sábado 10 de enero de 2026

Terrorismo imperialista

Brasilia (Prensa Latina) El secuestro terrorista del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en la madrugada del 2 al 3 de enero de este año por parte del gobierno de Donald Trump constituye una gravísima afrenta a la soberanía y la independencia de los países de América Latina y el Caribe.

Por Frei Betto*

Colaborador de Prensa Latina

Miguel Díaz Canel, el presidente de Cuba; Gustavo Petro, el de Colombia; y Gabriel Boric, de Chile, fueron los primeros en reaccionar con indignación. Es la primera vez que los Estados Unidos atacan directamente a un país de América del Sur.

Lula, quien reaccionó un poco más tarde, subrayó que “los bombardeos a territorio venezolano y la captura de su presidente cruzan una línea inaceptable. Esos actos representan una afrenta gravísima a la soberanía de Venezuela y un precedente extremadamente peligroso para toda la comunidad internacional”.

Afirmó Lula también que la acción militar de madrugada de este inicio de enero es una flagrante violación del derecho internacional y le abre espacio a un mundo de “violencia, caos e inestabilidad”.

“Atacar países en flagrante violación del derecho internacional es el primer paso hacia un mundo de violencia, caos e inestabilidad, donde prevalezca la ley del más fuerte sobre el multilateralismo. La condena al uso de la fuerza es coherente con la posición que siempre ha adoptado Brasil en situaciones recientes ocurridas en otros países y regiones”, añadió.

Lula enfatizó que “esa acción recuerda los peores momentos de injerencia en la política de América Latina y el Caribe, y amenaza la preservación de la región como zona de paz. La comunidad internacional debe responder a este episodio de forma vigorosa, por intermedio de la Organización de las Naciones Unidas. Brasil condena estas acciones y sigue manifestando su disposición a promover la vía del diálogo y la cooperación”.

Las relaciones entre los Estados Unidos y dirigentes latinoamericanos y caribeños que no concuerdan con su política imperialista, basada en la Doctrina Monroe, siempre han sido, como mínimo, tensas.

A lo largo del siglo XX, en el contexto de la Guerra Fría y la política de contención del comunismo, los Estados Unidos se involucraron directa o indirectamente en acciones que llevaron al derrocamiento, la muerte o la desaparición de lideres latinoamericanos.

La mayor parte de esas intervenciones ocurrió mediante el apoyo a golpes de Estado, operaciones clandestinas o alianzas con grupos locales.

Entre los casos más notorios se incluye el de Jacobo Arbenz, presidente democrático de Guatemala, depuesto en 1954 por un golpe apoyado por la Casa Blanca. Arbenz murió en el exilio en circunstancias consideradas accidentales -ahogamiento- en 1971. Hay teorías no comprobadas de que se trató de un asesinato. Che Guevara se encontraba en Guatemala en ocasión del golpe y encontró refugio en México.

En ese mismo año de 1954, los Estados Unidos promovieron el golpe que implantó una dictadura militar en Paraguay. Diez años después, replicaron la operación de erradicación de la democracia en Brasil (1964), Argentina (1966 y 1976), Bolivia (1966 y 1971), Uruguay y Chile (1973).

El presidente de Chile, Salvador Allende, electo democráticamente, murió durante el golpe militar de 1973, apoyado por los Estados Unidos. La versión oficial es que se suicidó, pero las circunstancias de su muerte aún son nebulosas y polémicas.

Omar Torrijos, presidente progresista de Panamá, falleció en un accidente aéreo en 1981. Persisten las sospechas de una participación de los Estados Unidos en el hecho, aunque nunca se han comprobado.

El progresista Maurice Bishop, elegido primer ministro de Granada en 1979, fue derrocado, preso y fusilado en la cárcel en 1983, durante el golpe de Estado que precedió a la invasión estadounidense al país. Lo conocí en Managua en julio de 1980, durante la celebración del primer aniversario de la Revolución Sandinista.

Manuel Noriega, un militar que gobernó Panamá de 1983 a 1989, era agente de la CIA. Sin embargo, se relacionó con cárteles de la droga y fue derribado por una invasión estadounidense, llevado a los Estados Unidos y sentenciado a 40 años de prisión, de los cuales cumplió 17. Extraditado a Francia, esta lo envió a Panamá, donde fue nuevamente encarcelado por delitos cometidos durante su dictadura. Murió de cáncer en el cerebro en 2017, a los 83 años.

Jean-Bertrand Aristide, un sacerdote vinculado a la Teología de la Liberación, fue electo presidente de Haití mediante una elección democrática y gobernó el país durante tres periodos, el último de 2001 a 2004, cuando debido a un conflicto entre exmilitares y sus seguidores los Estados Unidos intervinieron y se lo llevaron del país con ayuda de tropas brasileñas.

Juan Orlando Hernández, quien presidió Honduras de 2014 a 2022, fue detenido en su país en febrero de ese último año y enviado a los Estados Unidos. En junio de 2024 resultó condenado por la justicia estadounidense a 45 años de cárcel, acusado de participar en el tráfico de drogas, gracias al cual habría obtenido millones de dólares de los cárteles para permitir el paso de cocaína por Honduras.

En diciembre del año pasado, Trump le concedió un perdón presidencial alegando que Hernández había sido víctima de “persecución política” y de un “montaje” del gobierno Biden, aunque Hernández fue condenado en los Estados Unidos por fiscales que lo acusaron de haber convertido a Honduras en un “narcoestado”.

El perdón fue visto como una maniobra política de Trump en apoyo al partido conservador de Hernández en las elecciones hondureñas de 2025 y un reforzamiento de la base electoral del expresidente.

Esa actitud generó críticas entre analistas y republicanos, ya que contradecía la lucha contra el narcotráfico y la política exterior de los Estados Unidos, especialmente contra Venezuela.

Además de los anteriores, hay constancia de intentos de asesinato de líderes políticos de la región, desestabilización de gobiernos o apoyo norteamericano a regímenes que violaban los derechos humanos.

Vale señalar que el líder cubano Fidel Castro, considerado durante décadas el enemigo número 1 de los Estados Unidos, y que cumpliría 100 años en 2026, falleció tranquilamente en su cama, rodeado por su familia, en noviembre de 2016. Y su hermano, Raúl Castro, sigue activo a sus 94 años.

Es crucial consultar fuentes históricas sólidas y tener en cuenta el contexto político de cada época al analizar esos acontecimientos. Muchos documentos desclasificados en los últimos años revelan la participación de los Estados Unidos en operaciones clandestinas, pero también muestran que los resultados no siempre fueron los planeados.

Para estudiar estos hechos a profundidad recomiendo las obras de historiadores como Greg Grandin, Stephen Rabe y Piero Gleijeses, además de los documentos recientemente desclasificados de los archivos de seguridad nacional de los Estados Unidos.

arb/FB

*Escritor brasileño y fraile dominico, conocido internacionalmente como teólogo de la liberación, autor de unos 60 libros de diversos géneros literarios -novela, ensayo, policíaco, memorias, textos infantiles y juveniles y de tema religioso-, entre estos, de la novela sobre la Amazonia Tom vermelho do verde (Rocco).

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