Por Mary Luz Borrego, corresponsal en Sancti Spíritus, Cuba
Fotos: Centro de Estudios de Energía y Procesos Industriales
El plan, iniciado en 2019, recién concluyó en mayo y lo concretaron investigadores del Centro de Estudios de Energía y Procesos Industriales (CEEPI) de la Universidad espirituana, de conjunto con especialistas y técnicos de la Unión Eléctrica, además de muchos otros colaboradores.
Esta iniciativa, financiada con ocho millones de euros por la Unión Europea e implementada por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ha potenciado el progreso en estos lejanos parajes a partir del acceso a fuentes energéticas limpias.
LA RUTA DE FRE LOCAL

Pobladores de esas apartadas geografías han ponderado en la prensa nacional los beneficios de este proyecto -siempre en función de las capacidades productivas locales-, que en esta central provincia abarcó cuatro caseríos: Yaguá, Alazanes, Cuarto Congreso y Guaranal.
Esta última comunidad, pequeña y casi olvidada en la geografía espirituana, resucitó gracias a FRE local: antes allí se iluminaban unas pocas horas con grupos electrógenos y combustible diésel, y ahora disponen de energía eléctrica durante todo el día.

Mucho lo valoran los lugareños, entre ellos Ofelia Batista, quien como sus vecinos ahora puede ver el televisor por la noche, no necesita cargar el agua desde lejos y hasta consigue relajarse con la música de su equipo al atardecer.
“Logramos tres resultados fundamentales y el primero es la identificación de necesidades y oportunidades en 20 comunidades rurales aisladas, con un estudio integral de cada una de ellas” comentó a Prensa Latina el doctor en Ciencias Ernesto Luis Barrera, director de este proyecto.
La investigación incluyó los aspectos demográficos, socioproductivos, electroenergéticos y ambientales de estas localidades para desarrollar una metodología de intervención social, como contribución a la estrategia de electrificación rural del país.
Los estudiosos diseñaron programas de formación en diferentes niveles, desde la enseñanza técnica hasta quienes operan los equipos instalados en esos apartados lares, aspecto decisivo en el proceso de sostenibilidad de esta tecnología.
Además, identificaron brechas de género -por ejemplo, el desigual acceso al empleo, a la remuneración y en la distribución de las tareas domésticas-, cuestiones que el proyecto ha contribuido a atenuar a partir del empoderamiento femenino en esos poblados.
“También logramos diseñar la carrera de Técnico para la enseñanza superior de ciclo corto en fuentes renovables de energía y eficiencia energética, que hoy ya se encuentra abierta en tres universidades del país: Sancti Spíritus, Moa y Granma”, detalló el investigador.
Esta novedad no solo beneficia a la electrificación rural, sino además a todo el proceso de la transición energética en Cuba, al formar a los jóvenes estudiantes para operar las fuentes renovables de energía en sentido general.
El proyecto incluyó parajes intrincados, diferentes y dispersos, desde Matanzas hasta Guantánamo, donde la electricidad llegaba casi de milagro transmitida por tendidos rústicos y sin calidad.
La experimentada estudiosa María del Carmen Echevarría, quien puso toda su energía a disposición de este empeño, ponderó el protagonismo de las Ciencias Sociales en este asunto de naturaleza técnica.
“Partimos de darles el papel principal no solo a los guajiros, sino también a los líderes territoriales, a los gobiernos locales para que reconocieran las necesidades de sus pobladores y la nueva tecnología que se instalaba”, aseguró.
Los equipos de trabajo incluyeron en cada territorio a representantes de sus centros universitarios, las empresas eléctricas, la Oficina Nacional para el Uso Racional de la Energía y del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, entre otras instituciones.
Al principio, cuando aún no habían adquirido medios de transporte, los investigadores llegaban hasta estas lejanas geografías en tractores, a caballo, en tren o lo que apareciera. A veces disponían de hospedaje, pero también convivieron en casitas de campaña.
Hoy todos se reconfortan por la recompensa de aquellos días difíciles: la electrificación estable y segura ha vuelto a esas familias que se sienten dueñas de esas tecnologías, han aprendido a cuidarlas y sostenerlas en el tiempo.
GRATITUD DESDE REMOTOS PARAJES

