Por Orlando Oramas León
Corresponsal jefe en Uruguay
Cortinas negras decoraban la platea, mientras las pantallas mostraban los bombardeos aéreos en Caracas y otras localidades venezolanas.
La película era sobre el nuevo mundo que Trump pretende erigir, pero era la saga de invasiones, golpes de Estado, ataques militares, bloqueos y actos terroristas cometidos por Washington en el hemisferio occidental y otras latitudes.
Su primer discurso después de la agresión fue descarnado en cuanto a los objetivos de Washington. El presidente estadounidense mencionó 22 veces la palabra petróleo o sus derivados.
El término democracia estuvo ausente, Corina Machado fue declarada inservible y de Edmundo González ni se acordó.
Sobre el narcotráfico apenas se refirió, cuando resultó el pretexto del despliegue aeronaval estadounidense y sus bombardeos frente a las costas venezolanas, el fuego artillero que antecedió a la agresión.
El ataque a Venezuela significó el retorno de las cañoneras y la reactivación de la Doctrina Monroe, “Donroe”, le llama Trump.
HUELE A PETRÓLEO
“Muy grandes compañías petroleras de Estados Unidos” entrarán a Venezuela para arreglar la infraestructura y “empezar a ganar dinero”, dijo.
“Lo que necesitamos es acceso total. Acceso total al petróleo y a otras cosas en el país que nos permitan reconstruirlo”, apuntó en condicionante a la presidenta encargada Delcy Rodríguez, a quien amenazó con nuevas agresiones armadas.
En su alocución llegó a decir que Estados Unidos “está a cargo de Venezuela”, una aventurera afirmación que desconoce la institucionalidad vigente en esa nación.
“El hemisferio es nuestro”, apostilló
PELIGRO MUNDIAL
Las reacciones internacionales son de rechazo. Gobiernos, no pocos aliados de Washington entre ellos, muestran su desacuerdo y expresan preocupación por el devenir.
Venezuela, Colombia, México y hasta Dinamarca están en el colimador del que, desde la Casa Blanca, pretende imponer un mundo a su antojo e intereses imperiales.
Desde el avión que le condujo de Florida a Washington, Trump volvió a amenazar a Colombia y a su presidente Gustavo Petro, a quien calificó de “enfermo” al que “le gusta fabricar cocaína y enviarla a Estados Unidos”
“No lo va a seguir haciendo mucho tiempo más”, profirió en alusión a futuros ataques a ese país limítrofe con Venezuela.
“Por la patria tomaré de nuevo las armas”, ripostó Petro, el presidente exguerrillero, quien tildó de ilegítima la amenaza de su par estadounidense.
“Hay que hacer algo con México”, fue otra de sus intimidaciones, de las que no escapó Cuba, cercada por el bloqueo férreo que Washington promete endurecer todavía más.
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, respondió con entereza.
Afirmó que “la soberanía y los principios de los pueblos no son negociables” y que cada país “tiene el derecho inalienable de decidir su modelo político, económico y social” sin “presiones externas”.
Al delirio expansionista de Donald Trump no escapa Groenlandia.
“Necesitamos Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional. Es muy estratégica”, apuntó con desdén hacia el gobierno danés y la propia Unión Europea.
Para la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, “si un país de la OTAN ataca a otro país de la OTAN, todo se acabará, incluida nuestra OTAN y, en consecuencia, la seguridad que ha proporcionado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial”.
Las pretensiones territoriales de Donald Trump preocupan incluso a su vecino norteño, Canadá, con reservas probadas de hidrocarburos.
El diario The Globe and Mail, el principal del país, consideró que Canadá “no puede perder más tiempo” para proteger su soberanía. A la par, en The Toronto Star, el columnista Justin Ling escribió que “la política de Trump es una amenaza activa para Canadá”.
Hoy es el petróleo, mañana puede ser el uranio, el litio, el agua, los recursos naturales que interesen a Washington y al precio que decida el emperador a cargo.
En el nivel continental, los movimientos sociales y organizaciones políticas se movilizan en defensa de Venezuela y de la paz.
Washington apuesta a dividir, y en ello se inscriben las posturas dispares en el seno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños durante la reciente reunión de cancilleres convocada por Brasil.
El gobierno de la presidenta encargada venezolana, Delcy Rodríguez, hizo un llamado a Washington para retomar el relacionamiento pacífico y respetuoso, con respeto a la soberanía.
Pero Trump lo que quiere es rendición, una apuesta que desconoce al pueblo chavista y la alianza cívico-militar que forjó Hugo Chávez.
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