miércoles 22 de julio de 2026

Lobo guará, centinela del Cerrado brasileño

Brasilia (Prensa Latina) El lobo guará, el mayor cánido de Sudamérica y uno de los animales más emblemáticos de Brasil, se convirtió en un símbolo de la biodiversidad del Cerrado y, al mismo tiempo, de los desafíos para la conservación de ese bioma.

Por Diony Sanabia

Corresponsal en Brasil

Su imagen, inmortalizada desde 2020 en el billete de 200 reales (unos 40 dólares), recuerda a millones de brasileños la riqueza natural del país y la vulnerabilidad de una especie amenazada por la pérdida de hábitat, los atropellos en carreteras, la expansión agropecuaria y los conflictos con las actividades humanas.

Con sus largas patas, pelaje rojizo y una altura que puede superar el metro en la cruz, el Chrysocyon brachyurus (nombre científico) suele ser confundido con un zorro o un lobo, aunque en realidad constituye una especie única dentro de la familia de los cánidos.

Adaptado a las extensas sabanas del centro de Sudamérica, evolucionó para desplazarse entre los pastizales altos del Cerrado, donde la altura de sus extremidades le permite observar el entorno y detectar presas a grandes distancias.

Presente también en Bolivia, Paraguay, el norte de Argentina y una pequeña porción de Perú, alrededor del 90 por ciento de la población mundial del lobo guará habita en Brasil, especialmente en los estados de Goiás, Mato Grosso, Mato Grosso del Sur, Minas Gerais, Tocantins, Bahía, Sao Paulo y el Distrito Federal.

Especialistas del Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad (ICMBio) consideran al Cerrado el principal refugio de la especie.

Sin embargo, ese bioma, considerado la sabana con mayor biodiversidad del planeta, ha perdido cerca de la mitad de su vegetación nativa debido al avance de la agricultura mecanizada, la ganadería y la urbanización.

Según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el lobo guará figura como especie Casi Amenazada a nivel mundial, mientras que el Libro Rojo de la Fauna Brasileña Amenazada de Extinción lo clasifica como Vulnerable en el gigante sudamericano.

UN JARDINERO DEL CERRADO

A diferencia de la imagen tradicional asociada a los lobos como depredadores, el lobo guará posee una alimentación predominantemente omnívora.

Diversos estudios desarrollados por el ICMBio, la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria y universidades federales indican que más de la mitad de su dieta está compuesta por frutos, especialmente la conocida lobeira, una planta característica del Cerrado.

La lobeira es tan importante para la supervivencia del animal que popularmente también recibe el nombre de “fruta del lobo”.

Además de consumir frutas, el lobo guará se alimenta de pequeños mamíferos, aves, reptiles, anfibios, insectos y huevos, lo que contribuye al equilibrio ecológico al controlar poblaciones de diversas especies.

Gracias a su desplazamiento de grandes distancias durante la noche, dispersa miles de semillas mediante los excrementos, y de esa forma contribuye a la regeneración natural del Cerrado.

Por esa razón, los investigadores suelen definirlo como un auténtico “jardinero del Cerrado” en diversas publicaciones sobre sus hábitos de vida.

AMENAZAS CRECIENTES

Paradójicamente, uno de los mayores enemigos del lobo guará es el propio desarrollo humano.

De acuerdo con datos del Centro Nacional de Investigación y Conservación de Mamíferos Carnívoros, los atropellos constituyen actualmente una de las principales causas de mortalidad.

Las carreteras que atraviesan el Cerrado fragmentan el hábitat y obligan a los animales a cruzar vías de intenso tránsito durante sus desplazamientos nocturnos.

Junto a eso, aparecen la deforestación, los incendios forestales, la expansión de la frontera agrícola, la caza ilegal y las enfermedades transmitidas por perros domésticos, como el moquillo y el parvovirus.

Aunque el lobo guará rara vez representa un peligro para las personas, todavía persisten creencias populares que lo relacionan con ataques al ganado o con supersticiones, lo que provoca la persecución de algunos ejemplares.

Sin embargo, expertos del ICMBio destacan que los conflictos con productores rurales son relativamente escasos y el animal prefiere presas pequeñas antes que animales domésticos.

PROGRAMAS DE CONSERVACIÓN

Brasil desarrolla diversas iniciativas para proteger a la especie, y una de las principales es el Plan de Acción Nacional para la Conservación de los Grandes Mamíferos del Cerrado y el Pantanal, coordinado por el ICMBio y el cual integran universidades, organizaciones no gubernamentales, gobiernos estatales y centros de investigación.

El programa contempla acciones de monitoreo mediante collares con GPS, estudios genéticos, campañas educativas, rescate y rehabilitación de ejemplares heridos, así como medidas para reducir los atropellos mediante la instalación de señalización y pasos de fauna en carreteras.

Instituciones como la Asociación para la Conservación de los Carnívoros Neotropicales, la Fundación Jardín Zoológico de Brasilia y diversos zoológicos participan además en proyectos de investigación, reproducción y educación ambiental.

Para la veterinaria y conservacionista Flávia Miranda, una de las mayores especialistas mundiales en la especie, proteger al lobo guará significa conservar todo el ecosistema del Cerrado.

Cuando preservamos al lobo guará, protegemos también cientos de especies de plantas y animales que comparten el mismo ambiente, ha señalado Miranda en reiteradas entrevistas sobre la conservación de la fauna brasileña.

UN SÍMBOLO NACIONAL

Más allá de su importancia ecológica, el lobo guará ocupa un lugar especial en la identidad cultural brasileña, y su consagración definitiva llegó en septiembre de 2020, cuando el Banco Central de Brasil lanzó el billete de 200 reales, cuya imagen principal corresponde precisamente a este animal. La elección buscó llamar la atención sobre la riqueza de la fauna nacional y reforzar el valor de la conservación ambiental.

Desde entonces, millones de brasileños conviven diariamente con la imagen del lobo guará en sus transacciones comerciales, aunque su presencia en el imaginario popular es mucho más antigua.

En leyendas del interior de Brasil suele aparecer como un guardián de los campos o un animal misterioso que recorre el Cerrado de manera silenciosa por las noches.

También, el lobo guará inspira libros infantiles, documentales, campañas educativas y es utilizado como emblema por instituciones dedicadas a la protección del medio ambiente.

FUTURO DEL CERRADO

Los especialistas coinciden en que el destino del lobo guará está estrechamente ligado al futuro del Cerrado, que abastece importantes cuencas hidrográficas sudamericanas, almacena enormes reservas de carbono y alberga cerca del cinco por ciento de la biodiversidad mundial.

Su conservación, advierten científicos, resulta estratégica no solo para Brasil, sino para toda América del Sur.

Así, la supervivencia del mayor cánido del continente dependerá de la preservación de los remanentes de vegetación nativa, de la creación de corredores ecológicos, del fortalecimiento de las áreas protegidas y de políticas públicas que armonicen la producción agropecuaria con la conservación del entorno.

Mientras recorre silencioso las sabanas brasileñas, el lobo guará continúa desempeñando una función indispensable para el equilibrio ecológico.

La imagen en el billete de 200 reales lo convirtió en uno de los animales más reconocidos del país, pero para científicos y ambientalistas el verdadero desafío consiste en garantizar que ese símbolo siga vivo en la naturaleza y no permanezca únicamente como una figura impresa en el papel moneda.

arb/dsa

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