Por Enrique González
Colaborador de Prensa Latina
Existe un grupo de líneas o criterios dentro de esta doctrina tales como la paz, que exige estructuras sociales basadas en la verdad; la justicia, la libertad y el amor; las políticas internacionales que deben promover el bien común no solo nacional sino universal, evitando aprovecharse de países más pobres o vulnerables.
Y si bien las naciones tienen derechos como la seguridad y la legítima defensa, también deberes hacia los demás pueblos y en especial, los más débiles.
La doctrina social admite el derecho de defensa frente a “graves agresiones”, pero asimismo condena estrategias que golpean indiscriminadamente a poblaciones civiles.
Se parte del criterio que las políticas económicas no exploten ni dañen injustamente a países vecinos o más pobres. Un bloqueo como el de Estados Unidos contra Cuba viola claramente ese criterio de justicia y solidaridad.
La posición de la Iglesia católica, la Santa Sede, los papas y el Episcopado Cubano ha sido históricamente contraria al bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, sobre todo por el sufrimiento que causa a la población.
Los últimos representantes en el trono de Pedro han mantenido una línea de coherencia en cuanto al rechazo al bloqueo norteamericano contra Cuba.
La posición ha sido similar a través de varios Pontificados desde la línea de concebir la política de bloqueo como un instrumento de castigo para la población cubana, cuestionando su legitimidad y utilidad moral.
Los papas han seguido una posición balanceada en cuanto a la opción por el diálogo entre Cuba y Estados Unidos como única vía válida para superar tanto el bloqueo como la confrontación ideológica. Ello concebido a partir del papel mediador de la Santa Sede desde el punto de vista moral y diplomático.
Ya el papa Juan XXIII (1958-1963), durante su conocida intervención durante la llamada “Crisis de Octubre” o “Crisis de los misiles” había pedido a las potencias evitar la guerra nuclear y salvar la paz, en un contexto donde existía un bloqueo naval de los Estados Unidos contra Cuba.
En el caso de Pablo VI (1963-1978), si bien nunca se registraron palabras textuales que pidieran el fin del bloqueo norteamericano contra la isla, sí mantuvo una línea de mediación vaticana en América Latina, apoyando el diálogo a nivel de las Naciones Unidas y cuestionando en varias visitas apostólicas las “sanciones económicas restrictivas”.
Juan Pablo II (1978-2005), por su parte, pasó a la historia con su célebre frase: “Que Cuba se abra al mundo con todas sus magníficas posibilidades, y que el mundo se abra a Cuba”, pronunciada durante el acto de bienvenida en La Habana en enero de 1998. La misma quedó interpretada por fuentes autorizadas como un claro llamado al fin del bloqueo y a la normalización de las relaciones con Estados Unidos.
En sus homilías y discursos este papa habló contra el “aislamiento “que “repercute de manera indiscriminada en la población”, afectando alimentación, salud y educación, y denunció las “medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del país, injustas y éticamente inaceptables”.
Años después, Wojtyla, en ocasión de la presentación de las cartas credenciales del embajador cubano Raúl Roa Kourí, en 2005, reiteró su posición cuando expresó: “La Santa Sede desea vivamente que se puedan superar cuanto antes los obstáculos que impiden la libre comunicación e intercambio entre la nación cubana y parte de la comunidad internacional…”.
Por su parte, Benedicto XVI (2005-2013), en el discurso de despedida de su viaje a Cuba, el 28 de marzo de 2012, en el aeropuerto de La Habana, afirmó cómo la situación en Cuba “se ve agravada cuando medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del país pesan negativamente sobre la población” (en clara referencia al bloqueo norteamericano).
Valga significar que desde la antesala del viaje, en declaraciones previas formuladas por el entonces portavoz y director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi, este había expresado: “La Santa Sede considera que el embargo es algo que hace que las personas sufran las consecuencias. No logra el objetivo de un bien mayor”… “la Santa Sede no cree que es una medida positiva y útil”.
En el caso del papa Francisco (2013-2025) debemos significar que medió en el proceso de normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, demostrando una posición contraria al bloqueo, reconocida además por el propio cardenal cubano Jaime Ortega Alamino.
En una entrevista difundida desde la Arquidiócesis de La Habana, afirmó que el papa Francisco durante la visita de Barack Obama al Vaticano, le planteó a este último la necesidad de suspender “las antiguas y duras medidas económicas contra Cuba”.
Por su parte, León XIV -quien comenzó su pontificado en mayo de 2015-, expresó recientemente “gran preocupación” por la escalada de Estados Unidos contra Cuba, pidiendo un “diálogo sincero y eficaz” para evitar la violencia y las acciones que aumenten el sufrimiento del pueblo cubano.
Ello, a partir de una orden ejecutiva de Trump que impone aranceles a países que suministren petróleo a la isla, endureciendo aún más el cerco económico.
Al apoyar el llamado de los obispos cubanos y subrayar el riesgo humanitario de medidas que buscan “asfixiar” la economía de la isla, León XIV se suma a la línea histórica de la crítica de los papas al bloqueo.
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