jueves 24 de septiembre de 2026

¿Quién es italiano?

Roma (Prensa Latina) Si eres blanco, narizón y por demás calvo, para algunos aquí eres un auténtico nativo, cuando en la vida real hoy cualquier transeúnte en esta ciudad, tan cosmopolita, puede identificarse como italiano.

Por Mario Muñoz Lozano

Corresponsal jefe en Italia

“Pareces italiano”, me han dicho más de una vez, como si a esta altura del tiempo existiera un patrón para medir quién lo es, como si la mirada del David de Miguel Ángel vigilara desde su pedestal en la Galería de la Academia de Florencia, quien merece ser considerado un verdadero hijo de estas tierras.

“Ustedes se confunden con los italianos, pasan inadvertidos”, nos dijo una vecina en el barrio; ella con sus bellos rasgos asiáticos, habla perfectamente el idioma nacional porque vive en Roma desde hace más de 30 años y sus hijos nacieron en esta urbe, plena de extranjeros de diferentes nacionalidades.

Por estos días, el tema de la nacionalidad y el temor a la segregación centra las polémicas entre mucha gente, luego que la primera ministra, Giorgia Meloni, informó que el Consejo de Ministros presentará en breve un decreto para establecer un límite de 30 por ciento a la presencia de alumnos extranjeros en las aulas italianas.

La propuesta incluye medidas para reforzar el aprendizaje del italiano y la prohibición del burka y el niqab en las escuelas, informó la agencia de noticias ADNkronos. Durante su intervención en el festival Fenix, el 20 de septiembre, la jefa de Gobierno afirmó que el objetivo es evitar situaciones en las que alumnos que no dominan el italiano constituyan una parte mayoritaria de una clase.

Sin embargo, de acuerdo con el último dato disponible del Ministerio de Educación, correspondiente al curso 2022-2023, solamente el 0,6 por ciento de las aproximadamente 370 mil aulas italianas superaba ese porcentaje cuando se consideran los alumnos extranjeros nacidos fuera de Italia, indicó el diario La Repubblica.

El debate adquirió una dimensión institucional con las palabras pronunciadas el 21 de septiembre por el presidente de la República, Sergio Mattarella, durante la inauguración del curso escolar en la ciudad de Amatrice.

El jefe de Estado reivindicó la escuela como instrumento fundamental de integración y llamó a evitar que las políticas educativas contribuyan a crear nuevos espacios de segregación.

“La escuela debe ayudar a no formar guetos”, afirmó Mattarella, quien destacó que constituye “la más eficaz palanca de integración”, tanto para quienes llegan de otros países como para los jóvenes nacidos en Italia, hijos de inmigrantes.

También sostuvo que los centros docentes deben establecer vínculos con las familias, superar barreras y favorecer la cohesión social.

Por su parte, el presidente de la Asociación Nacional de Directores de Escuela (ANP), Antonello Giannelli, explicó que los centros educacionales deben admitir a los niños residentes en su área, especialmente en la educación infantil y primaria, por lo que un límite rígido sería difícil de aplicar en barrios donde la población de origen extranjero constituye una parte importante de los habitantes.

En opinión de la directora de un instituto de Roma, Valeria Sentili, no se puede simplemente desplazar a los alumnos de su escuela de proximidad y será necesario establecer mecanismos que permitan evitar la concentración sin crear situaciones de segregación.

La responsable nacional de Educación del Partido Democrático (PD), Irene Manzi, sostuvo que limitar el número de alumnos extranjeros por aula, imponer obligaciones lingüísticas a las familias y regular la vestimenta no responde a necesidades educativas.

El PD planteó, en cambio, la necesidad de reforzar los cursos de italiano como segunda lengua, los mediadores culturales, las plantillas docentes estables y el tiempo completo.

Manzi cuestionó además la afirmación de Meloni de que los niños italianos puedan sentirse “minoría” en las aulas, señalando que muchos alumnos de origen extranjero han nacido y crecido en Italia.

