Por Mary Luz Borrego, corresponsal en Sancti Spíritus
Fotos: Archivos del Periódico Escambray
A propósito del centenario del natalicio del líder histórico de la Revolución cubana, Prensa Latina retoma algunas anécdotas recogidas en el libro El candil que nos acompaña, donde se resume la extensa hoja de ruta de la presencia del Comandante en Jefe en esta central provincia cubana.
“Yo era el jefe de la margen derecha del embalse -rememoró Panchito-, vino unas cuantas veces allí, recuerdo que también nos dio enguatadas, completó el equipamiento, entregó una ambulancia para cualquier problema y hasta indicó que nos dieran una merienda reforzada a media noche”.
EL ANDARIEGO DE LOS VIEJOS TIEMPOS
Aunque la información se encuentra dispersa y de seguro se escapan detalles de su tránsito por Sancti Spíritus, los pasos del Comandante en Jefe por aquí dejaron no pocos rastros con sus elogios oportunos, indicaciones y críticas merecidas.
Todo comenzó el 6 de enero de 1959, cuando se produjo el más conocido de los encuentros de Fidel con los espirituanos, aquella madrugada de lloviznas invernales, desde el balcón de la hoy biblioteca provincial Rubén Martínez Villena, mientras recorría la isla con la Caravana de la Victoria.
Entre aplausos delirantes, en ese diálogo nació su simbólica definición de esta Villa: “Si las ciudades valen por lo que valen sus hijos (…), Sancti Spíritus no podía ser una ciudad más”.
Ese mismo año, en la tarde del 12 de agosto, llegó a Trinidad con Camilo Cienfuegos, Celia Sánchez y otros oficiales para echar por tierra el intento del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo de derrocar la Revolución.
Y a mediados de diciembre de ese propio año los periódicos reseñaron su primera visita a la zona de Jatibonico, donde a la sazón se encontraba el yacimiento petrolero con mayor rendimiento del país y probablemente surgía el embrión de la actual producción de crudo cubano.
Allí conversó a diestra y siniestra con obreros y directivos, saludó a los lugareños, se preocupó por las condiciones de labor, calculó con su instinto de estadista y prometió que el Gobierno apoyaría con recursos para una investigación.
Los espirituanos también almacenan en su memoria otros momentos entrañables, por ejemplo, el 28 de julio de 1968, en la comunidad Dalia, del municipio Yaguajay, donde Fidel se sumó al team pelotero del pueblo, jugó un partido, partió el bate y después envió un traje nuevo a ambos equipos.
En los archivos del Partido Comunista de Cuba (PCC) provincial se encuentran algunas notas del continuo bregar del líder por estas tierras: con su juventud impetuosa subió a las montañas del Escambray en unos nueve recorridos solo entre el 23 de junio de 1969 y el 16 de septiembre de 1972.
Los anales populares recogen también sistemáticos periplos por el naciente Plan agrícola de Banao, sus desvelos por los derroteros de la mujer en la sociedad nueva y la concreción del sueño del Comandante Camilo Cienfuegos, cuando dejó inaugurado el seminternado de primaria Héroe de Yaguajay.
“Sus ideas, proposiciones, análisis y razonamientos mantienen toda la lucidez y actualidad hasta hoy porque, por ejemplo, propuso el desarrollo del macizo montañoso Guamuhaya a partir de ambiciosos programas lecheros y forestales”, comentó a Prensa Latina el historiador Carlos Abreu, poco antes de fallecer.
Asimismo sugirió la construcción de nuevos pueblos en las lomas con garantías de servicios médicos, transporte, talleres y hasta cines; sin obviar su preocupación por el mal estado de los caminos y la propuesta de crear brigadas para su mantenimiento.
Con su habitual humanidad, durante esos continuos periplos, el jefe de la naciente Revolución asignó plantas eléctricas y bicicletas para los pescadores y hasta le regaló un radio al campesino Julio Peñate.
