sábado 8 de agosto de 2026

1971: Fidel en Chile, un encuentro de dos pueblos (+Fotos +Video)

Santiago de Chile (Prensa Latina) El viaje de Fidel Castro a Chile en 1971 constituyó un gran acontecimiento; el líder de la Revolución cubana recorrió el norte, el centro y sur, visitó fábricas, minas y universidades, y en cada sitio el recibimiento fue multitudinario.
Por:
Carmen Esquivel
Corresponsal jefa en Chile

Fidel llegó el 10 de noviembre y permaneció aquí hasta el 4 de diciembre, en una estancia larga que tuvo entre sus puntos culminantes la bienvenida por el presidente Salvador Allende, el encuentro en la Universidad de Concepción, la visita a la mina de cobre de Chuquicamata y ala salitrera Santa Elena, y el discurso en el Estadio Nacional.

“El liderazgo de Fidel Castro no era solo en Cuba, sino en toda América Latina. Él era un personaje mundial. Por la cantidad de gente que hubo, yo creo que el impacto que produjo su visita fue más fuerte que la del Papa Juan Pablo Segundo cuando llegó a Chile en 1987”.

Así lo recordó en una entrevista con Prensa Latina Pedro Felipe Ramírez, quien en ese momento era uno de los fundadores de Izquierda Cristiana y luego asumiría como ministro de Minería y de Vivienda y Urbanismo.

El 1971 fue muy bueno para la gestión de Allende y uno de los mejores años de Chile, dijo, y recordó que se nacionalizó el cobre y de una manera muy notable porque hubo una aprobación unánime en el Congreso.

Ese fue un paso importantísimo porque avalaba un proyecto principal del Gobierno.

Por otra parte, expresó, continuó la reforma agraria que había iniciado la administración de Eduardo Frei Montalva y se llevaron adelante una serie políticas económicas a nivel de aumento de la producción, de expansión industrial y comercial muy fuerte.

Entonces, en 1971 se recibe a Fidel Castro en un momento en que el gobierno de Allende tiene mucho apoyo, afirmó.

“Nosotros ya como Izquierda Cristiana teníamos buenas relaciones con Cuba y entonces el embajador, Mario García Incháustegui, nos invitó a cenar en su casa.

“Nos citó a las 9:00 PM, una hora típica para cenar en Santiago, pero Fidel se atrasó porque estaba inaugurando una estatua del Che Guevara en la comuna de San Miguel.

“Después de comer nos fuimos a un salón a conversar y, ¡para qué le digo!, la impresión nuestra fue enorme. Primero, el tamaño, era un hombre muy alto y corpulento, yo diría que medía cerca de dos metros.

“Lo segundo que nos impactó mucho fue la conversación. Estuvimos hablando hasta las 3 de la mañana. Claro, gran parte la llevaba él.

“Su calidez humana y amplio conocimiento impresionaron a las personas que estábamos allí. Era una biblioteca, conocía a los dirigentes políticos chilenos, hablaba de un senador o un diputado como si fuera su amigo, se reunió con militares porque él sabía que por allí podría venir el problema.

“Después supe por otras personas que el impacto causado en ellos fue grande, los dejaba con la boca abierta porque sabía de la técnica y la estrategia militar”.

Interrogado por esta agencia sobre cómo caracterizaría al Comandante en Jefe en pocas palabras, Ramírez respondió: “Fidel ha marcado la política mundial. Son figuras que surgen en la humanidad una vez cada 50 años”.

LA CIA TRAS LAS HUELLAS DE FIDEL CASTRO EN CHILE

Un artículo publicado por Archivo Chile, del Centro de Estudios Miguel Enríquez, señala que durante la visita de Fidel al país la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y elementos de la contrarrevolución cubana prepararon tres intentos de atentado contra el dignatario.

Andrés Pascal Allende, quien en ese entonces era miembro de la Comisión Política del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), contó en una extensa entrevista con Prensa Latina que ellos colaboraron con la seguridad del mandatario en el segundo anillo.

Designamos a compañeros del MIR para los actos de masas ya que existía el riesgo de ataques, dijo.

El caso más conocido, recordó, fue el de dos supuestos periodistas acreditados como reporteros del canal Venevisión, quienes dispararían contra Fidel con un arma colocada dentro de una cámara de televisión.

En esa intentona tuvo un papel protagónico el terrorista Luis Posada Carriles, quien en ese entonces residía en Caracas y trabajaba para la policía secreta venezolana. Él fue quien gestionó ante la televisión las credenciales de los falsos periodistas.

