miércoles 25 de febrero de 2026

Por un futuro sin trabajo infantil

La Habana (Prensa Latina) Reducir la pobreza, promover el trabajo decente y avanzar en justicia social son algunos elementos que permitirán eliminar el trabajo infantil en América Latina y el Caribe, donde más de ocho millones de niños padecen esa situación.

Por Alfredo Boada Mola

Redacción de Economía

Se trata de una dura realidad para millones de infantes y adolescentes en la región. Aunque el número de trabajadores infantiles se redujo significativamente en las últimas dos décadas, existen aún 8,2 millones de niños y jóvenes bajo esa condición, y de ellos 5,5 millones en actividades netamente peligrosas.

Dicho fenómeno deja una aguda marca en sus vidas y constituye una barrera para superar la desigualdad persistente en la zona, como define la Iniciativa Regional América Latina y el Caribe Libre de Trabajo Infantil.

No se trata de cualquier actividad económica realizada por niñas, niños y adolescentes (como la ayuda familiar o la enseñanza acompañada), sino una difícil realidad que restringe sus derechos.

El trabajo infantil es perjudicial para el desarrollo mental, físico, social y moral de niños y adolescentes, afectándolos tanto en el presente como en su futuro, interfiere en su escolarización y les impide asistir a clase o concentrarse.

Tal flagelo en sus formas peligrosas les expone a entornos insalubres y poco seguros que podrían causar muerte, lesiones, discapacidad o enfermedades. Además, priva a los niños de sus derechos a la protección, al aprendizaje y a la salud.

En sentido general, el trabajo infantil es toda actividad económica realizada por niñas, niños y adolescentes por debajo de la edad permitida para trabajar, unido a aquellas actividades económicas que por su naturaleza o condiciones en las que se realizan son peligrosas por poner en riesgo su salud, seguridad y moralidad.

TRABAJO INFANTIL EN CIFRAS

Pese a importantes avances logrados desde el año 2000, con una reducción a casi a la mitad del número de menores afectados por ese mal social, todavía en todo el mundo hay cerca de unos 138 millones de niños que sufren dicho flagelo, según las estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

De esa cifra, alrededor de 83,4 millones están vinculados al sector agrícola, donde se concentra la mayor proporción de este flagelo de acuerdo con las estadísticas de la OIT y Unicef.

La agricultura continúa como el sector de mayor concentración de niños trabajadores, con el 61 por ciento de los casos, seguido de los servicios (27 por ciento) como el trabajo doméstico y la venta de productos en mercados, y la industria (13 por ciento), incluidas la minería y la fabricación.

Asia y el Pacífico lograron la reducción más significativa de la prevalencia desde 2020, con un descenso de la tasa de trabajo infantil de 5,6 por ciento a 3,1 por ciento (de 49 millones a 28 millones de niños).

América Latina y el Caribe lograron una reducción relativa del 8,0 por ciento en la prevalencia y una disminución del 11 por ciento en el número total de niños en situación de trabajo infantil, señala el informe.

África subsahariana sigue soportando la carga más pesada, con casi dos tercios de todos los niños en situación de trabajo infantil, unos 87 millones. Aunque la prevalencia se redujo del 23,9 por ciento al 21,5 por ciento, el número total ha permanecido estancado en un contexto de crecimiento demográfico.

“El mundo ha hecho progresos significativos en la reducción del número de niños obligados a trabajar. Sin embargo, demasiados niños siguen trabajando en minas, fábricas o campos, a menudo realizando trabajos peligrosos para sobrevivir”, afirmó la directora ejecutiva de Unicef, Catherine Russell.

“Sabemos que es posible avanzar hacia la erradicación del trabajo infantil aplicando salvaguardias jurídicas, ampliando la protección social, invirtiendo en educación gratuita y de calidad, y mejorando el acceso de los adultos a un trabajo decente.

“Los recortes en la financiación mundial amenazan con hacer retroceder los logros conseguidos con tanto esfuerzo. Debemos volver a comprometernos a garantizar que los niños estén en las aulas y en los patios de recreo, no trabajando”, acotó.

Las reducciones en el apoyo a la educación, la protección social y los medios de subsistencia pueden llevar a familias ya de por sí vulnerables al borde del abismo, obligando a algunas a enviar a sus hijos a trabajar. Mientras tanto, la reducción de la inversión en la recogida de datos hará más difícil ver y abordar el problema.

El trabajo infantil compromete la educación, limita los derechos y oportunidades futuras, los coloca en riesgo de sufrir daños físicos y mentales. Es consecuencia de la pobreza, empuja a las familias a enviar a sus hijos a trabajar y perpetúa los ciclos intergeneracionales de privación.

Los niños tienen más probabilidades que las niñas de participar en el trabajo infantil a cualquier edad, pero cuando se incluyen las tareas domésticas no remuneradas de 21 horas o más a la semana, la brecha de género se invierte, destaca el reporte.

UN RETO ENORME

Desde el año 2000, el trabajo infantil se redujo casi a la mitad, de 246 millones a 138 millones, pero las tasas actuales siguen siendo demasiado lentas, y en un reto aún enorme la humanidad no logra alcanzar la meta 8,7 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de ponerle fin.

Para cumplir ese compromiso en los próximos cinco años, las tasas actuales de progreso tendrían que ser 11 veces más rápidas, y por tanto, en aras de acelerar el progreso, la Unicef y la OIT instan a los gobiernos a invertir en sistemas de protección social, especialmente para los hogares vulnerables, incluidas prestaciones universales por hijo.

Asimismo, piden reforzar los sistemas de protección infantil para identificar, prevenir y responder a los niños en situación de riesgo, especialmente a los que se enfrentan a las peores formas de trabajo infantil, proporcionar acceso universal a una educación de calidad, sobre todo en las zonas rurales y afectadas por la crisis.

Igualmente, garantizar el trabajo decente para adultos y jóvenes, incluido el derecho a organizarse y defender sus intereses, y hacer cumplir las leyes y la responsabilidad empresarial para acabar con la explotación y proteger a los niños en todas las cadenas de suministro.

Ante un escenario internacional marcado por la presencia de cerca de 54 millones de pequeños que realizan trabajos peligrosos, con numerosos riesgos para su salud, su seguridad y su desarrollo, sesionó del 11 al 13 de febrero en la ciudad de Marrakech, en Marruecos, la VI Conferencia Mundial sobre la Erradicación del Trabajo Infantil.

La cita reunió a representantes de gobiernos, organizaciones de empleadores y trabajadores de los 187 Estados miembros de la OIT, a miembros de la sociedad civil, organismos regionales e internacionales, así como al sector privado y al mundo académico para debatir sobre las medidas inmediatas y más eficaces que puedan acelerar la acción colectiva en aras de alcanzar la eliminación total del trabajo infantil.

arb/tdd/abm

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