Con los ojos puestos más allá del horizonte cercano, los investigadores siempre supieron que en la construcción colectiva del conocimiento ellos no eran los protagonistas, sino los habitantes de esos remotos parajes.
Luego de estudiar el terreno, FRE Local diseñó e implementó soluciones tecnológicas para suministrar la energía con fuentes renovables a estas comunidades rurales y, paralelamente, beneficiar a las empresas eléctricas de esos territorios con sets de herramientas y equipos para su movilidad.
Los elevados costos del mercado internacional no permitieron llegar a las 20 comunidades, sino a 18 y las dos restantes se electrificaron desde otra acción de cooperación. En la mayoría, utilizaron sistemas fotovoltaicos autónomos de dos kilowatts y en seis pequeños parques solares.
“Debido al complejo contexto del país, de estos últimos pudimos terminar en el período de implementación solo tres y el resto se encuentra en proceso, pero se han diseñado estrategias y cronogramas con la Unión Eléctrica para que los concluya”, aseguró el director de FRE Local.
En general, esos equipos mantienen la independencia eléctrica entre 24 y 48 horas y permiten cubrir todos los servicios de la vivienda igual que en las zonas urbanas, pero de forma escalonada: refrigerador, ventiladores, nevera, luminarias, televisor.
Pero este proyecto fue incluso más allá e impulsó el desarrollo local en estas zonas lejanas, donde se han instalado desde molinos para la producción de alimento para el ganado, hasta otros emprendimientos que favorecen a las mujeres.
Además, adquirieron 95 sistemas de bombeo solar, con una moderna tecnología en función del consumo de agua humano y animal, que han demostrado una altísima eficiencia y permiten abastecer hasta siete mil litros al día.
Desde el punto de vista económico, este proyecto también logró aportes sustanciales, al ahorrar alrededor de mil litros de diésel mensuales que se utilizaban como promedio para garantizar el servicio eléctrico en cada una de esas localidades.
“El impacto medioambiental ha sido igualmente significativo: se ha logrado reducir la huella de carbono en esas comunidades entre un 30 y un 40 por ciento, con indicadores de emisiones de dióxido de carbono muy por debajo de la media latinoamericana”, valoró Ernesto Luis Barrera.
Por otra parte, esta iniciativa incluyó la construcción de dos polígonos demostrativos en las empresas Pecuaria Managuaco, de Sancti Spíritus, y en la Genético Porcina La Pastora, de Villa Clara, con el fin de aprovechar los residuales para la producción de biogás.

En estos dos escenarios se potencia la economía circular al utilizar la excreta animal para las plantas de biogás, con el fin de beneficiar comedores, mini-industrias y a los campesinos de las zonas aledañas.
“Lamentablemente, estos son los dos proyectos más atrasados porque requieren un mayor número de recursos, pero hemos pactado con estas entidades el tiempo para su culminación, todo con acuerdos de implementación bien establecidos” aseguró el experto.
No obstante, el proceso evaluador realizado por expertos de las Naciones Unidas resultó muy satisfactorio en la mayoría de los indicadores y el Ministerio de Energía y Minas ha catalogado esta iniciativa de exitosa.

“En general -concluyó su director-, se resalta la capacidad de la Universidad de Sancti Spíritus, el equipo gestor, para sortear los obstáculos que se presentaron, adaptarse y buscar soluciones. Realmente estamos contentos con el resultado”.
Y dichosos por contar con un servicio eléctrico estable viven hoy cerca de tres mil habitantes en esos intrincados parajes, donde gracias a FRE Local se hizo la luz con sus múltiples bondades, nacieron nuevas oportunidades para el desarrollo y todo ello sin agredir a la naturaleza que los cobija.
arb/mlb





