Por Ivette Fernández
Corresponsal jefa en Colombia
En diálogo con Prensa Latina, el escritor aseguró que con esta especie de “cruzada” avisada por el mandatario lo que está en movimiento es “una inmensa operación de contrainteligencia, de tecnología y de pautas culturales para construir un relato en todo el continente y en el mundo entero” en defensa de los patrones más conservadores.
Explicó que se trata del amparo a un relato alineado con las ambiciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y del secretario de Estado Marco Rubio, así como con todo el aparato mediático de construcción de noticias y de falseamiento de realidades, para intervenir de manera decisiva en procesos electorales y en controversias políticas.
El pasado 7 de agosto, el día de su investidura, De la Espriella expresó que su gobierno libraría una batalla cultural para “recuperar el valor de la familia, el mérito, la disciplina, el respeto por la ley, el amor por la patria, la creencia en Dios y la responsabilidad individual”.
Sus palabras generaron inquietud para quienes estiman que Colombia debe conservar su condición de nación laica (la Constitución de 1991 consagró la libertad de cultos y eliminó el carácter católico obligatorio del Estado) y también para aquellos que no pertenecen a un modelo familiar identificado con los cánones de siglos pasados.
Para Sánchez, la pretensión del mandatario tiene serias implicaciones en la vida interna del país e incluso para el comportamiento de sus entidades castrenses.
“No es un simple gobierno proestadounidense, sino que también busca representar a una oligarquía tradicional que es muy conservadora y que se siente identificada con grupos tradicionales como el del laureanismo”, afirmó, en referencia a corriente política de extrema derecha basada en la ideología y la figura del expresidente conservador Laureano Gómez, quien gobernó entre 1950 y 1953.
El modelo al que alude el entendido, además de adoptar una postura furibunda contra el comunismo, el socialismo y cualquier expresión liberal de izquierda, proponía un Estado fuertemente influenciado por la Iglesia católica, donde los valores de esa fe guiaran la moral y la vida pública del país.
Lo que se busca también, planteó el profesor, es reasegurar la lealtad de las fuerzas armadas mediante una reingeniería, ideológica y cultural, para ponerla al servicio de la consigna de “Cristo Rey”, usada de manera constante por el presidente, y de dar protagonismo al ejército, pero con un peso central por medio de la lealtad religiosa.
LA EDUCACIÓN, UNO DE LOS FRENTES DE LA “BATALLA”
Tras la llegada del nuevo gobierno al poder parecieron tomar forma los deseos de ciertos sectores de Colombia, de erradicar o estigmatizar las corrientes ideológicas de izquierda.
Resultó llamativo, y para algunos angustioso, por ejemplo, el anuncio de la radicación de una propuesta legislativa formulada por el senador Alejandro Bermeo, integrante del partido Movimiento de Salvación Nacional (colectividad aliada al actual gobierno) para para instaurar la “Semana Anticomunista” en el sistema educativo colombiano.
Sánchez reconoce que las aulas podrían convertirse en uno de los terrenos de aplicación de la llamada batalla cultural.
Deploró que la primera ministra de Educación de De la Espriella, Viviane Morales (que a pocas semanas de su nombramiento pidió la renuncia por problemas personales), fuera “llamar a la censura, al veto y a la intransigencia con la frase tonta de que hay que sacar a Marx de las universidades y de la educación”, cuando en su país, según remarcó, el pensamiento del gran filósofo alemán está ausente.
Cuestionó asimismo el trasfondo de designar a un sacerdote, al padre Rodolfo Andrés Londoño de la Espriella, como representante del presidente en los Consejos Superiores de cinco universidades públicas -la Nacional, la Pedagógica, la de Antioquia, la del Valle y la del Atlántico.
Además de considerar que se trata de una “presencia inquisitorial” en los órganos decisores de las casas de altos estudios, advirtió cuán nocivo resultaría si se reimplantaran los supuestos valores “de la familia represiva y asexualizada que resultaron espantosos para la humanidad”.
Sánchez enfatizó que este es el momento adecuado para que quienes se reconocen como de izquierda elijan dar paso a “la crítica para las rectificaciones y para construir una espacialidad mental que ponga en primer lugar la defensa de una educación laica”.
Abogó el académico por la promoción de “una educación para la libertad, para la igualdad, para el internacionalismo, y en la cual se coloque a la ciencia y la técnica al servicio de la humanidad, y no al revés, al servicio de los negocios y del capitalismo”.
A su juicio, la batalla debe ser contra el neoliberalismo que, según remarcó, tiene una alianza con el pensamiento más atrasado.
AMENAZAS PARA LOS MEDIOS DE PRENSA
Las amenazas contra el sistema comunicacional son también para el entendido parte de todo lo que conforma la denominada batalla cultural. Se refirió al veto al caricaturista Vladdo por parte del emporio televisivo y radial RCN.
El dibujo que generó toda la polémica en torno al comunicador, de tono satírico y en blanco y negro, retrataba el momento en el cual De la Espriella caminó entre bolsas con cadáveres de presuntos integrantes de un grupo armado tras una operación del Ejército en el departamento de Gaviare.
Tras congelar la publicación, las directivas citaron a Vladdo y le notificaron la terminación de su contrato.
Repudió Sánchez que la causa del despido fuera hacer una ilustración “muy aguda sobre lo que significa ese culto a la barbarie y al crimen por parte del presidente de la nación”.
Valoró que el suceso demuestra que la intolerancia se ha instalado, aunque siempre haya existido, de una manera muy fuerte.
Por otra parte, cuestionó el manejo dado a 20 espacios radiales regionales conocidos como Emisoras de Paz, que nacieron tras el Acuerdo Final de 2016 entre las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo y el Gobierno.
Esas plataformas informativas, a las que calificó de gran importancia para la movilización social y la educación ciudadana en comunidades lejanas del país, primero sufrieron la suspensión de su programación y más tarde experimentaron un cambio radical en su concepción.
Fueron rebautizadas por la actual administración como “Emisoras de la Reconciliación” y su parrilla está en sintonía con la línea discursiva del Ejecutivo, bajo el programa de gobierno que responde al nombre de “Patria Milagro”.
Para Sánchez es muy negativa la pérdida de comunicadores auténticos y la imposición de otros aupados desde el centralismo burocrático.
Denunció además cómo se celebra la llegada de un escenario bélico que podría sumir al país y a la región en una verdadera tragedia humana. “Ese culto a la muerte que el gobierno quiere simbolizar con mano dura, esa escenografía, esa pasarela ridícula lo que está transmitiendo es la continuidad de la guerra”, aseveró.
Planteó que ante el discurso de “seguridad” de Marco Rubio y del propio De la Espriella, cuyo objetivo es “instalar la barbarie de manera más amplia y significativa en Colombia”, y cuya inminencia pretende normalizar “la batalla cultural”, no se puede mostrar tibieza, sino que debe ser contrarrestado con actuaciones contundentes y decididas. “Estamos en tiempos de barbarie, de una guerra que están generalizando. En la militarización del mundo”, lamentó.
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