lunes 28 de septiembre de 2026

Brasil: Amenazan con revocar el mandato de Aparecida

Sao Paulo,. Brasil (Prensa Latina) En abril de 2017, en el Club Hebraica de Río de Janeiro, Jair Bolsonaro, al referirse a una visita a un "quilombo”(1) dijo: “El afrodescendiente más ligero de allí pesaba siete arrobas. ¡No hacen nada! Creo que ya ni siquiera sirve como reproductor”.

Frei Betto*, colaborador de Prensa Latina

Bolsonaro utilizó una unidad de peso asociada a animales para referirse a los “quilombolas”. Sus palabras motivaron una denuncia por parte de la entonces fiscal general de la República, Raquel Dodge, quien consideró irrespetuoso el uso de “arrobas” para referirse a personas negras, ya que las equiparaba con animales.

En julio de 2018, ya como candidato a la presidencia, Jair Bolsonaro fue cuestionado nuevamente sobre el racismo y, al preguntársele por una eventual deuda histórica de Brasil con la población negra, respondió: “Yo no esclavicé a nadie”. En esa misma entrevista, añadió: “Fueron los propios negros quienes entregaban a los esclavos”.

También durante la campaña, defendió el fin de las reservas indígenas y de los “quilombos”: “Si llego allí, no habrá ni un centímetro demarcado para reserva indígena o para ´quilombola´ ”.

El racismo y la intolerancia religiosa de la familia Bolsonaro y de sus aliados vuelven a manifestarse en la propuesta de un diputado del Partido Liberal (PL)- partido de Flávio Bolsonaro- de revocar el título de Patrona de Brasil a Nuestra Señora Aparecida.

Nuestra Señora Aparecida, que estaba ocupada explicando a un grupo de devotos que no existe tal cosa como “Aparecida do Norte”- pues el municipio paulista se encuentra en el sur y, desde que se emancipó de Guaratinguetá en 1928, se denomina simplemente Aparecida-, se preocupó ante la noticia de la amenaza de revocación de su título. Y, reconozcámoslo, hasta una santa puede indignarse al descubrir que su cargo está siendo objeto de debate en el Congreso. «¿Pero desde cuándo necesito aprobar un concurso público para ser patrona?», habría preguntado la Virgen mientras se acomodaba el manto azul. «No recuerdo haber hecho campaña electoral, repartido estampitas ni prometido partidas presupuestarias».

La historia, por cierto, no comenzó ahora. El 16 de julio de 1930, el papa Pío XI proclamó a Nuestra Señora Aparecida patrona de Brasil, a petición de los obispos brasileños. La ceremonia pública tuvo lugar en 1931, en Río de Janeiro, ante autoridades y una multitud de fieles. A Aparecida, por tanto, le resulta extraña la noticia de que algunos políticos pretenden destituirla de su cargo.

«¿Qué hice de malo?», se pregunta. Tal vez sea el pecado imperdonable de ser negra. Al fin y al cabo, la pequeña imagen hallada en 1717 en las aguas del río Paraíba es negra, y hay quienes todavía se molestan por la presencia de negros ocupando lugares de honor.

Quizás el problema sea que no pertenece a ningún partido. No es de izquierda ni de derecha. No se afilió al PT, al PL, al PSOL, al “centrão” ni a ninguna otra formación política. Nunca solicitó fondos partidistas. Nunca compitió en unas elecciones. Y, sobre todo, jamás prometió aquello que a los políticos les encanta asegurar si son elegidos: el milagro de resolver todos los problemas de Brasil en cuatro años.

Otro detalle desconcertante es que Aparecida goza de la preferencia de los pobres. Eso complica su permanencia en el cargo. Según la propia tradición católica, su devoción se convirtió en un vínculo de unión entre diferentes grupos del pueblo brasileño y se asocia a la solidaridad, a la fraternidad y a la atención a los más pobres.

Pues bien, reconozcámoslo: una santa que insiste en defender a los excluidos puede causar cierta incomodidad en entornos donde a la población necesitada se la suele tener en cuenta solo en época electoral. Tal vez a Aparecida también le intrigue la idea de que los políticos puedan revocar algo que no les pertenece. «Fui encontrada por pescadores, venerada por el pueblo, proclamada patrona por la Iglesia y reconocida oficialmente por el Estado brasileño. ¿Y ahora un político imagina que puede destituirme?»

En 1980, la Ley n.º 6.802 declaró el 12 de octubre día festivo nacional dedicado a la devoción a Nuestra Señora Aparecida y reconoció oficialmente su condición de patrona de Brasil. Por lo tanto, si algún parlamentario quisiera realmente votar su destitución, sugiero que primero promueva una comisión de investigación parlamentaria (CPI).

Primero, escucharían a la acusada: «¿Confirma usted que es Patrona de Brasil?». «Lo confirmo». «¿Es consciente de que ese título podría serle retirado?». «Lo soy». «¿Y pretende apelar?». «No. Prefiero dejar que el pueblo decida en su corazón». Silencio en el plenario. Entonces alguien preguntaría: «¿Tiene alguna consideración final?». Y Aparecida, tal vez sonriendo bajo el manto azul, respondería: «Sí. Cuando terminen de discutir mi título, sugiero que empiecen a discutir el hambre, la pobreza, el feminicidio, el racismo, la desigualdad y el abandono de quienes no tienen voz». Silencio en el plenario.

Tal vez algún diputado susurraría: «Esta santa se está volviendo demasiado política». A lo que otro reaccionaría: «No. Somos nosotros quienes olvidamos que la política debería servir al pueblo». Aparecida, entonces, regresaría tranquilamente a su altar. Al fin y al cabo, ser patrona no es un cargo electivo, no recibe salario y no depende de la reelección. Y, si algún día pierde el título oficial, seguirá siendo aquello que los pescadores encontraron hace más de trescientos años en el río Paraíba: una pequeña imagen negra a la que, desde entonces,el pueblo brasileño insiste en llamar Madre.

Rmh/fb

(1)Un quilombo [a] es un término usado para denominar a los lugares o concentraciones políticamente organizadas de esclavos cimarrones. En el caso de Brasil los quilombos contemporáneos se cuentan por miles y sus habitantes,los quilombolas, son reconocidos constitucionalmente desde los años 80. Desde entonces existe un proceso de restitución de las tierras despojadas e históricamente ocupadas por quilombos.

*Escritor brasileño y fraile dominico, conocido internacionalmente como teólogo de la liberación, Frei Betto es autor de 60 libros de diversos géneros literarios –novela, ensayo, policíaco, memorias, textos infantiles y juveniles y de tema religioso. En dos ocasiones, 1985 y 2005, mereció el premio Jabuti, el reconocimiento literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores. Leer más… Asesor de movimientos sociales como las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, ha participado activamente en la vida política de Brasil en las últimas cinco décadas.

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