jueves 22 de octubre de 2026

La Crisis de Octubre, valentía y dignidad del pueblo cubano

La Habana (Prensa Latina) La Crisis de Octubre de 1962, conocida también como del Caribe o de los misiles, fue la primera vez en que la humanidad estuvo al borde de la guerra nuclear y demostró la valentía del pueblo cubano de defender su independencia frente a Estados Unidos.

Por Pedro Rioseco López-Trigo*

Colaborador de Prensa Latina

En opinión de especialistas en relaciones internacionales, dentro de la confrontación histórica entre Cuba y los Estados Unidos, esta crisis fue el incidente más peligroso por el que atravesaron ambos países y el mundo durante el período de la Guerra Fría.

Del 22 al 28 de octubre de 1962 el pueblo cubano vivió en las trincheras, en Pie de Guerra como titularon los periódicos, con plena confianza en su Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y la dirección de la Revolución, sabiendo que ante los preparativos de invasión por Estados Unidos se estaba defendiendo el sagrado derecho a la independencia y la soberanía.

Hacía tres años que había triunfado la Revolución cubana y durante todo ese tiempo el gobierno norteamericano trató de derrocar al gobierno revolucionario en diversas formas sin lograrlo, incluida la derrota sufrida por la invasión mercenaria en Playa Girón, en abril de 1961.

Esa derrota resultó sumamente humillante para el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy; al decir de su hermano y algunos de sus asesores directos, la derrota no lo llamó a la cordura sino a la revancha, y aplicó un nuevo plan de operaciones encubiertas a fines de 1961: la Operación Mangosta.

La operación debía aportar el pretexto para una nueva invasión a Cuba, esta vez directamente con las fuerzas armadas norteamericanas. Ante la inminente invasión, Cuba se movilizó y sus aliados internacionales también.

Al considerar los dirigentes soviéticos que Cuba no sería capaz de resistir la agresión militar directa de Estados Unidos, propusieron emplazar en la isla un contingente de tropas soviéticas con cohetes nucleares de alcance medio que fueran capaces de alcanzar el territorio de Estados Unidos.

Consideraron que esa sería la única forma de impedir la agresión, ya que en estas condiciones la misma ya no sería solo contra Cuba, sino una confrontación directa con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Estimaron los soviéticos, además, que el traslado de los cohetes debía ser realizado en el más estricto secreto, dando a conocer su presencia en la isla solamente cuando estuvieran emplazados y listos para el combate.

Tenían en cuenta que Estados Unidos, a través de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), ya tenían emplazados en Europa cohetes nucleares de alcance medio que llegaban al territorio soviético, por lo cual concluían que ante el hecho consumado, los norteamericanos tendrían que aceptar la presencia de los cohetes en Cuba, al igual que ellos tuvieron que aceptar sus cohetes en Turquía, Italia e Inglaterra.

En las concepciones defensivas de la máxima dirección cubana, los misiles nucleares no estaban comprendidos, pero pese a la conciencia de los líderes de la isla de que su presencia en el territorio insular podía afectar el prestigio de la Revolución, se aceptó la instalación de los cohetes para cumplir un principio ineludible de apoyo internacionalista con el campo socialista y la URSS.

Para hacer la proposición a los dirigentes de la isla fue enviada con urgencia una comisión de alto nivel, que llegó a La Habana el 29 de mayo y esa misma noche expuso el objetivo de su viaje al primer ministro, Comandante en Jefe Fidel Castro.

El líder de la Revolución expresó luego que en ese momento entendió que ellos estaban interesados en instalar los proyectiles, pues habría significado un cambio en la correlación de fuerzas y una mejoría en la posición militar de la Unión Soviética y de todo el campo socialista.

El dirigente cubano hizo algunas preguntas y planteó que necesitaba reunir a la dirección del país para informar y tomar una decisión.

“A mí, personalmente, no me gustaba la presencia de esa base militar soviética en Cuba, por una razón de imagen de Cuba, de imagen de la Revolución Cubana. Pero no lo analizamos como una cuestión de gusto o no, sino desde el punto de vista ético y moral.

“Si deseábamos que los soviéticos nos apoyaran en caso de una agresión, sería inmoral oponernos a la presencia de esas armas en nuestro país, puesto que ellas fortalecían también a la Unión Soviética. Por eso dimos una respuesta positiva”, reconoció posteriormente Fidel.