Sin pausas, como los nuevos tiempos imponían, Fidel sugirió estudiar el cauce de los ríos de la región para su uso en el regadío; y bosquejó el futuro desarrollo turístico de la zona, incluido el hotel Ancón, cuya playa -dijo- “debía convertirse en nuestro Varadero del Sur”.
OTROS SENDEROS PARA EL CAMINANTE
Aunque con la nueva División Político-Administrativa Sancti Spíritus quedó reducida a una pequeña provincia, los pasos del eterno caminante regresaron aquí el 30 de junio de 1980 para comprobar la marcha constructiva del Combinado de Pulpa y Papel de Jatibonico.
El 26 de Julio de 1986 ocurrió una parada obligada en el calendario espirituano del Comandante en Jefe con la celebración en este territorio del Día de la Rebeldía Nacional.
Fidel llegó a la tribuna sobre las seis de la tarde y ponderó el hecho de que en la provincia ya se habían invertido en tiempos revolucionarios dos mil millones de pesos, mientras que la mortalidad infantil había decrecido de 60 por cada mil nacidos vivos a apenas 11.2.
Pero, con su habitual espíritu crítico también censuró varios viales y presas, cuya terminación se encontraban pendientes o que se habían proyectado con plazos exagerados y sin calidad.
No obstante, aquel día esbozó una definición reconfortante: “Hoy esta provincia es un ejemplo de espíritu, de avance y de progreso”. Para confirmarlo, al otro día dejó inaugurado el hospital provincial, recorrió la Facultad de Ciencias Médicas y áreas de la planta potabilizadora, entre otras obras.
Fidel siempre regresaba a tierra espirituana y en mayo de 1989 desanduvo los municipios de Fomento, Cabaiguán, Jatibonico, Taguasco, Yaguajay y Sancti Spíritus.
En ese largo periplo intercambió con médicos de la familia, recorrió obras de la Salud, tramos de la Autopista nacional, la fábrica de baldosas, la línea de cemento blanco en la planta Siguaney y la presa La Felicidad, entre otras construcciones.
Durante este trayecto, en el gigantesco central Uruguay, con su naturalidad campechana, disfrutó tres vasos de guarapo, y luego visitó el Centro de Referencia de las Abejas, así como los Lagos de Mayajigua, con sus opciones de turismo de naturaleza.
Apenas siete años después, en la celebración por el aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución, volvió aquí, en lo que algunos consideraron un desagravio por la reñida competencia para obtener la sede de las celebraciones del 26 de Julio: “Sancti Spíritus no tuvo el 26, pero ha tenido el 28”, aseguró entonces.
En esa ocasión no escatimó elogios: “Sancti Spíritus se convirtió en un foco de inspiración y en un centro de experiencias para otros territorios”, sentenció Fidel durante esa jornada.
En esa propia visita, se preocupó por el hecho de que el territorio no contara con telecentro propio y solicitó una propuesta al respecto, que constituyó el germen del actual Centro Visión Yayabo.
Juana Rivero, quien se desempeñó durante décadas en las instalaciones del Partido, contó unos años atrás a Prensa Latina que en una de sus tantas visitas aquí Fidel la mandó a llamar a su mesa para elogiarle el yogurt y el queso que ella elaboraba.
“Empezó a preguntarme todos los detalles de cómo los preparaba y me dijo que eran los más sabrosos que se había encontrado en el mundo. Él conversaba con todos, muy pausado y educado, hablaba tan bajito que me daba miedo no entenderlo. Estaba tranquilo, despejado, contento”.
Muchas otras anécdotas y crónicas se han escrito de los pasos de Fidel por esta tierra. La distancia del calendario emborrona episodios y la imaginación magnifica las palabras. La objetividad se empequeñece ante la leyenda porque para los espirituanos de todos los tiempos, Fidel siempre será Fidel.
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