Por Roberto F. Campos
De la redacciòn de Economía
La industria algodonera global, una de las materias primas textiles más antiguas y estratégicas de la humanidad, atraviesa en 2026 una encrucijada histórica.
Tras años de demanda estancada y feroz competencia de las fibras sintéticas, el mercado del algodón muestra signos de un cambio estructural: la producción mundial se contrae por primera vez en cinco años, los precios repuntan y la sostenibilidad deja de ser un eslogan para convertirse en un requisito regulatorio ineludible.
ANTECEDENTES: DE LA REVOLUCIÓN TEXTIL A LA GUERRA DE LAS FIBRAS
El algodón resultó un motor del comercio y la industrialización durante milenios. Desde su domesticación en el subcontinente indio y América precolombina, hasta su papel central en la Revolución Industrial británica del siglo XVIII, la fibra blanca tejió imperios y reconfiguró las relaciones económicas globales.
La invención de la desmotadora de algodón por Eli Whitney en 1793 mecanizó la separación de la semilla y disparó la producción en el sur de Estados Unidos y la consolidó como una Commodity geopolítica de primer orden.
Hoy, el algodón representa solo 21 por ciento del mercado mundial de fibras textiles, frente al 79 de las fibras químicas como el poliéster.
Esta pérdida de terreno se debe al abaratamiento de los sintéticos y a la versatilidad industrial de estos materiales. Sin embargo, la creciente conciencia sobre la contaminación por microplásticos y la economía circular están inclinando la balanza a favor de la fibra natural.
El mercado algodonero en 2026 se caracteriza por una tensión entre la menor producción y una demanda que se mantiene firme.
Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), los inventarios mundiales de algodón para la temporada 2026-2027 se proyectan en 71,1 millones de fardos, un siete por ciento menos que la temporada anterior y la cifra más baja desde 2018-2019.
Esta reducción es el resultado de una producción global que se estima en 116 millones de fardos, casi un 5,5 por ciento por debajo de 2025-2026. Todos los grandes productores, con la excepción de India, contribuyen a esa contracción.
Se espera que la producción de China caiga en seis por ciento como resultado de una menor superficie sembrada y rendimientos más bajos, mientras que Brasil, que en los últimos años había batido récords, reducirá su producción en dos millones de fardos (10 por ciento), primer descenso en cinco años.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO) proyectan que la producción mundial crecerá a un ritmo de 1,6 por ciento anual en la próxima década.
De esa suerte, alcanzará, los 30 millones de toneladas para 2035, impulsada principalmente por mejoras en el rendimiento en países como Brasil, India y Estados Unidos.
En el lado de la demanda, el consumo mundial de algodón en 2026-2027 se prevé en 121,8 millones de fardos, el nivel más alto en seis años, impulsado por el crecimiento de la industria textil en países asiáticos como India, Bangladesh y Vietnam.
Sin embargo, el consumo en China, el mayor hilandero del mundo, sigue presionado por la competencia de las fibras sintéticas y la menor demanda de su sector textil exportador.
La OCDE anticipa que, aunque China seguirá siendo el mayor procesador en 2035, India, Vietnam y Bangladesh ganarán terreno en el mercado global de hilatura.
El mapa del comercio mundial de algodón está cambiando. Brasil se ratifica como el mayor exportador mundial por tercer año consecutivo con más de 30 por ciento del comercio global, respaldado por su fuerte producción y mejoras en logística.
Estados Unidos, que perdió el liderazgo exportador, mantiene una cuota de mercado proyectada de 28,5 por ciento en 2026-2027.
“El exceso de capacidad crea problemas para todos. Distorsiona los mercados globales, daña la seguridad económica y desalienta la innovación”, advirtió el Secretario General de la OCDE, Mathias Cormann.
En el algodón, el dinamismo está del lado de la importación: Vietnam y Bangladesh se perfilan como los mayores compradores de algodón en bruto del mundo por delante de China, debido a la expansión de sus capacidades de hilatura y confección.
Se espera que las importaciones de Vietnam alcancen un nivel récord en 2026-2027. Un factor clave para Bangladesh es el acuerdo comercial firmado con Estados Unidos en febrero de 2026, que otorga acceso libre de aranceles a las prendas bangladesíes confeccionadas con algodón estadounidense.
La escasez de oferta está teniendo un impacto directo en los precios. Tras dos años rondando los 80 centavos de dólar por libra, el USDA proyecta que los precios mundiales repunten hasta los 90 centavos por libra para la temporada 20262027.
El Banco Mundial confirma esa tendencia, al señalar que los precios del algodón saltaron 12 por ciento en abril de 2026 y revirtieron la caída de principios de año, debido a las perspectivas de una oferta más ajustada.
La firma BMI, de Fitch Solutions, elevó su pronóstico de precios para 2026 a un promedio de 77 centavos por libra, con previsiones de 82,5 centavos para el cuarto trimestre.
Sin embargo, los productores estadounidenses siguen enfrentando márgenes ajustados. Los costos de producción siguen siendo altos y el precio de la fibra aún no cubre completamente los gastos, como señaló Gary Adams, presidente del Consejo Nacional del Algodón de Estados Unidos.
La sequía ha afectado al 79 por ciento del área algodonera de Estados Unidos a principios de junio, aunque las condiciones han mejorado ligeramente respecto al 98 por ciento registrado en mayo.
LA GUERRA CONTRA EL PLÁSTICO
Ante la competencia de las fibras sintéticas, la industria del algodón ha lanzado una ofensiva comercial y de comunicación sin precedentes.
En mayo de 2026, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) lanzó el Great American Cotton Plan (Gran Plan Americano del Algodón), una iniciativa que promueve las fibras naturales estadounidenses frente a las alternativas sintéticas.
La campaña busca reposicionar al algodón como la opción sostenible frente a la contaminación por microplásticos del poliéster.
El objetivo es revertir la pérdida de cuota de mercado y recuperar el liderazgo exportador que Brasil le arrebató a Estados Unidos.
Una de las iniciativas dentro de la industria, y nos complace que el USDA con su Gran Plan Americano del Algodón también se haya sumado, son nuestros esfuerzos para destacar en las fibras sintéticas la contaminación que generan los microplásticos y microfibras, y realmente hablar del algodón como una alternativa natural, explicó Gary Adams.
La propuesta también incluye la Ley de Compra de Algodón Americano, que ofrecería créditos fiscales a marcas que utilicen algodón estadounidense en sus productos.
El futuro del algodón pasa por dejar de ser una simple *commodity* y convertirse en una plataforma tecnológica con valor añadido.
Los expertos reunidos en la 83ª reunión plenaria del Comité Consultivo Internacional del Algodón (ICAC) en Bremen coincidieron en que la sostenibilidad, la trazabilidad y la innovación son las tres patas del futuro de la industria.
La Unión Europea está impulsando una regulación que exige transparencia total en la cadena de valor textil.
El Pasaporte Digital de Producto, que exigirá información sobre el origen de la materia prima, el consumo de agua, las emisiones de carbono y los productos químicos utilizados, afectará no solo a los productores europeos, sino a todos los que quieran vender en el mercado comunitario.
En ese control, el U.S. Cotton Trust Protocol posee un programa de trazabilidad y sostenibilidad líder.
Ofrece un sistema de verificación en el nivel de artículo con conexión USDA que proporciona un registro robusto, evita la doble contabilización de fardos y da a las marcas la certeza de que el algodón es producido de manera responsable.
El protocolo experimenta un crecimiento de más del 400 por ciento en la adopción de marcas, que rastrearon 126 mil toneladas de fibra en 2025.
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