Sobre aquel hito en las relaciones entre Cuba y Uruguay, Prensa Latina conversó aquí con el historiador Roberto García, quien hilvanó pasajes, personajes y tiempos en los vínculos entre ambas naciones, que tuvieron en mayo de 1959, hace 67 años, horas trascendentales, “las 44” que duró la primera visita de Fidel Castro a la nación sudamericana.
El profesor de la Universidad de la República (Udelar) investiga desde hace algunos años la trascendencia de la Revolución cubana en el Cono Sur latinoamericano, en particular en Uruguay, cuyo pueblo y autoridades mostraron solidaridad con el proceso libertador y transformador en la isla antillana que derrocó a la dictadura de Fulgencio Batista el 1 de enero de 1959.LO QUE CONSERVA LA HISTORIA
“La pesquisa parte del año 1952, en el que Batista se hizo del poder mediante un golpe de Estado, y culmina en 1964 cuando Uruguay, siguiendo la ola impulsada desde Washington, se convierte en el último país latinoamericano en romper relaciones con La Habana”, explicó a Prensa Latina.
El investigador tuvo acceso al centro de documentación del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, entre otras fuentes primarias. De ahí supo de la labor del embajador uruguayo en La Habana, Julio Casas Araujo, así como sus esfuerzos por salvar la vida a perseguidos por la dictadura.
En Cuba, la represión, sobre todo a partir de 1956, era terrible.
Refirió que a la par en Uruguay se había formado “un movimiento de solidaridad muy fuerte con Cuba, que presionaba a la cancillería a fin de que intermediara y salvara la vida a los perseguidos”.
El representante de Batista en Montevideo se quejaba de no ser recibido por el Consejo Nacional de Gobierno, mientras se repetían las muestras de repudio a la dictadura batistiana y de apoyo al movimiento insurrecto que tenía su cúspide en la Sierra Maestra.
Según mi entrevistado, el triunfo de la Revolución cubana tuvo fuerte repercusión en el continente, donde en varios países gobernaban dictadores al estilo de Anastasio Somoza en Nicaragua y Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana.

La victoria revolucionaria en Cuba significaba un paso de avance ante el retroceso impuesto en Guatemala por el golpe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) contra el gobierno progresista de Jacobo Árbenz, asunto que estuvo bajo el escrutinio del historiador.
De aquellas investigaciones -comenta- encontró a Ernesto Guevara de la Serna, testigo de aquel proceso decapitado en Guatemala,
experiencia de la que se nutrió el argentino antes de su encuentro con Fidel Castro en México y su incorporación a la expedición libertaria.FIDEL CASTRO EN URUGUAY
Regía en Uruguay un estado excepcional provocado por lluvias e inundaciones intensas que afectaron a miles de personas. Tal era el clima imperante cuando llegó el primer ministro de Cuba, Fidel Castro, procedente de Buenos Aires. Era el domingo 3 de mayo de 1959.
Rumores interesados ponían en duda su presencia; la posibilidad de que fuera objeto de un atentado se divulgaba en la prensa.
“En cualquier parte del planeta, Fidel Castro puede ser objeto de una acción de sus enemigos, que no se sabe a ciencia cierta las facilidades que tienen para penetrar en cualquier nación ni los medios con que cuentan para llevar a cabo una venganza”, refería el matutino El Debate.
Pero cuando sobre las 15 horas de aquella jornada el Britannia de Cubana de Aviación aterrizó en Montevideo, el público había colmado el
aeropuerto y desbordado el protocolo previsto.

