Por Mariela Pérez Valenzuela
Corresponsal jefa en República Dominicana
A sus 87 años, el abogado, escritor y dirigente político conserva intacta la pasión con la que comenzó a mirar la realidad dominicana y latinoamericana desde su juventud.
Habla de Cuba, de Fidel Castro y de la solidaridad entre los pueblos con la misma convicción que ha marcado buena parte de su existencia.
Nacido en Santiago de los Caballeros el 25 de diciembre de 1938, Veras reconoce en su madre a una de las figuras decisivas en su formación. Aquel niño santiaguero llegaría a convertirse en abogado y, con el tiempo, en una figura vinculada a las luchas sociales y políticas de su país.
Se graduó de Derecho en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y ejerció durante décadas en su ciudad natal, donde también asesoró a sindicatos, gremios y organizaciones sociales.
Pero mucho antes de los títulos, del ejercicio profesional y de los reconocimientos, estuvo la radio y también una época en la que ser joven en Santo Domingo significaba crecer bajo una dictadura y asistir, casi de manera inevitable, al despertar de una conciencia política.
LA VOZ QUE LLEGABA DESDE LA SIERRA MAESTRA
Veras recuerda que su acercamiento a Cuba comenzó en 1958, cuando todavía era estudiante.
Su madre escuchaba las transmisiones de Radio Rebelde que, desde la Sierra Maestra, en el oriente de Cuba, difundía las acciones del Ejército Rebelde dirigido por Fidel Castro.
“Fue ella quien despertó en mí el interés por aquella lucha que, desde una isla del Caribe, comenzaba a sacudir la región”, comenta a Prensa Latina.
FIDEL ANTES DEL TRIUNFO
Su vínculo con el estadista comenzó antes del triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959.
Recuerda haber seguido la trayectoria del revolucionario desde sus años universitarios y su participación en Cayo Confites, la expedición organizada en Cuba en 1947 por exiliados y jóvenes revolucionarios del Caribe con el propósito de contribuir al derrocamiento de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.
Varios gobiernos de la región colaboraron en los planes revolucionarios. Cayo Confites es un territorio situado en Camagüey, la provincia más oriental del centro de Cuba, de donde partiría el llamado Ejército Dominicano de Liberación.
El plan fue frustrado debido a la intervención del embajador de Estados Unidos en La Habana, Henry Norweb, quien presionó al presidente Ramón Grau San Martin para que abortara la conspiración militar.
Trujillo, aliado de la Casa Blanca, protestó y amenazó con bombardear La Habana si un solo expedicionario pisaba su país.
Aunque la operación fue malograda, aquella experiencia adquirió con los años un significado particular para Veras pues en ella identifica uno de los primeros episodios de solidaridad internacional con la lucha de su pueblo.
Doce años después, esa fraternidad adquiriría una nueva dimensión. Tenía el santiaguero 20 años cuando, en junio de 1959, un grupo de coterráneos y combatientes latinoamericanos, entre estos cubanos, llegó a esta nación para intentar deponer a Trujillo.
A diferencia de Cayo Confites, la expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo sí consiguió llegar al país procedente de Cuba, aunque fue derrotada por las fuerzas de la dictadura.
El episodio se convirtió en un símbolo de resistencia. De aquella gesta surgiría, meses después, el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, y su ejemplo contribuiría a alimentar la oposición que finalmente desembocaría en el ajusticiamiento de Trujillo, el 30 de mayo de 1961.
Para el joven, aquellos hechos forman parte de una misma historia: la del acompañamiento a la lucha de su pueblo. Por eso, cuando se le pregunta quién fue la persona no nacida en República Dominicana que más contribuyó a su liberación, no duda en señalar a Fidel Castro.
DE LA ADMIRACIÓN AL VÍNCULO PERSONAL
Con el paso de los años, aquella admiración juvenil se transformó en una relación mucho más próxima.
En la década de 1970, Veras formó parte de la presidencia del Consejo Mundial de la Paz y del Tribunal Antiimperialista de Nuestra América, responsabilidades que lo llevaron a viajar a Cuba en varias ocasiones.