El 20 de junio de 1962, el Estado Mayor General de la entonces URSS aprobó la jefatura y composición de la Agrupación de Tropas Soviéticas (ATS) que participaría en la Operación Anadyr.

El comandante Raúl Castro viajó a Moscú del 3 al 16 de julio y reiteró el criterio del Comandante en Jefe Fidel Castro, de hacer público el acuerdo militar cubano-soviético como acto soberano entre dos Estados.

En cambio, la parte soviética insistió en mantener la operación en secreto, algo imposible de lograr debido a su envergadura y al sobrevuelo sistemático de la aviación de exploración norteamericana.

A finales de julio, las unidades de la ATS iban ocupando los lugares que les correspondían en el orden combativo previsto. Aunque los medios de la división de cohetes estratégicos aún no había llegado, se trabajaba intensamente en la preparación de los emplazamientos, seleccionados para dos regimientos de cohetes de alcance medio:

Al norte de Santa Cruz de los Pinos-San Cristóbal-Candelaria, provincia de Pinar del Río, y un regimiento en Sitiecito-Calabazar de Sagua, provincia de Las Villas, mientras los dos regimientos de cohetes de alcance intermedio se ubicarían en Guanajay (meseta del Esperón), provincia de Pinar del Río, y en Remedios-Zulueta, provincia de Las Villas.

Tras la llegada a Cuba de las unidades de la ATS, la inteligencia de Estados Unidos había determinado la presencia en la isla de cohetes antiaéreos, aviones caza MiG-21, construcciones no identificadas y la existencia de especialistas militares soviéticos. El 9 de octubre el presidente Kennedy ordenó vuelos de aviones tipo U-2 sobre Cuba, para obtener evidencias fotográficas.

El 15 de octubre un equipo de interpretación fotográfica identificó en los alrededores de San Cristóbal varios objetos similares a los componentes de los emplazamientos de los cohetes de alcance medio SS-4 (R-12 para la URSS).

En Estados Unidos casi existía consenso a favor de una acción militar, pero desconocían que, de producirse, ya había en Cuba decenas de cargas nucleares para los cohetes tácticos, destinadas a rechazar un desembarco en la isla, por lo que cualquier acción drástica de las fuerzas norteamericanas hubiera elevado el riesgo de una guerra nuclear mundial.

Desde el 21 de octubre, las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos pasaron de las condiciones de tiempo de paz (DEFCON–5) a la de alta alerta (DEFCON–3) y fue ordenado reubicar los medios de Defensa Antiaérea para estar en mejores condiciones de combate, reforzar la base naval de Guantánamo, así como evacuar a los familiares y civiles de aquel enclave, aumentar la vigilancia y desplegar las fuerzas que impondrían el bloqueo.

El 22 de octubre de 1962 (lunes), se anunció que Kennedy hablaría a las 7:00 OM para dar a conocer acontecimientos extraordinarios a la población de Estados Unidos, y teniendo en cuenta una serie de movimientos militares que se habían detectado en el sur de Estados Unidos, el Comandante Fidel Castro apreció que eso estaba relacionado con Cuba y con los cohetes soviéticos.

Dadas esas circunstancias, ordenó poner en Situación de Alerta a las FAR a las 3:50 PM, y a las 5:35 PM decretó la Alarma de Combate para toda la nación, casi hora y media antes de que hablara Kennedy.

El pueblo cubano respondió masiva y firmemente al llamado de la Revolución. Nunca antes se había sentido tan cercano el peligro de la agresión militar directa; sin embargo, el país se preparó tranquilamente para enfrentar y resistir el bloqueo total, golpes aéreos limitados o masivos, una invasión directa y la eventual ocupación de territorios.

A pesar de la alarmante situación y del peligro inminente, en el país reinaban el orden y una relativa tranquilidad. En distintos puntos de La Habana y otras ciudades estaban emplazadas baterías de armas antiaéreas y cientos de miles de personas estaban movilizadas.

A las 7:06 PM, el presidente Kennedy firmó la “Proclamación 3504”, en la que se declaraba que la “cuarentena” de Cuba se establecería el 24 de octubre.

El 26 de octubre (viernes) a partir de la mañana se incrementaron los vuelos rasantes sobre Cuba, con lo que aumentaba el peligro de un golpe aéreo sorpresivo. El Comandante Fidel Castro tomó la decisión de disparar contra todo avión que violara el espacio aéreo a partir del amanecer del 27 de octubre.

