viernes 28 de agosto de 2026

Etiopía: Fidel Castro siempre en presente (+Fotos)

Addis Abeba (Prensa Latina) Hablar de Fidel Castro en Etiopía siempre será en presente, sobre todo porque contribuyó a defender la soberanía del país africano, y a cerca de cinco mil de sus jóvenes les abrió las aulas de Cuba para formarlos.
Por:
Nara Romero Rams
Corresponsal jefe en Etiopía

Para Geremew Feyissa Dadi, graduado de Historia del Arte de la Universidad de Oriente, provincia de Santiago de Cuba, no hay ninguna discusión sobre la contribución de Cuba porque envió alrededor de 17 mil combatientes para defender una causa justa en el país del cuerno africano.

Y como sabemos, subrayó el también doctor en Ciencias de Historia, la isla caribeña siempre ha revindicado sus raíces con el continente.

Dadi afirmó que eso se vivió en la práctica en un momento histórico, cuando Etiopía atravesaba un cambio de gobierno de carácter progresista y seguía una política de orientación socialista a partir de mediados de los años 70.

Ante los intentos anexionistas de Somalia, reconoció que Cuba fue uno de los primeros países, “yo diría el único que vino a socorrer o a apoyar esta causa de cambio social que llevaron a cabo los dirigentes revolucionarios de esta nación, dirigida por el camarada presidente Mengistu Haile Mariam (1977-1991)”.

Recordó que el Gobierno de Mogadiscio se estaba preparando para invadir los países vecinos, es decir, Etiopía, Djibouti y parte de Kenya donde habitan los de origen somalí. Se prepararon durante 16 años para crear la gran Somalia, agregó.

FIDEL Y LA DEFENSA DE LO JUSTO

Fue entonces cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro, invitado por el presidente Mengistu Haile Mariam, hizo una visita oficial del 14 al 16 de marzo de 1977. Pero antes, el 18 de julio de 1975, Cuba y Etiopía habían establecido las relaciones diplomáticas, precisó el entrevistado.

“En eso llegaron los cubanos, junto con el ejército de Etiopía, porque también Etiopía ha tenido una tradición militar muy fuerte, incluso el Comandante en Jefe lo reconocía. Si mal no recuerdo, decía que el ejército de Etiopía es capaz de luchar caminando alrededor de 100 kilómetros”, agregó.

¿Por qué la presencia militar cubana es transcendental en la historia contemporánea de Etiopía? Según el profesor de la Escuela de Bellas Artes y Diseño Industrial de Addis Abeba, “si no hubieran venido los cubanos a apoyarnos, otro gallo cantaría (las cosas serían diferentes)”.

“Yo siempre digo, a lo mejor estaríamos hablando somalí. Yo me llamo Geremew Feyissa, a lo mejor me podría llamar Mohammed Hassel, es una expresión más bien, porque la situación es muy crítica”, reconoció.

Cada 5 de marzo, etíopes y cubanos rinden tributo a los caídos en la victoria de Karramara, un hecho que selló con sangre los lazos entre ambos pueblos.

El Parque de la Amistad Etiopía-Cuba, de esta capital, cuenta con dos murales que muestran los retratos impresos en placas de bronce de los rostros de los 163 combatientes de la isla caribeña caídos en la contienda del desierto de Ogadén.

Dadi, orgulloso etiocubano, al recordar las visitas de líder histórico cubano a Etiopía en 1977 y 1978, dijo que la última coincidió con la celebración del cuarto aniversario de la Revolución local y tuvo una recepción muy cálida, sobre todo en Addis Abeba.

“Muchas personas concurrieron a la Plaza de la Revolución, actualmente se llama Plaza de la Cruz, alrededor de medio millón de personas. Y eso demuestra que el pueblo de Etiopía está muy agradecido por todo lo que ha hecho Cuba, no sólo en materia militar, sino en aspectos científicos y también en otorgar becas a los estudiantes”, acotó.

HOMBRES Y MUJERES DE BIEN

Para nuestro entrevistado, con la batalla de Ogadén llegaron los cubanos, y le otorgaron una beca junto a otros casi cinco mil niños y jóvenes que fueron a estudiar a Cuba.

“Yo soy un testigo ocular, yo fui un privilegiado, yo me formé en las aulas cubanas y gracias a eso hoy en día soy profesor en la Universidad de Addis Abeba. Eso abrió un capítulo muy importante e inédito en la historia contemporánea de Etiopía”, aseveró.