Acompañado por funcionarios, público y periodistas, el visitante respondió preguntas desde el salón principal de la terminal aérea.
Habló “cuarenta y cinco minutos seguidos y si alguien no sugiere que ‘lo dejaran ir a descansar’, todavía estaría en el Aeropuerto de Carrasco explicando la Revolución cubana a quien quisiera oírlo”, refirió la crónica del diario El País.
Fueron varios los temas tratados por el visitante en su primer encuentro público: Primero que todo conocer la situación de los damnificados por las inundaciones para poder estimar “la ayuda que se necesita”.
Fidel insistió en que los problemas de la región eran “comunes” y por ende debían ser atendidos en conjunto.
Y tercero y concatenado con los dos primeros, hizo definiciones sobre los valores de la democracia liberal. “La democracia es una farsa si hay gente con hambre, gente que no sabe leer ni escribir”, opinó.
Minutos después de las 16:30, el visitante llegó al hotel Victoria Plaza, ubicado en el centro de la capital y dos horas después se personó en el Ministerio de Relaciones Exteriores donde fue recibido por el canciller, constata la reconstrucción histórica.
A las 22:30 arribó al local de Saeta TV donde brindó una conferencia de prensa con asistencia de unos 30 periodistas acreditados. El intercambio se prolongó hasta la madrugada.
En la mañana del 4 de mayo abordó un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya que le trasladó a las zonas inundadas. Estrechó manos y habló
mucho con los pobladores, campesinos, en particular los niños.
Fue una jornada sin pausa. En la tarde concurrió a la Casa de Gobierno, donde le recibió el presidente del Consejo Nacional, Martín Etchegoyen. Participó el consejero Eduardo Víctor Haedo, quien en 1961, al frente del Consejo, recibió en Punta del Este al entonces ministro de Industria de Cuba, el comandante Ernesto Guevara de la Serna.
Fidel Castro compareció durante la tarde-noche en la Explanada Municipal de Montevideo. Una “muchedumbre enfervorizada” de “entre 20 y 40 mil personas” lo esperaba con ansiedad. “Una cifra inusual para la época”, comenta Roberto García.
“América va madurando para la gran tarea que tiene que cumplir en el mundo”, dijo el primer ministro caribeño en medio de la emoción de la multitud.
Y acotó: “Parécenos que si se presentaran hoy ante nosotros, desde Bolívar hasta Martí, desde San Martín hasta Artigas, y con ellos todos los próceres de las libertades de América Latina, nos reprocharían al ver cómo nos encontramos todavía y se preguntarían si esta es la América que ellos soñaron, grande y unida, y no el racimo de pueblos divididos y débiles que somos hoy”.
¡Revolucionarios son los que forjan una obra, revolucionarios son los que llevan adelante a sus pueblos, revolucionarios son los que saben vencer los obstáculos para marchar adelante!, definió entonces el Comandante en Jefe de la Revolución cubana, quien señaló valladares y retos vigentes aún hoy para su patria.
Nosotros, que tenemos condiciones difíciles como posiblemente no las tuvo en el mundo ninguna otra revolución, que tenemos obstáculos grandes como difícilmente los tuvo ninguna otra revolución, solo siguiendo el camino correcto, solo actuando responsablemente podremos salvar a nuestra Revolución, que quiere decir salvar la esperanza, exclamó.
Esa madrugada se reunió durante varias horas con representantes de lo que entonces se llamaba Plenario Obrero Estudiantil, integrado por sindicatos y jóvenes universitarios, solidarios con la causa revolucionaria que él encarnaba.

Antes de las 11 de la mañana siguiente, el estadista cubano partía rumbo a Río de Janeiro. Su breve e intensa estancia en Uruguay dejaba, entre los saldos, unas mil 200 cartas y más de 800 telegramas.
El profesor de la Udelar no puede separar la visita de Fidel Castro de la que realizó a Montevideo en marzo de 1960 el presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower.
Hubo manifestaciones muy fuertes en la Universidad de la República, en el Parlamento “la policía reprimió muy duramente las manifestaciones contrarias a la presencia de Eisenhower”, rememora.
El historiador enfatiza que el gobernante estadounidense traía, a fin de discutir en privado con los presidentes del Cono Sur, un proyecto para intervenir en Cuba, con similar ejecución y propósito a lo ocurrido contra Jacobo Árbenz en Guatemala, en 1954.
“A su retorno a Washington, Eisenhower le firma a la CIA la orden para implementar la invasión contra la isla antillana, la que fue derrotada en Bahía de Cochinos”.
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