jueves 10 de septiembre de 2026

Fidel Castro y México: Una historia clave para la Revolución (+Fotos +Video)

Ciudad de México (Prensa Latina) Pocas naciones comparten, como Cuba y México, una historia de hermandad y afinidades forjadas desde las luchas independentistas del siglo XIX hasta otro momento decisivo: la salida por Veracruz del yate Granma en 1956.
Por:
Lianet Arias Sosa
Corresponsal jefa en México

Ese acontecimiento, que marcaría el rumbo de la Revolución triunfante en la isla pocos años después, remite casi instantáneamente a la presencia de los expedicionarios en esta nación norteamericana, su preparación y la impronta entonces y ahora de quien los lideraba: Fidel Castro.

El futuro dirigente del proceso de transformaciones en Cuba había partido de la mayor de las Antillas en 1955, después de la amnistía otorgada por la tiranía de Fulgencio Batista a los sobrevivientes del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, ocurrido dos años antes.

Disímiles voces coinciden en que el guía de esa generación entró a México por Mérida, capital del estado de Yucatán; pasó por Campeche, también en el sureste de la nación, y continuó viaje por Veracruz hacia esta capital, donde encontró a personas clave para la causa cubana.

María Antonia González es quizá uno de los nombres más emblemáticos ligados a la estancia de los miembros del Movimiento 26 de Julio en estas tierras, no solo por la carta que el joven Ernesto (Che) Guevara escribiera en su despedida a Fidel en 1965.

En la casa de esta cubana emigrada, situada en la calle José de Emparán 49 de la colonia Tabacalera, muy cerca del capitalino Monumento a la Revolución, Guevara conoció, por mediación de Raúl Castro, a quien encabezaría la insurrección en la isla.

También allí se sucedieron otros encuentros y reuniones, se trazaron estrategias y se acumularon armas de fuego necesarias para emprender la lucha y derrocar a Batista, quien sometía al país a la bota de Estados Unidos y a su pueblo, a la injusticia social.

LA FAMILIA VANEGAS

Mediante María Antonia, casada con el luchador Dick Medrano, Fidel Castro entró en contacto con Arsacio (El Kid) Vanegas, también combatiente del ring, pero propietario además de una imprenta famosa antes, durante y después de esos años definitorios para la nación antillana.

En una exposición en meses recientes, la familia Vanegas mostró desde obras del artista mexicano José Guadalupe Posada (1852-1913), creador del icónico personaje de La Calavera Garbancera, hasta impresos sobre la independencia de Cuba, cancioneros y otras publicaciones de la época.

Bajo el nombre Cuatro revoluciones de México y Cuba en la imprenta Vanegas Arroyo, la exhibición -que permaneció hasta febrero en el Centro Vlady-, reveló también documentos y fotografías sobre la estancia de los revolucionarios del país caribeño en la década del 50 del siglo pasado.

En diálogo con Prensa Latina, el director de la institución, Fernando Gálvez, señaló entonces cómo se iban cruzando en las salas de la muestra “las historias de la independencia de ambas naciones, luego de la revolución mexicana y posteriormente de la cubana”.

“El Kid (Vanegas) era un luchador profesional, pero al mismo tiempo el dueño de la imprenta en el momento que se conocieron con los cubanos”, contó Gálvez, al referir que allí se imprimieron manifiestos del movimiento y Vanegas fue, además, el preparador físico de los jóvenes.

Una imagen de Raúl Castro y Jesús Reyes tomada en septiembre de 1955 en esta ciudad; de Guevara en su ascenso al Popocatépetl en octubre de ese mismo año, o de Fidel observando las prácticas en el campo de tiro Los Gamitos, en marzo de 1956, fueron algunas de las instantáneas presentadas.

Sobresalió igualmente una fotografía de la ficha de detención del futuro líder de la Revolución, levantada por la Dirección Federal de Seguridad ese mismo año tras ser aprehendido junto a otros jóvenes en la capital, donde permanecieron encarcelados varios días.

De allí saldrían libres gracias a la intervención del expresidente mexicano Lázaro Cárdenas (1934-1940), quien en 1959 estaría presente junto a Fidel Castro en la primera celebración en La Habana por el aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

Cárdenas, artífice de la nacionalización de la industria petrolera en México, fue una voz firme dos años después en la condena a la invasión mercenaria organizada por Estados Unidos, que fracasaría estrepitosamente en su objetivo de derrocar al joven gobierno de la isla.

La familia Vanegas también atesora objetos como vestimentas que el líder histórico de la Revolución cubana usó durante su estancia en el inmueble de la calle Penitenciario 27, en la Ciudad de México, donde comieron y durmieron muchos de los expedicionarios.

Allí permanece además, entre un sinfín de fotografías y libros dedicados por los revolucionarios tras el triunfo del 1 de enero de 1959, una carta enviada por Fidel Castro en 2001, en la cual transmite su pesar por el fallecimiento de Arsacio.

También es México el país de Antonio del Conde (El Cuate), ligado indisolublemente a la Historia de Cuba y al líder de su Revolución por encargarse de la compra del yate Granma y ser pieza clave en la epopeya que marcaría la liberación definitiva del país.

Aquí, además, Fidel -como dirigente del Movimiento 26 de Julio- y el fundador del Directorio Revolucionario cubano, José Antonio Echeverría, firmaron la Carta de México en agosto de 1956 con el propósito de unir fuerzas para derrocar a Batista.

UN MODELO EJEMPLAR

El doctor en Estudios Latinoamericanos Enrique Camacho Navarro, especialista del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe, de la Universidad Nacional Autónoma de México, comentó en conversación con Prensa Latina sobre el paso de Fidel y sus compañeros por esta nación.

Consideró su presencia y la de sus compañeros como de gran significación, porque hallaron un país donde podían planear una expedición como la del yate Granma, a la vez que mantenían contacto con los dirigentes revolucionarios que se encontraban en la isla.

El investigador señaló que aquí Alberto Bayo los entrenó militarmente, al tiempo que resaltó el rol desempeñado por el embajador de México en La Habana, Gilberto Bosques (1953-1964), en apoyo a la causa de la Revolución.

A pocos días de conmemorarse el centenario del natalicio de Fidel Castro, Camacho afirmó que “su impacto como personaje que marca una posición muy firme en contra del imperialismo es una presencia que permanece y permanecerá por mucho tiempo”.

“Sobre todo a partir de los primeros años de la Revolución, se convierte en un modelo ejemplar que deberían seguir las juventudes actuales. Me refiero al joven idealista, que lucha por su ideal, que se mantiene firme en la preparación, en la estructuración del camino” hacia su meta, enfatizó.

En su opinión, ese idealismo debería prevalecer para que las naciones alcancen en la actualidad el respeto merecido a su soberanía e independencia, en un contexto marcado por la agresividad del gobierno de Estados Unidos.

Después del triunfo de 1959, Fidel Castro regresó en varias ocasiones a México, la única nación -con sus matices por administración de turno- que nunca rompió relaciones con Cuba y mantuvo siempre su condena al bloqueo económico, comercial y financiero que le impuso Washington.

Ese vínculo entre los dos países quizá tenga sus momentos más icónicos en la solidaridad a toda prueba del exmandatario mexicano Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) y de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha sostenido su apoyo a la isla frente al endurecimiento del cerco.

arb/las

Colaboraron en este trabajo:
Amelia Roque
Editora Especiales Prensa Latina
Laura Esquivel
Editora Web Prensa Latina
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