También representantes de Alianza Verdes e Izquierda (AVS) rechazaron la lógica de establecer un límite específico para alumnos extranjeros bajo el argumento de que en determinadas zonas las escuelas, incluso, necesitan a estos alumnos para mantener abiertas las clases debido al descenso demográfico.

AVS propuso reducir el número total de estudiantes por aula a un máximo de 20, en lugar de establecer cuotas por origen.

Mientras, el Movimiento 5 Estrellas calificó la iniciativa de operación propagandística y sostuvo que la atención debería concentrarse en problemas como las condiciones de los edificios escolares y los recursos destinados a la educación.

¿QUIÉN ES EXTRANJERO?

Hace 45 años, en la entonces Unión Soviética, el decano de la facultad de extranjeros del instituto donde estudiaba me dijo que yo no parecía cubano, y en menos de una hora le presenté a otros compatriotas “diferentes”: una mulata, una rubia y otra colega de facciones asiáticas, todos cubanos.

Somos hijos de una mezcla de razas y nacionalidades excelente, le expliqué, lo que generó un intento de disculpa del académico: “Es que la mayoría de cubanos que vemos por aquí o que salen en la televisión son músicos y deportistas, todos negros”, nos dijo.

Entendí que no había racismo en sus palabras, solo desconocimiento. Eran tiempos en los que Moscú vestía, sobre todo, de rubios y rubias de ojos claros, entonces se veían menos los naturales del resto de las repúblicas soviéticas.

Sin embargo, el oficio me devolvió a la capital rusa hace apenas seis años y el panorama cambió, ya se ven más los inmigrantes kirguisos, kasajos, uzbecos y representantes de otras ex repúblicas soviéticas que hoy, como en otras grandes urbes del mundo, aceptan los puestos de trabajos menos remunerados.

El panorama no difiere de Washington, donde vi que el personal latino asume gran parte de la empleomanía de los servicios en los hoteles, mientras hindúes, paquistaníes y bangladesíes se reparten los puestos de taxistas. Ojo, en esa misma capital estadounidense muchos afroamericanos son policías, y lo pude apreciar, no me lo contaron.

Para bien y para mal -porque en todo esto hay mucho de robo de talentos también-, el mundo se ha ido globalizando de acentos, lenguas, ritmos y costumbres.

Como en tiempos remotos, cuando se emigraba en busca de agua, comida y mejor clima, la gente sigue viajando de países más pobres a más ricos por las mismas razones, mejores oportunidades y ahora también huyendo de las guerras.

Para los países receptores, la migración ha ayudado a resolver problemas de falta de fuerza laboral, porque muchas de estas personas cubren vacantes en sectores con escasez de personal, como la agricultura, la salud, la tecnología y los servicios.

Los trabajadores extranjeros pagan impuestos y consumen bienes y servicios, lo que ayuda a financiar los servicios públicos y el gasto del Estado; su llegada al país impulsa la creación de nuevas empresas y aporta diversidad de ideas en el ámbito profesional y científico.

Además, en muchas naciones desarrolladas, las alarmas sobre el envejecimiento de la población nacional suenan desde hace mucho tiempo, mientras la natalidad disminuye; de ahí que la inmigración ayuda a mantener activa la base de la pirámide poblacional.

Por eso cada vez asombra menos ver como en cada Mundial de Fútbol los equipos europeos visten otras tonalidades, ya no son aquellas formaciones de rubios y trigueños blancos de ojos claros.

Gracias a eso tenemos a una estrella de 19 años de nombre Lamine Yamal, ciudadano español que juega en el Club Barcelona, hijo de Sheila Ebana, una camarera originaria de Bata, Guinea Ecuatorial, y Mounir Nasraoui, un pintor de edificios de Larache, Marruecos.

Disfrutamos de la elegancia en el terreno de Zinedine Zidane, exfutbolista y entrenador francés de ascendencia argelina; y de un Mario Balotelli, famoso delantero italiano de origen ghanés, figura destacada de la selección nacional. La inmigración enriquece la cultura, impulsa la economía y teje una sociedad más diversa y resiliente, recordándonos que la diversidad es nuestra mayor fuerza.

arb/mml

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