lunes 20 de abril de 2026

El reinado escultural de Cuba presente en La Habana

La Habana (Prensa Latina) Turismo y cultura se dan la mano hoy en día en Cuba, sobre todo en La Habana, su capital, muestrario de esculturas muy interesantes y atractivas para viajeros de todo el mundo.

Por Roberto F. Campos

De la redacción de Economía

Se trata de una especie de alma en bronce y mármol, que acompaña los recorridos de aquellas personas que prefieren vacaciones de cara a la tradición y cultura de un país, a su gente, y de paso agregan el ingrediente de salud que aporta el ejercicio físico.

La Habana, en particular, parece una galería de arte a cielo abierto con sus pintorescas calles, verdor de sus parques y majestuosidad de sus edificios, mientras las esculturas emergen como guardianas silenciosas de la memoria y la identidad cubana.

Desde colosos de mármol que vigilan la bahía hasta delicadas figuras de bronce que habitan en plazas coloniales, el patrimonio escultórico de la capital es tan vasto como fascinante.

Realizar un recorrido por estas obras supone trazar una ruta sentimental por la historia, la literatura y el mestizaje cultural de Cuba.

La escultura más imponente y emblemática de la ciudad resulta El Cristo de La Habana, una colosal estatua que, desde lo alto de la colina de Casablanca, vigila la entrada a la bahía y bendice a todos los que llegan o parten.

A diferencia de otros Cristos famosos como el de Río de Janeiro, el de La Habana no tiene los brazos completamente abiertos, sino que sostiene una mano en el pecho y eleva la otra en señal de bendición, mirando hacia la ciudad.

Jilma no utilizó un modelo específico; se inspiró en su ideal de belleza masculina, dotó a la figura de rasgos mestizos, con ojos oblicuos y labios pulposos, en sintonía con la identidad racial de Cuba.

Para la escultura, de 20 metros de altura, se emplearon 600 toneladas de mármol blanco de Carrara, traído desde Italia en 67 piezas que en ensamblaron en la cima.

La artista declaró el día de su inauguración, el 25 de diciembre de 1958: Lo hice para que lo recuerden, no para que lo adoren: es mármol. Una curiosidad añadida es que los pies del Cristo, calzados con sandalias, están modelados a imagen y semejanza de los de la propia Jilma Madera.

SEGUIR EL RECORRIDO

En el extremo opuesto de la ciudad, tanto en escala como en ubicación, encontramos una de las esculturas más queridas y fotografiadas por habaneros y turistas: La Cecilia, oficialmente conocida como Cecilia Valdés.

Emplazada en la Plaza del Ángel, en el corazón de La Habana Vieja, esta figura de bronce da vida a la protagonista de la novela homónima de Cirilo Villaverde, un clásico de la literatura cubana del siglo XIX.

La obra corrió a cargo del escultor Erig Rebull en 2012, con motivo del bicentenario del nacimiento del escritor, por encargo de la Oficina del Historiador.

La escultura no es un mero adorno; es un punto de encuentro con la historia.

Se encuentra frente a la iglesia del Santo Ángel Custodio, donde fueron bautizados figuras notables como José Martí, y en el mismo escenario donde transcurren los amores trágicos de la novela.

Rebull se inspiró en el personaje literario, descrito como la bella e irreverente mulata, pero también en su joven esposa fallecida, lo que imprime a la obra una profunda carga emotiva.

El historiador Eusebio Leal (1942-2020) afirmó que esta obra no podía faltar en La Habana, pues la novela de Villaverde representa una radiografía de un país y de una época.

Pasear por la Plaza del Ángel y encontrarse con Cecilia y su abanico en la mano, transporta al observador a la Cuba del siglo XIX.

El mismo Erig Rebull entegró otras piezas notables que salpican la capital con un sello conceptual y contemporáneo.

Una de las más originales resulta La máquina de escribir, situada a la entrada de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. La obra es un homenaje al mundo de las letras y a las profesiones que allí se estudian: Periodismo, Comunicación Social y Ciencias de la Información.

Su teclado permite formar palabras de manera aleatoria relacionadas con esas carreras, y su valor se vio enriquecido por la participación de los estudiantes, quienes dejaron su huella en el proceso creativo.

Muy cerca del mundo intelectual, aunque en un espacio más íntimo, se encuentra su escultura Quijote, en el patio de la Casa del Alba.

Se trata de un Quijote contemporáneo construido a partir de un ensamble de las letras que forman su nombre, simbolizando la lucha del caballero andante contra los nuevos gigantes de la tergiversación del idioma y la ética.

Por demás, al hablar del patrimonio escultórico habanero es obligatorio mencionar dos iconos que, aunque no se encuentran en La Habana Vieja, son paradas obligatorias.

En la céntrica Calle G, en el Vedado, se alza el monumento a José Martí, una imponente estatua del Apóstol escoltada por seis columnas y seis esculturas que representan las antiguas provincias cubanas (La Plaza de la Revolución, antigua Plaza Cívica).

Es un punto de peregrinación patriótica y un mirador excepcional de la ciudad desde lo alto del Memorial.

Y para cerrar un recorrido por las esculturas más sobresalientes, hay que sentarse en un banco del parque John Lennon, en el Vedado, junto a la famosa estatua de John Lennon creada por el artista José Villa Soberón.

La escultura, de tamaño natural, muestra al músico sentado, en una actitud relajada.

Una curiosidad atractiva para los visitantes consiste en que, durante años, a la estatua le robaban las gafas, hasta que las autoridades decidieron colocarle unas réplicas sujetas por una cadena para que el icono del pacifismo y la música pudieran seguir mirando a sus admiradores.

En conclusión, las esculturas de La Habana son un libro abierto a su identidad. Desde la imponente figura de mármol que preside la bahía, pasando por la mulata de bronce que evoca una novela fundacional, hasta los guiños contemporáneos a la comunicación o a la música.

Cada pieza ofrece una perspectiva única para entender el alma de esta ciudad milenaria. Recorrerlas es, sin duda, una de las experiencias turísticas y culturales más enriquecedoras que la capital cubana puede ofrecer.

arc/rfc

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