Por Frank González
Periodista de Prensa Latina
Pronósticos del Fondo Monetario Internacional (FMI) indican que la inflación general pasará de 3,8 por ciento en 2026 a 3,4 en 2027, cifras superiores al 2,3 por ciento de 2019, último año del período prepandémico.
Las definiciones generalmente aceptadas de la inflación, se refieren al aumento generalizado y sostenido de los precios de bienes y servicios de una economía, en un período de tiempo determinado.
Una demanda superior a la oferta, generada por el exceso de masa monetaria circulante, o el incremento de los costos de producción y circulación de la mercancía están entre las causas de los procesos inflacionarios.
Otra modalidad es la inflación importada, consecuencia del encarecimiento de insumos, materias primas, productos y servicios provenientes del exterior, la cual castiga con mayor severidad a países de economías pequeñas y abiertas.
Esa transferencia de inflación a través del comercio internacional es muy común en la importación de materias primas energéticas como el petróleo, el gas natural y el carbón, y alimentos como el maíz, el trigo y la soja.
La inflación erosiona el poder adquisitivo de los consumidores, en especial el de los hogares de menos ingresos, obligados a dedicar la mayor parte de sus recursos a satisfacer necesidades básicas como energía, vivienda y alimentación, rubros más presionados por los aumentos de precios.
Atención especial merece la inflación alimentaria, la cual registró un aumento de 23,3 por ciento en 2021, como consecuencia de la conjunción de cuatro factores: la pandemia de Covid-19, la guerra en Ucrania, eventos meteorológicos extremos que afectaron los rendimientos agrícolas y el alza en los precios de los combustibles.
La pandemia iniciada en 2020 fue el detonante de la espiral inflacionaria global desatada mientras la población mundial dejaba atrás el confinamiento y hacía esfuerzos para retornar a la normalidad.
El desajuste entre una oferta disminuida y una demanda exagerada fue la causa principal del incremento brusco y masivo de precios, principalmente de los alimentos.
El motivo del desbalance fue el exceso de dinero circulante creado por la relajación de políticas monetarias y medidas fiscales expansivas, de gobiernos y bancos centrales, para paliar los estragos económicos y sociales de la emergencia.
Los paquetes de estímulo para impedir el colapso de la economía global totalizaron 16,9 billones de dólares, según el FMI.
El incremento del precio de los combustibles, provocado por la creciente demanda durante la etapa de recuperación económica, sumado al inicio de la guerra en Ucrania, en 2022, completaron el escenario ideal para el estallido inflacionario, entre 2021 y 2023.
En ese contexto, la inflación promedio interanual de los precios mundiales de los alimentos creció de 5,8 por ciento en diciembre de 2020, a 23,3 en diciembre de 2022 y a 13,6 en enero de 2023.
La inflación alimentaria supera desde 2020 a la general, hasta alcanzar un punto máximo de divergencia en enero de 2023 con 13,6 por ciento frente a un 8,5, respectivamente, apunta el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2025.
El estudio anual realizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y otras entidades de ese organismo mundial, atribuyen la diferencia al aumento de la volatilidad y persistentes presiones sobre los mercados agrícolas y de alimentos.
Algo parecido ocurrió respecto a la distribución de la carga inflacionaria por países, pues mientras en los de ingresos bajos alcanzó un máximo de 30 por ciento entre 2022 y 2023, en los de ingresos altos el punto de mayor inflexión fue de alrededor del 14 por ciento en noviembre de 2022.
Según el Banco Mundial, los datos correspondientes a agosto y noviembre de 2025 indicaban una inflación elevada de los precios de los alimentos en numerosos países de ingresos bajos y medianos, con un índice superior al 5 por ciento en el 45 por ciento de las naciones de bajos ingresos, comparado con sólo 9,1 en las de ingresos altos.
En términos reales, indicó la fuente, la inflación de los precios de los alimentos superó la general en el 54 por ciento de los 166 países que aportaron datos.
Por su parte, el índice de precios de los alimentos de la FAO, el cual mide la variación mensual de un grupo de productos principales en los mercados internacionales, registró un alza de 4,2 por ciento en diciembre de 2025, respecto al mismo mes de 2024, a pesar de disminuir por cuatro meses consecutivos en la recta final del año.
arb/fgg
Tomado del periódico Negocios en Cuba





