Por Dixie Edith
Redacción Cuba
Gelmys Reyes y Juan Carlos Alfonso Fraga ya cumplieron 70 años. Ella lidera la finca El Roble, unas 2,25 hectáreas de tierra especializadas en la producción de frutales en la periferia de la ciudad de Las Tunas. Él ha dedicado -dedica- su vida cotidiana a contabilizar la población, escudriñar sus cambios y anticipar sus desafíos.
Son dos de las tantas personas de este archipiélago que engrosan la abultada cifra de quienes superan con creces los 60 años y, como suele decirse en buen cubano, siguen “al pie del cañón”. Basta mirar alrededor.
Ahí están Otilia Barros, economista y demógrafa, y Omara Portuondo, la diva del Buenavista Social Club; la maestra Amalia, del municipio Arroyo Naranjo que, pasados los 80, se dedica a contar a cuántas generaciones en una misma familia le ha dado clases y la periodista Juana Carrasco, que sigue dando lecciones de analista de lujo… La cuenta podría seguir.
Cerca del 27 por ciento de las cubanas y cubanos que hoy desandan las calles del archipiélago suman más de 60 años. Esta cifra crecerá hasta 36,1 por ciento en 2040, según las proyecciones del Centro de Estudios de Población y Desarrollo (Cepde), de la de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).
En paralelo, la población total del país disminuirá de 9,46 millones a 8,38 millones de habitantes entre 2026 y 2040, una reducción de 1,09 millones de personas.
El fenómeno no es homogéneo. Villa Clara es la provincia más envejecida, con un 30,2 por ciento de personas de 60 años y más, mientras Guantánamo, con un 23,3 por ciento, presenta la estructura más joven del país.
Sin embargo, todos los territorios pierden población y avanzan hacia una estructura por edades donde el único grupo que crece es el de los mayores de 60. Tras los números, asoma una interrogante. ¿Nos hemos preparado para vivir en una sociedad envejecida?
No se trata solo de hurgar en la capacidad y preparación del Estado cubano para enfrentar los retos de las canas. La Política de Atención a la Dinámica Demográfica vigente -y las medidas que propone- confirman que la dirección del país tiene conciencia clara de la dimensión del cambio demográfico.
La cuestión tiene más que ver con la manera en que cada institución y organización, comunidad, familia y persona se enfrenta al desafío de vivir más tiempo, desde la resiliencia y no desde el desaliento.
Juan Carlos Alfonso Fraga, vicejefe de la ONEI, suele decir que, si antes había muchos nietos para cuidar a un abuelo, ahora -y cada vez más- hay muchos abuelos para ser cuidados por apenas ningún nieto. Experto demógrafo y director de los últimos censos de población que se han realizado en Cuba, comparte sus propias preocupaciones.
La pregunta, dijo en entrevista exclusiva con Prensa Latina, no es sólo cómo proyectar esa realidad desde la estadística, sino cómo lograr que se comprenda a nivel de toda la sociedad; que la población sea tenida en cuenta en los diseños de políticas y en los programas de desarrollo.
“Y también seguir trabajando para que no se considere el envejecimiento como un problema. Que haya más personas que vivan más años no puede ser visto como problema. Es un cambio demográfico que entraña desafíos, obviamente. Pero no un problema”, insistió.
DE LA ASISTENCIA AL DERECHO: UN GIRO JURÍDICO
La respuesta jurídica cubana al envejecimiento ha variado sustancialmente en los últimos años. La Constitución de 2019 estableció, en su artículo 88, la obligación del Estado, la sociedad y la familia de “proteger, auxiliar y crear condiciones para satisfacer las necesidades y elevar la calidad de vida” de las personas adultas mayores.
Ese mandato incluye respetar su autodeterminación y promover su integración y participación social.
Tres años después, la aprobación del novedoso Código de las Familias, vigente desde 2022, profundizó este enfoque al reconocer el derecho de las personas mayores a decidir sobre su lugar de residencia, con quién convivir y cómo organizar su protección futura, entre otros elementos esenciales.
El Código “reconoce el cuidado como un derecho humano” y regula figuras novedosas como la acogida familiar y los nuevos regímenes de protección, considera la profesora Joanna Pereira, de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, especialista en el ordenamiento jurídico de las personas mayores.
En agosto de 2024 se promulgó el Decreto 109, que establece el Sistema Nacional para el Cuidado Integral de la Vida, vigente desde el 15 de diciembre de ese año. Esta norma reconoce el cuidado como un derecho social y tiene como objetivo maximizar la autonomía y el bienestar de las personas en situación de dependencia. El plan para su implementación nacional, aprobado a fines de 2025, promueve la corresponsabilidad entre el Estado, las familias, las comunidades y los actores económicos, amplía la formación de cuidadores y fortalece aún más el marco normativo.
