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miércoles 29 de mayo de 2024
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ESCÁNER: Instituto Finlay de Vacunas hace historia (+Fotos +Video)

La Habana (Prensa Latina)  El Instituto Finlay de Vacunas de Cuba (IFV), creado en 1991, tiene muchos sueños cumplidos y otros por realizar en pos del desarrollo de la ciencia y la calidad de vida del pueblo.
Por:
Joel Michel Varona
Redacción de Ciencia y Técnica

Su nombre rinde homenaje al epidemiólogo cubano Carlos J. Finlay (1833-1915), quien comprobó que un agente biológico transmisor de la fiebre amarilla era capaz de propagar la enfermedad de un sujeto enfermo a uno sano.

Ese hallazgo resultó fundamental para luchar contra la enfermedad y para la investigación posterior de lo que se conoce hoy en día como enfermedades transmitidas por vectores.

El IFV, entidad de investigación, desarrollo y producción, fue fundada luego de que un grupo de científicos cubanos presentara una vacuna contra la meningitis (Neisseria meningitidis), denominada comercialmente como VA-MENGOC-BC®.

Entre los principales aportes del centro sobresale, en los últimos años, la creación de las vacunas Soberana 02 y Soberana Plus y el candidato Soberana 01 contra la Covid-19, una enfermedad provocada por el virus SARS-CoV-2.

Prensa Latina visitó este pilar de la ciencia en Cuba, un lugar silencioso con un predominio del color azul y blanco, donde se respira un ambiente de saberes, la inconformidad por lo hasta ahora aprendido y las ansias por saber más.

Al encuentro acudieron dos excelentes científicas de reconocido prestigio a nivel nacional e internacional, quienes no resaltan solamente por la pulcritud de las batas ni por un dominio absoluto de conocimientos de sus materias, sino por la sencillez y humildad.

Despojadas de cualquier altanería científica-académica, insistían, a modo de recordatorio para este Escáner dedicado a la Biotecnología, que el Finlay, como lo conocen todos, no es una leyenda de pocos rostros, sino la historia de muchos.

La vicedirectora de Operaciones Industriales, Roselyn Martínez, recordó que la institución nació con el desarrollo de la vacuna antimeningocócica BC  y esto requirió contar con capacidades productivas en pequeñas instalaciones, las cuales eran casas ajustadas para ese fin.

Estas no llegaban a cumplir con todos los requerimientos estándar de fabricación, pero ya en la década de 1990 empezaron a trabajar con las capacidades tecnológicas del más alto nivel en ese momento.

Un 3 de diciembre fue inaugurada la primera planta industrial, lo cual significó el despunte de la vacuna que salvó muchas vidas en Cuba y otras latitudes gracias  a la colaboración;  entre  los beneficiados estuvieron, Brasil, Uruguay y Argentina.

Este no es el único producto del Instituto Finlay de Vacunas, porque a partir de ahí se contó con una instalación de gran capacidad, la cual podía producir millones de dosis de inmunógenos.

Fue así que se incorporaron otros productos a esa base tecnológica creada, los cuales responderían al programa ampliado de inmunización del Ministerio de Salud Pública, en especial para los niños.

En este camino surge también la idea de producir con tecnologías un poco más actualizadas la vacuna Antidiftérica-Antitetánica-Antipertusis, un inmunógeno establecido en el mundo con anterioridad.

“Es considerada tradicional, el país no contaba con un alto estándar en ese momento, pero con lo que poseíamos en nuestro poder pudimos desarrollarla”, resaltó.

Fue un proceso progresivo; posteriormente vino la introducción y desarrollo de una nueva versión de vacuna contra la Salmonella Typhi, que se importaba, pero provocaba reacciones adversas para las personas.  “Nosotros fuimos capaces de obtener una nueva versión que era mucho menos reactogénica”, resaltó la experta.

Hoy el IFV ya cuenta con seis plantas productivas, con plataformas capaces de obtener polisacáridos, productos a través de síntesis química y componentes de células enteras.

“Esto hace que como institución tengamos una amplia capacidad para poder enfrentar las producciones a gran escala de diferentes tipos de inmunógenos.  No solo podemos obtener los ingredientes farmacéuticos activos que se utilizan para estos productos, sino también llegar a la etapa final”, puntualizó.