Subrayó que, independientemente de todas las presiones que pueda tener, “no debo olvidarme de lo mucho que me han dado. Porque Cuba dio lo que tenía y no lo que le sobraba”.

El profesor etíope se reconoce agnóstico, pero afirmó que lo vivido en Cuba es un cristianismo materializado en la práctica. Porque yo soy un hijo de una familia de origen humilde, y gracias a Cuba hice una carrera que es de primer mundo, que es Historia del Arte, recalcó.

Recordó que al regresar a Etiopía tuvo dificultades para conseguir trabajo. “Era más difícil, pero esa enseñanza, esa confianza de mí mismo, este querer al humano, al prójimo, son valores inculcados que yo aprendí de Cuba”, expresó con orgullo.

Dijo que a su último hijo lo llamó Fidel como un homenaje a este gran líder. “Cuba debe estar siempre orgullosa, nosotros también lo estamos; yo no lo conocí personalmente, y la verdad es que me hubiera gustado”.

De sus años de estudiante, comentó que llegó a la isla caribeña con 10 años, integrando el segundo grupo de mil 200 jóvenes del país africano enviados para recibir estudios técnicos y superiores.

Antes de partir a La Habana, explicó que fueron concentrados en un campamento durante seis meses para recibir enseñanzas políticas y conocer un poco más de lo que años más tarde considerarían su segunda patria.

Viajar pequeño a Cuba, agregó, hizo fácil su adaptación a un nuevo país, con idioma, clima, culturas y tradiciones muy distintas a las suyas.

“Vivíamos en una escuela en el campo, explorábamos la nueva experiencia. Yo creo que el proceso no fue tan difícil, lo difícil fue sobre la marcha, porque nosotros, yo estuve más de 10 años, no volvimos a ver a nuestros padres. Eso fue doloroso”, reflexionó.

A pesar de la añoranza, dijo que el sistema educacional cubano está bien diseñado, “porque los profesores estaban siempre pendientes del aspecto emocional de nosotros”.

ABOGACÍA POR LA VERDAD

Yo pienso que la enseñanza del legado de Fidel Castro está presente en nuestra vida cotidiana, en nuestras relaciones familiares, aseveró Dadi.

Como académico, muchas de las enseñanzas cubanas las aplica en las aulas. “No me canso de hablar del Comandante, porque es una enseñanza viva que yo tengo metida en mi alma. (…) Porque Fidel nos enseñó a hacer abogacía por la verdad, a luchar contra la injusticia”, precisó.

A veces, reconoció, me enfado, “pero veo que muchos de mis conflictos nacen por defender la causa de otras personas”.

Comentó que, a su regreso a Etiopía después de graduarse en Cuba, había romantizado la vida que es normal. Cuando llegué tenía 27 años. Imagínate, ¿qué va a pensar un joven en aquella época? Yo quería fundar el Partido Comunista, crear la cátedra de Historia del Arte, pero “no había puesto bien los pies sobre la tierra, porque regresé a un país conservador”.

Entonces, reflexionó, leer a Fidel ha sido para mí una gran enseñanza, un libro de texto. Como lo decimos en mi mundo de la etnoecología, la cultura material es un libro de texto, son los objetos que tienen movilidad.

“Y los cubanos siendo militares construyeron escuelas en Dire Dawa donde también estuvo Fidel, porque ahí estuvo el contingente militar cubano y en Harar todavía están los grafitis en español. A veces, como yo nací allá, por la mañana me gusta pasear y cuando tú le dices a los demás que estudiaste en Cuba, sientes un respeto, porque está ahí el Comandante Fidel Castro”, dijo con orgullo.

“El pueblo etíope, como lo mencioné antes, es un pueblo que no se olvida de la gratitud, de todo lo que ha hecho Cuba por Etiopía. Algo que yo no quiero borrar y nadie puede borrar, es esa experiencia, ese privilegio, esa enseñanza”, reconoció.

Gracias a Cuba, dijo, a veces soy rebelde, porque digo las cosas de frente, voy en contra de la injusticia, porque lo aprendí del legado del Comandante en Jefe Fidel Castro.

“Y mi último deseo: yo no tengo ninguna formación militar, no sé lo que es un arma, pero si los cubanos precisan de mi sacrificio, estoy dispuesto. Porque a fin de cuentas me voy a morir, como soy un mortal, pero me gustaría morir por una causa justa”, concluyó.

arb/nmr

Colaboraron en este trabajo:
Amelia Roque
Editora Especiales Prensa Latina
Laura Esquivel
Editora Web Prensa Latina
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