A última hora los sujetos se acobardaron y la intentona fue desactivada.

Otro hecho ocurrió durante la visita de Fidel a las minas de cobre de Chuquicamata. En el trayecto, la caravana se detuvo porque un auto entorpecía la vía.

En el maletero del vehículo, aparentemente abandonado, una poderosa carga de dinamita esperaba para ser detonada por control remoto. Pero en el instante de hacerla explotar, falló el dispositivo operado por los asesinos que observaban desde un punto distante y la acción criminal quedó abortada.

El último ocurrió el 4 de diciembre cuando el avión donde viajaba el líder de la Revolución hizo escala en Lima. El objetivo era hacer explotar un artefacto desde la terraza del aeropuerto al paso del Comandante en Jefe, pero el avión en que viajaba Fidel no se detuvo en el sitio calculado por los conspiradores.

FIDEL CASTRO Y SALVADOR ALLENDE: UNA RELACIÓN DE AMISTAD Y RESPETO

Fidel estuvo varias semanas en Chile, se reunió con los mineros y obreros, también con campesinos y mapuches para conocer el proceso de a Reforma Agraria, recordó Andrés Pascal Allende.

El entonces primer ministro de Cuba también conversó con distintas organizaciones, entre ellas, la comisión política del MIR, donde insistió mucho en la unidad revolucionaria y dentro de la izquierda chilena.

“Aunque el MIR no era parte del gobierno de la Unidad Popular, apoyábamos a Allende y estábamos a cargo de su seguridad a través del Grupo de Amigos del Presidente (GAP)”, señaló nuestro entrevistado.

“El GAP se formó a petición de Allende. Teníamos nuestra desconfianza en la clase dominante y en la oficialidad de las Fuerzas Armadas. Creíamos que vendría un golpe de Estado, como ocurrió en el 73, una preocupación que Fidel también compartía”, afirmó.

En su último acto en el Estadio Nacional, Fidel advirtió sobre el peligro del fascismo y la violencia reaccionaria. Sin embargo, él era muy respetuoso del camino institucional adoptado por Allende, a pesar de tener los mismos temores.

Entre Allende y Fidel existía una relación estrecha y una amistad personal. Allende fue de los primeros líderes en apoyar la Revolución cubana. Siendo senador fue a Cuba, y ayudó personalmente a los sobrevivientes de la guerrilla del Che en Bolivia, declaró.

“Yo, como sobrino del presidente, supe que tenían conversaciones muy francas sobre los peligros que enfrentaban los procesos revolucionarios no sólo en América Latina, sino también en Chile en particular”.

Sin embargo, Fidel mantenía un respeto político absoluto hacia Allende, nunca planteó las diferencias que podía tener, ni intervino desde fuera en el proceso chileno.

Pascal Allende señala que una de las discrepancias que tenía la comisión política del MIR con el presidente es que pensaban que había que prepararse para el golpe militar y desarrollar las milicias populares de autodefensa, pero Fidel nunca les entregó armas.

Eso demuestra el respeto que tenía Fidel por Allende. Él apoyó el proceso en Chile, alentó los cambios revolucionarios, pero nunca intervino desde afuera en ese proceso, expresó.

FIDEL EN LA CIUDAD DE CONCEPCIÓN

Uno de los momentos de la visita del primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba que más se comentó en la época fue el viaje a la ciudad de Concepción, donde ofreció un discurso en el Estadio Regional y luego se reunió con estudiantes de la universidad.

“A nosotros nos ha ocasionado una extraordinaria impresión la generosa recepción que ustedes han brindado a nuestra delegación en el día de hoy. Nos decían que la ciudad tenía 190 mil habitantes. Sin embargo, nosotros no nos explicamos cómo pudieron reunirse hoy tantas personas”, dijo Fidel.

En su encuentro con los estudiantes, un representante de la Juventud Socialista le preguntó: “Se dice que este gobierno es reformista, y por lo tanto no se trata de un gobierno revolucionario. ¿Considera usted que nuestra experiencia o vía chilena es un camino revolucionario que nos llevará a la patria socialista?”.

A lo que Fidel respondió: “En realidad yo no soy quien debe juzgar al gobierno chileno. Yo puedo dar mi opinión, pero les voy a decir una cosa: La discusión es entre ustedes. Yo no tengo ninguna prerrogativa para participar en ese tipo de discusiones”.