El mundo de la biotecnología es muy dinámico, continuamente se está actualizando y los estándares regulatorios ganan cada día en exigencia, y eso nos impone los procesos de inversiones para renovar la tecnología, comentó la especialista.

Actualmente la institución maneja un ciclo cerrado de productos que van desde la investigación, el desarrollo y la producción hasta la comercialización y la distribución, destacó.

La doctora Dagmar García, directora de Investigaciones del IFV, recordó que en el surgimiento de la biotecnología en Cuba tuvo mucho que ver la idea estratégica del líder histórico de la Revolución, Fidel Castro, pues los principales centros de investigación fueron creados a finales de la década de los 70 y principios de la siguiente, y él fue su gran promotor.

“No existía un desarrollo importante de esta esfera para ese entonces, y Fidel tuvo la capacidad de darse cuenta que el futuro del sector biofarmacéutico estaría muy ligado a la biotecnología”, rememoró.

Fue entonces que se crearon en Cuba instituciones para estos fines; en ese momento, en un país del Tercer Mundo, era un lujo pensar en biotecnología.

Algo muy interesante, tanto en el Instituto Finlay de Vacunas como otras entidades científicas surgidas en plena crisis económica de la década de los 90, conocida como período especial, una etapa muy compleja, “tuvimos la capacidad, en medio de todos los problemas y limitaciones de financiamiento, de desarrollar esta esfera”, puntualizó la doctora García.

El éxito actual de la biotecnología cubana está avalado por más de 30 años de trabajo, además de ser unas de las prioridades del Estado.

Cuba cuenta con numerosos aportes a la comunidad internacional en el campo de las vacunas, de hecho, el surgimiento del polo científico está muy marcado por la creación de la  vacuna antimeningocócica BC.

En la década de 1980 hubo una epidemia de meningitis  meningocócica en el país, una enfermedad con una progresión muy rápida, especialmente en los niños, quienes pueden sufrir complicaciones en apenas pocas horas, incluso la muerte, como ocurrió en esa ocasión.

A partir de ese momento los científicos de este centro se dieron a la tarea, por mandato de la máxima dirección gubernamental, de desarrollar una vacuna contra el  meningococo B, y esta fue durante muchísimos años la única efectiva, incluso llegó a convertirse en el producto líder de la biotecnología cubana.

La comercialización del producto hizo posible facturar hasta 100 millones de dólares por varios años, y más allá de los dividendos económicos, contribuyó a controlar la enfermedad en Brasil, Uruguay y otros países de Latinoamérica.

Llegado los años 90 del pasado siglo, los científicos del Finlay lideraron el desarrollo de la vacuna conjugada contra la Haemophilus influenzae tipo B, algo muy novedoso en ese momento pues fue obtenida por síntesis química, es decir, el antígeno no se logra a través de un biorreactor como en otros tipos de procesos biotecnológicos.

La síntesis química, una innovación relevante para esos años, fue algo que revolucionó y realmente hasta hoy sigue siendo la única vacuna en el mundo que se obtiene por vía sintética, aunque existen otros inyectables para combatir a ese microorganismo, explicó la experta.

“En los últimos 15 años hemos trabajado con desvelo en un candidato vacunal contra los neumococos, un proyecto novedoso, pero complejo”, dijo al tiempo que resaltó entre los éxitos más recientes las vacunas Soberanas, que contribuyeron al control de la pandemia de Covid-19.

Puntualizó que cuentan con una combinación interesante entre la capacidad de innovar, desarrollar nuevos inyectables y producirlos para cubrir las necesidades del sistema nacional de Salud Pública.

La pandemia nos dejó, apuntó, muchas enseñanzas para nuestro campo, teniendo en cuenta que existen vacunas en el mundo que no figuran en el esquema de inmunización nacional debido a sus altos precios en el mercado internacional, por eso el interés del país de contar con las propias.

“La ciencia nos salvó como país, por tanto, hay que seguir invirtiendo en ciencia y desarrollando estas instituciones”, sentenció la científica.

arb/crc/joe

Colaboraron en este trabajo:
Amelia Roque
Editora Especiales Prensa Latina
Cira Rodríguez César
Jefa de la Redacción Ciencia y Técnica
Laura Esquivel
Editora Web Prensa Latina
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