También fomenta la responsabilidad compartida entre mujeres y hombres en las tareas de cuidado, nudo gordiano en un país con una insistente tradición machista, donde las mujeres siguen sosteniendo sobre sus hombros la reproducción de la vida.
En un ámbito más operativo, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social emitió en 2025 las Resoluciones 10056 y 10057, que regulan la asistencia social domiciliaria y el apoyo a familias con personas con discapacidad severa.
Belkis Delgado, directora de Prevención, Asistencia y Trabajo Social del organismo, explicó a la prensa nacional que estas normas “tendrán un impacto positivo en personas con discapacidad, adultos mayores que viven solos y sus familias”, una realidad profundizada por la migración que experimenta Cuba.
APRENDER A ENVEJECER
En el barrio, la atención a las personas mayores se organiza en varios frentes; los círculos de abuelos, con más de tres décadas, mantienen a muchas personas mayores en movimiento: ejercicio, cultura, recreación.
A ellos se suman las casas de abuelos, la atención domiciliaria y los equipos de geriatría y gerontología.
“Ahora, en la misma línea que existen casitas infantiles, se está trabajando en casitas de cuidados para personas mayores organizadas por empresas y otros espacios laborales”, adelantó a Prensa Latina Alfonso Fraga.
En las aulas también se aprende a envejecer. La Cátedra Universitaria del Adulto Mayor, de la Universidad de La Habana, fue la institución fundadora de un programa que apuesta por la integración y socialización de las personas mayores, asegura la psicóloga Teresa Orosa, su fundadora y profesora de la Universidad de La Habana.
El proyecto apuesta por “la actualización de conocimientos, el empoderamiento y la participación en el proceso de envejecimiento”, ha explicado Orosa.
Experiencias similares a la de la casa de altos estudios capitalina existen en otras provincias y confirman que los vínculos entre generaciones contribuyen a que la sociedad redefina el rol de las personas mayores como transmisoras de valores y experiencias.
NARRAR EL ENVEJECIMIENTO
Sin embargo, los avances jurídicos e institucionales no resuelven automáticamente el desafío narrativo, comunicacional, al que aludió Alfonso Fraga.
La periodista Lisandra Fariñas Acosta, como parte de su investigación de Maestría en Estudios de Población, analizó la cobertura periodística sobre el envejecimiento en el diario Granma, entre 2019 y 2023.
Sus hallazgos -que no son exclusivos del diario cubano de mayor circulación- revelan que la mayoría de las informaciones son breves y vinculadas a eventos o celebraciones y las fuentes predominantes, institucionales.
Además, una mínima parte de los trabajos tiene a las propias personas mayores como protagonistas, resume un artículo publicado en 2025 en la revista científica Novedades en Población.
Fariñas subraya que “la comunicación no puede reducirse a divulgación; debe ser un eje transversal que articule el conocimiento científico, las políticas públicas y la percepción social”.
Sus resultados de investigación evidencian la necesidad de superar el enfoque asistencialista que aún predomina en los medios, incluso cuando se invoca el paradigma del “envejecimiento activo”, para construir representaciones que reconozcan realmente a las personas mayores como sujetos diversos, activos y con capacidad de decisión.
La propia Orosa ha advertido sobre los estereotipos que asocian la vejez con la enfermedad, la dependencia o la pasividad. “Los estudios sobre vejez se hacen sobre las personas mayores, pero casi nunca con ellas”, insiste, abogando por “considerarlas como parte participante en la formulación de políticas”.
“LA ERA DE LA LONGEVIDAD”
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha declarado el tema del Día Internacional de las Personas Mayores de 2026 como “La era de la longevidad: repensar los sistemas para vidas más largas”, un llamado muy en línea con las recomendaciones que Alfonso Fraga compartió con Prensa Latina.
Con más de uno de cada tres habitantes por encima de los 60 años en 2040, el foco para Cuba no es cómo evitar el envejecimiento, sino cómo garantizar que los años adicionales se vivan con autonomía, participación y pleno ejercicio de derechos.
La consigna internacional de “Vivir más, vivir mejor” resume ese enfoque. La experiencia cubana -con sus avances jurídicos, sus redes comunitarias y sus desafíos particulares- ofrece lecciones para una región que envejece a ritmos dispares.
El reto no es solo demográfico: es también narrativo y cultural. Se trata, en última instancia, de construir una sociedad que no solo viva más años, sino que sepa habitarlos con sentido.
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