“De manera que un análisis de los errores y de los aciertos del gobierno yo no puedo hacerlo. Eso es algo que les corresponde en sí por entero a los chilenos”.

“Ahora bien: si a mí me preguntan qué está ocurriendo en Chile, sinceramente les diría que en Chile está ocurriendo un proceso revolucionario”, dijo Fidel, en una intervención ampliamente ovacionada.

El Comandante en Jefe recordó que la Revolución es un proceso con distintas fases: Al niño ustedes no le pueden llamar joven, no le pueden llamar hombre, y mucho menos lo pueden llamar abuelo. Pero es posible que un día llegue a ser bisabuelo. La Revolución tiene distintas fases.

“Y nosotros incluso a nuestra Revolución la hemos llamado un proceso: un proceso es un camino, es una fase que se inicia y, si en la pureza del concepto lo debemos caracterizar de alguna forma, hay que caracterizarla como una fase revolucionaria que se inicia”.

LA DESPEDIDA EN EL ESTADIO NACIONAL

Como despedida y cierre de la visita, el 2 de diciembre de 1971 Fidel Castro y Salvador Allende participaron en un acto masivo en el Estadio Nacional, donde ambos pronunciaron discursos ante un recinto repleto.

“La presencia en nuestra Patria de Fidel Castro es el encuentro de dos pueblos, de dos pueblos unidos por su historia, por sus ansias de justicia, por la lucha, por la auténtica libertad”, dijo Allende en aquella ocasión.

“Fidel Castro ha llegado a nuestra tierra, la ha recorrido desde el norte árido hasta la zona austral, desde la precordillera hasta el litoral. Ha venido no a aprender ni a enseñar. Ha traído su experiencia y su lenguaje.

No ha venido a intervenir en la política interna de Chile, no ha tenido ni una frase que pueda alcanzar más allá de las fronteras a gobernantes de otros países; ha señalado sí, en su lenguaje revolucionario, lo que ha sido Cuba y al mismo tiempo lo que es la revolución, expresó.

Con la investidura de Allende el 3 de noviembre de 1970 comenzó en el país un ambicioso proceso de cambios sociales, económicos y políticos como jamás había ocurrido en la historia.

Como abanderado de la Unidad Popular, Allende no sólo se convirtió en el primer mandatario socialista en ser elegido democráticamente en el país, sino también en el primero en intentar transitar al socialismo mediante la vía pacífica.

La vía chilena, con sabor a empanada y vino tinto, como solía decir el mandatario, reflejaba la intención de crear un modelo arraigado en la cultura, las tradiciones y la institucionalidad nacional.

Pero Allende era consciente de las amenazas y en aquel discurso lo advirtió: “Yo no tengo pasta de apóstol ni tengo pasta de Mesías, no tengo condiciones de mártir, soy un luchador social que cumple una tarea, la tarea que el pueblo me ha dado”, dijo.

Y añadió: “Que lo entiendan aquellos que quieren retrotraer la historia y desconocer la voluntad mayoritaria de Chile: sin tener carne de mártir, no daré un paso atrás; que lo sepan: dejaré La Moneda cuando cumpla el mandato que el pueblo me diera”.

Cuando el líder de la Revolución cubana tomó el micrófono, expresó estar profundamente impresionado por las palabras de Allende.

“El Presidente ha dicho palabras emocionantes y valientes, analizando algunas cuestiones de actualidad. (….) Quienes lo conocemos, sabemos que él no es hombre de frases, que es hombre de hechos”, afirmó.

Fidel destacó la hospitalidad con que el pueblo chileno lo acogió. “Una cosa nos llevamos: el recuerdo imborrable de esta visita, de los afectos, de las atenciones, de los honores que a nuestra delegación ustedes hicieron como representante del pueblo cubano y de la Revolución”.

Y concluyó: “Solo queremos decirle, querido Presidente, a usted y a los chilenos, que con Cuba pueden contar, con su solidaridad desinteresada e incondicional, con lo que esa bandera significa, con lo que esa patria significa”.

Después del golpe de Estado de 1973 contra el gobierno de la Unidad Popular, Cuba acogió a miles de exiliados chilenos y en la isla se formaron cientos de profesionales. Esa historia compartida cimentó una amistad entre ambos pueblos que continúa fortaleciéndose hoy.

arb/car

Colaboraron en este trabajo:
Amelia Roque
Editora Especiales Prensa Latina
Laura Esquivel
Editora Web Prensa Latina
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