Por Pedro Rioseco*
Colaborador de Prensa Latina
Fidel estaba en el batey del Central América donde había pasado la noche. Sin perder un minuto redactó una proclama, fue donde estaba la planta móvil de Radio Rebelde, instalada en la ciudad de Palma Soriano liberada y se dirigió al pueblo de Cuba en audición retransmitida por numerosas estaciones de radio.
“Cualesquiera que sean las noticias procedentes de la capital, las tropas no deben hacer el alto al fuego por ningún concepto. Las fuerzas deben proseguir sus operaciones contra el enemigo en todos los frentes de batalla. Se aceptará sólo conceder parlamento a las guarniciones que deseen rendirse”, dijo.
“Al parecer, alertó, se ha producido un golpe de Estado en la capital” y llamó al pueblo a estar muy alerta y atender sólo las instrucciones de la Comandancia General. “¡Revolución Sí, golpe militar No! Escamotearle al pueblo la victoria, No, porque sólo serviría para prolongar la guerra!”, enfatizó.
Minutos después Fidel redactó una segunda alocución donde convocó al pueblo a la huelga general revolucionaria. Instruyó a las columnas que estaban en las afueras de Santiago de Cuba que ocuparan sus posiciones y estuvieran alertas a la orden de ataque.
Ordenó al comandante Camilo Cienfuegos partir de inmediato hacia La Habana con las fuerzas de que disponía, sin debilitar el frente del centro del país, y ocupar el Campamento de Columbia.
Al comandante Ernesto Che Guevara le dio la misión de ir de inmediato hacia La Habana y hacerse cargo de la fortaleza de La Cabaña, a lo que este respondió: “Comandante, sus órdenes serán cumplidas”.
Antes de partir esa misma mañana de Palma Soriano rumbo a Santiago de Cuba, Fidel ordenó a Radio Rebelde continuar en cadena con la CMKC de Santiago de Cuba, radioemisoras nacionales y de aficionados, para mantener al pueblo verazmente informado y evitar fuera confundido con falsas noticias.
Santiago de Cuba estaba ocupado por más de cinco mil soldados batistianos. El cuartel Moncada en todos los accesos y entradas tenía un fuerte dispositivo defensivo. Pretendían tomar la plaza mil 200 combatientes rebeldes, quienes serían apoyados por la población que, con las milicias del M-26-7 se alzarían en armas al recibir la orden.
Había cuatro soldados por cada guerrillero, la correlación más favorable a las fuerzas revolucionarias en todos los 761 días de guerra.
La ciudad estaba en pie de guerra, la moral de la soldadesca gubernamental por el piso. Por la tarde el comandante Raúl Castro Ruz entró sin tener que combatir al cuartel Moncada, rompió el retrato del dictador delante de los oficiales, les habló a los soldados en el polígono del cuartel, y se produjo así la rendición formal del coronel del ejército Rego Rubido.
Fidel Castro marcha en la noche del 1 de enero hacia la indómita ciudad y en medio de un júbilo popular extraordinario baja las lomas del Escandel que la rodean. Se confundían entonces los uniformes verde olivo de los rebeldes con los kakis amarillos de soldados y oficiales del Ejército, muchos de los cuales llevaban también el brazalete rojo y negro del 26 de Julio.
Muy tarde en la noche del primer día del nuevo año, la radio convocó a los santiagueros para que se congregaran en el Parque Céspedes, y de inmediato miles de personas se ubicaron frente al edificio del Ayuntamiento con el propósito de escuchar las palabras del líder de la Revolución triunfante.
Monseñor Enrique Pérez Serantes, arzobispo de Santiago de Cuba, fue el primero en hacer uso de la palabra, transmitiendo un mensaje de paz y conciliación. A continuación, el comandante Raúl Castro se dirigió al pueblo. Intervinieron también representantes de los trabajadores, los estudiantes, las mujeres cubanas y los maestros y clases vivas de la ciudad.
En medio de fuertes aplausos y vivas, Fidel se refirió a continuación a lo duro y largo que resultó el camino, pero que habían llegado. Expresó que cuando decidieron que Santiago de Cuba fuera en ese día la Capital Provisional de la República, no era por halagar a una localidad determinada, sino porque había sido el baluarte más firme de la Revolución.
Denunció la traición del general gubernamental Eulogio Cantillo y la frustración del golpe militar que habían intentado dar en La Habana. Esta vez, dijo, no sería como en 1895, cuando los norteamericanos no dejaron entrar al general independentista Calixto García en esa histórica ciudad; ni como en 1933, cuando Batista traicionó, se apoderó del poder e instauró una dictadura por 11 años.
Tampoco sería como en 1944, año en que las multitudes creyeron que al fin el pueblo había llegado al poder en Cuba, y los que llegaron al poder fueron los ladrones. Esta vez sí es la Revolución, recalcó.
Manifestó que esa noche el doctor Manuel Urrutia Lleó tomaba posesión de la presidencia provisional de la República y nombraría su gabinete de gobierno desde Santiago de Cuba, quedando excluido Fidel de cualquier cargo de gobierno por decisión propia, y conservaría el de jefe del Ejército Rebelde.
Después de un largo discurso en la madrugada, que los santiagueros no querían terminara por la avidez de escuchar a Fidel, quien elogió el heroísmo y la disciplina de esta ciudad y enfatizó que “la Revolución empieza ahora, pero no será una tarea fácil, sino una empresa dura y llena de peligros”.
En Santiago de Cuba y en la Sierra Maestra tendrá la Revolución sus dos mejores fortalezas, proclamó Fidel en medio de una prolongada ovación como preludio de las que recibiría a lo largo de Cuba la Caravana de la Libertad hasta llegar a La Habana el 8 de enero de 1959.
La triunfante Revolución cubana iniciaba su defensa, ahora desde el poder, de los verdaderos derechos del pueblo y para continuar los sueños del Apóstol José Martí para su patria y América Latina y El Caribe.
arb/prl
* Corresponsal jefe de Prensa Latina en Nicaragua y concurrente en El Salvador, Guatemala y Honduras durante 10 años; corresponsal jefe en República Dominicana, Ecuador y Bolivia. Creó y dirigió la Editorial Génesis Multimedia que hizo la Enciclopedia Todo de Cuba y 136 títulos más. Anteriormente, director del periódico Sierra Maestra en la antigua provincia de Oriente, ayudante del ministro de Cultura Armando Hart; jefe de la Redacción Internacional de la revista Bohemia con coberturas internacionales en más de 30 países y es autor del libro Comercio Electrónico, la nueva conquista. Dirige la revista Visión de la UPEC y es presidente de su Grupo Asesor.