Fue entonces cuando conoció personalmente a Fidel Castro.
“Me siento un privilegiado porque mantuve una relación cercana con él”, dice.
Recuerda las largas conversaciones en el Palacio de la Revolución y, sobre todo, la posibilidad de descubrir detrás del dirigente político a un hombre interesado en la historia, la cultura y los problemas de América Latina y el Caribe.
Aquellos encuentros terminaron profundizando un sentimiento que ya venía de lejos.
“Con el tiempo llegué a sentirme tan ligado a la Revolución y a esa hermana nación como un cubano más”, afirma.
FIDEL, LA DIGNIDAD Y EL DECORO
Cuando se le pide que defina lo que Fidel Castro representa para él, Veras responde sin titubeos: “la dignidad y el decoro”.
Para el jurista santiaguero, el Comandante en Jefe encarna la decisión de un pueblo de defender su independencia y su derecho a construir su propio destino.
Asocia su legado con la soberanía, la justicia social y la defensa de los pueblos que luchan por su emancipación.
En su interpretación de la historia latinoamericana, la Revolución demostró que un país pequeño podía sostener un proyecto propio frente a enormes presiones externas.
UNA SOLIDARIDAD QUE TAMBIÉN LLEGÓ A DOMINICANA
Veras habla de esa nación caribeña desde una experiencia que va más allá de la política. Habla también de la solidaridad que la isla ha ofrecido durante décadas a otros pueblos en áreas como la salud, la educación y la formación profesional.
República Dominicana, sostiene, conoce de cerca ese apoyo. De ahí que considere que su respuesta ante las amenazas de Estados Unidos a Cuba, al bloqueo económico impuesto de forma unilateral y al cerco petrolero que tanto afecta a las familias y el desarrollo, debe ser también fraterna.
Esa convicción explica buena parte de sus actividades de apoyo a la isla. En su país, ha presidido o integrado diversas organizaciones, entre ellas, el Comité Dominicano de la Paz y el Comité Amigos de Cuba.
En los últimos tiempos -como es habitual- también ha participado en actividades de hermandad realizadas en distintas ciudades.
Cita encuentros recientes en Moca, Montecristi, Santiago de los Caballeros y Santo Domingo, donde intelectuales, profesores, estudiantes, dirigentes políticos, sociales, culturales y gremiales han expresado su respaldo al pueblo cubano.
Para él, esas jornadas tienen un significado especial porque demuestran que la solidaridad con Cuba continúa viva en República Dominicana.
Para el abogado, quienes defienden la libertad de los pueblos y su derecho a decidir su futuro tienen también la responsabilidad de actuar. “Lo que afecta a esa nación caribeña no es un asunto exclusivo de sus habitantes”, sostiene.
En su pensamiento, la solidaridad con la isla forma parte de una concepción más amplia de la política: la defensa de la dignidad y la independencia. “No es conmiseración; es reciprocidad por todo lo que la patria de José Martí ha aportado al mundo”, sentencia.
UNA VIDA SIN APARTARSE DE LAS IDEAS
Quizás esa fidelidad a sus ideas explique mejor que cualquier biografía quién es “Negro” Veras, uno de los presidentes en la República Dominicana del Comité de Honor por el Centenario de Fidel Castro.
El Poder Judicial lo reconoce como abogado de amplia trayectoria, mientras que el Archivo General de la Nación registra su participación en organismos internacionales de paz y una extensa producción como autor de libros y textos sobre asuntos históricos, sociales y jurídicos.
Pero él mismo ha explicado que su relación con la política nunca estuvo motivada por beneficios personales. En escritos autobiográficos insiste en que llegó a la actividad política por convicción y que, pese al paso de los años, continúa apegado a las ideas que han orientado su vida.
Esa coherencia es también la clave desde la que mira al líder histórico de la Revolución cubana.
Y vuelve al principio, a aquello que para él resume toda una vida de convicciones: “El Comandante en Jefe simboliza la dignidad y el decoro”.
A esa definición agrega otros conceptos que considera inseparables de su legado: soberanía, internacionalismo y justicia social.
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