, y recorren las alumbradas galeras repletas de buenos tabacos.

En una oportunidad, el torcedor José Miguel Álvarez, explicó que en su industria, también nombrada Miguel Fernández Roig, en honor a un mártir revolucionario, se producen por año cinco millones 300 mil unidades físicas.

Entre la lista de lo que elaboran se encuentran además marcas tan importantes como San Cristóbal de La Habana, que cuenta ya con 506 años de fundada (16 de noviembre).

También producen en dicha factoría las marcas Cuaba, Por Larrañaga, La Gloria Cubana y Montecristo, entre otras, comentó el experto.

Recordó que La Corona apareció en 1902, y es en 2005 cuando la trasladan al edificio en el que se encuentra en estos momentos en el barrio habanero de El Cerro, antigua fábrica de cigarrillos.

La marca propiamente La Corona es una de las más antiguas que se conoce en Cuba, registrada por el español Perfecto López en 1845 en ese momento en la calle Curazao número 14 de esta capital.

Esa industria radicó en varios lugares, y ya para 1880 se instaló en el palacio de la familia Aldama, cerca del Capitolio de La Habana, donde se encuentra en la actualidad el Centro de Estudios Históricos.

Para 1902 comenzó la construcción de lo que sería el primer edificio en el país de armazón de hierro y acero, de cuatro plantas y sótanos, una verdadera novedad para Cuba, que sustituyó a un famoso teatro con el nombre de Villanueva.

Está ubicado a un costado de lo que es hoy el Museo de la Revolución Cubana (antiguo Palacio Presidencial), con planes para implantar allí el Museo del Tabaco.

La Corona es conocida de los historiadores por ese enorme edificio mencionado, bajo el epíteto de La Casa de Hierro en la calle Zulueta No.106.

HISTORIAS TRAS HISTORIAS

En 1845, José Cabargas, dueño de un pequeño taller de tabaquería situado en la calle Cuba número 129, en La Habana intramuros, crea la que fue célebre marca La Corona.

En 1882 la marca fue adquirida por Manuel López, propietario de La Vencedora ubicada en la calle Monte, que después se trasladó a la calle Figuras número 28.

Tres años más tarde López entra en sociedad con Segundo Álvarez, destacado asturiano, por su vasta experiencia de más de 30 años en la industria del torcido.

Entonces, en 1885 Álvarez queda como único propietario de La Corona y se une al igualmente asturiano Perfecto López y constituyen la significativa firma Álvarez, López y Compañía, y en 1889 se trasladan al fastuoso edifico conocido como Palacio de Aldama.

Dicha construcción situada en la calle Reina y Amistad, actual sede del Instituto de Historia de Cuba.

Ese mismo año la próspera compañía Henry Clay and Bock Company Limited, emporio y simiente de la futura primera empresa monopólica, adquiere parte de las acciones de La Corona.

Desde ese momento hasta 1898 la dirección de la fábrica es compartida por Segundo Álvarez con el empresario alemán Gustav Bock.

Al final Segundo tiene que claudicar y vender sus acciones a la compañía inglesa Havana Cigar and Tobacco Factories Limited, propietaria a su vez de la Henry Clay and Bock Company Limited.

Más tarde pasa al fuerte consorcio norteamericano ATC o sea la monopólica American Tobacco Company del multimillonario James Buchanan Duke. En 1900 introduce en el mercado las marcas Mi Corona y Dos Coronas.

Dos años más tarde, instalan en la capital cubana una subsidiaria, Havana Commercial Company, identificada por el pueblo como el Trust Americano que venía con el mismo objetivo de adquirir cuanta fábrica de tabaco fuera posible.

Así el edificio de La Corona se convirtió en El Palacio de Hierro por su estructura construida y por contener una gran cantidad de torcedores procedentes de las firmas que adquirió el monopolio norteamericano.

arc/rfc

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