Por Teyuné Díaz Díaz
Corresponsal jefa en El Salvador
Por una parte, el Gobierno salvadoreño defiende tres días de descanso y considera la nueva jornada como una contemporización laboral al reducir los días de trabajo.
En cambio, organizaciones sociales resaltan que el debate también debe abarcar los derechos laborales de los trabajadores, la revisión de las normas internacionales y nacionales, la remuneración e incentivos, el desgaste físico y mental, y hasta el transporte.
Esto, unido a que toda transformación del horario laboral deberá pasar necesariamente por una reforma constitucional pues la carta magna del país recoge en el artículo 38, ordinal que “la jornada ordinaria de trabajo efectivo diurno no excederá de ocho horas y la semana laboral, de cuarenta y cuatro horas”.
Sin embargo, recientemente el ministro de Trabajo, Rolando Castro, aseguró “estamos cerca” de presentar al presidente Nayib Bukele la propuesta consolidada del Consejo Superior del Trabajo (CST), encargado de recoger las opiniones de las partes.
OPINIONES DISPARES
Castro aseguró que la propuesta incluirá todos los aportes de empleadores, trabajadores, iglesia, academia, organizaciones, Gobierno, la Organización Internacional del Trabajo, y otros más. Al tiempo que calificó la reestructuración como una gran reforma de país consensuada con toda la sociedad salvadoreña e instituciones internacionales.
De acuerdo con Castro, entre los planteamientos recibidos la Asociación Nacional de la Empresa Privada solicitó que el cambio sea opcional y ajustado a cada actividad económica. Mientras la parte laboral, representada por la Unión Sindical, pidió que se acompañe de transporte, alojamiento y pausas rotativas.
“La modernización laboral no debe verse como precarización. Es todo lo contrario, mejorar las condiciones de dignidad humana y productividad”, defendió el titular del Trabajo.
En cambio, las organizaciones defensoras de los derechos de los trabajadores no concuerdan con esa mirada a la trasformación del horario laboral.
Una de ellas es el Movimiento de Trabajadores Despedidos (MTD), con varios pronunciamientos de rechazo a la propuesta al considerarla un retroceso en las conquistas históricas de la clase trabajadora.
La organización advirtió que aumentar las horas diarias sin reducir el total de 44 horas semanales, sí profundizaría la precarización laboral, pues no se garantiza el pago de horas extraordinarias, recargos y demás prestaciones establecidas por la legislación.
Trabajar entre 10 y 11 horas diarias, advirtió el MTD, puede incrementar los niveles de fatiga y agotamiento y elevar el riesgo de accidentes laborales, a ello se suman los problemas de salud física y mental, la reducción del tiempo disponible para la familia, la crianza, la educación, el descanso y otras actividades.
Por otra parte, la Unión Nacional para la Defensa de la Clase Trabajadora y el Colectivo de Sindicalistas en el Exilio adoptaron una posición más frontal y enviaron una comunicación a la OIT, con carácter preventivo.
El texto sostuvo que concentrar las 44 horas no significa reducir la jornada, y solicitaron estudios sobre fatiga, accidentes, riesgos psicosociales y tiempos de traslado.
Su alternativa es una reducción progresiva sin disminución salarial, para ello se basaron en convenios sobre seguridad y salud, responsabilidades familiares, negociación colectiva y libertad sindical.
OTRAS VISIONES
Una parte respalda la transformación laboral y destacan los tres días consecutivos de descanso, al considerarlo una organización del trabajo más flexible, la posibilidad de mantener la maquinaria en operación continua y una aplicación voluntaria por sector.
Otra parte alerta que pasar de ocho a 11 horas diarias representa un aumento del 37,5 por ciento de la carga laboral diaria sin contar el traslado, y que la ausencia del hogar puede llegar a 13 o 14 horas para quien invierte dos en el transporte.
Dicha carga va acompañada de mayor fatiga y riesgo de accidentes, costos adicionales de transporte y alimentación, y un efecto desigual en quienes cuidan hijos o familiares, sobre todo mujeres de la maquila.
También hay exigencias sobre la innegociabilidad de la salud de la clase obrera, y el abordaje de estudios que identifiquen tanto la carga laboral como las familiares y del hogar.
En ese escenario emergen varias preguntas: ¿modernización, flexibilidad, retroceso o esclavitud laboral?
arb/tdd