Ese propio día de 1962 un avión U-2 había ingresado al espacio aéreo de la isla, voló a lo largo de la misma y fue derribado, pereciendo el piloto, mayor Rudolf Anderson Jr.

Durante esa tarde, en Washington, se recibió una carta de Nikita Jrushchov para el presidente Kennedy, en la que planteaba:

“Si se dieran aseveraciones del Presidente y del Gobierno de los Estados Unidos, de que ese país no participará en la invasión a Cuba e impedirá a otros que realicen actos similares y si ustedes retiran su flota, esto cambiaría de inmediato (…) Entonces cesaría también la cuestión sobre el armamento, ya que si no hay amenaza el armamento es una carga para cualquier pueblo”.

Finalmente decidieron enviar a Jrushchov una carta respondiendo a la recibida en la tarde anterior. El contenido fundamental del mensaje era: “Si he leído bien su carta, los elementos básicos de sus proposiciones que -en general me parecen aceptables- son los siguientes:

“Ustedes retirarán estos sistemas de armamento de Cuba, bajo la adecuada inspección por la ONU, y se comprometerán, con las debidas garantías, a no introducir, en lo sucesivo, armamento de esta clase. Por nuestra parte nos comprometemos:

a) a levantar rápidamente el bloqueo; b) a dar garantías de que Cuba no será invadida. No veo ninguna razón que nos impida completar este arreglo y anunciarlo al mundo dentro de un par de días”.

El presidente Kennedy encargó a su hermano que se encontrara con el Embajador de la URSS y le comunicara un mensaje verbal para su transmisión a Jrushchov. Su esencia consistía en que, si los cohetes no eran retirados inmediatamente, los Estados Unidos iniciarían las acciones combativas no más tarde de los primeros días de la semana siguiente, es decir, el 29 o 30 de octubre.

También se planteó que estaban dispuestos a retirar los cohetes norteamericanos de Turquía e Italia, lo que se haría de cuatro a seis meses después de la salida de los proyectiles soviéticos de Cuba, pero este aspecto debía ser mantenido en secreto. Kennedy pidió que transmitieran que el presidente estaba sometido a una presión muy fuerte por los militares.

El 28 de octubre (domingo) en la capital soviética era examinada la proposición del presidente de los Estados Unidos sobre la retirada de los cohetes soviéticos de Cuba a cambio de la garantía de no invadir el país; también se tenían en cuenta las informaciones transmitidas por Fidel Castro y los militares soviéticos acerca de la inminencia del ataque.

Finalmente aprobaron la decisión. Teniendo en cuenta la urgencia del momento decidieron no esperar por la lentitud del cifrado y los métodos normales para enviar los mensajes, sino transmitir la carta de Jrushchov a Kennedy en texto claro por Radio Moscú:

“Veo con respeto y confianza la declaración (…) de que no se cometerá un ataque contra Cuba (…) Entonces los motivos que nos impulsaron a prestar una ayuda de ese carácter desaparecen. Por eso hemos dado instrucciones a nuestros oficiales (…) de adoptar las medidas para que cese la construcción de esos objetivos, para su desmontaje y devolución a la Unión Soviética”, dijo Jrushchov.

Cuando la dirección cubana supo por la radio del acuerdo, hecho sin consultarla, manifestó de inmediato su inconformidad, pues la garantía de la palabra del presidente norteamericano tenía muy poco valor en la experiencia cubana.

Por eso, en la tarde de aquel domingo el Comandante Fidel Castro planteó sus conocidos “Cinco Puntos”, manifestando que: No existirían las garantías de que hablaba Kennedy, si, además de la eliminación del bloqueo naval que prometía, no se adoptaban las medidas siguientes:

1) Cese del bloqueo económico y de todas las medidas de presión comercial y económicas que ejercen los Estados Unidos contra Cuba. 2) Cese de todas las actividades subversivas, lanzamientos y desembarcos de armas y explosivos por aire y mar, organización de invasiones mercenarias, infiltración de espías y sabotajes. 3) Cese de los ataques piratas. 4) Cese de todas las violaciones del espacio aéreo y naval por aviones y navíos de guerra norteamericanos. 5) Retirada de la Base Naval de Guantánamo y devolución del territorio cubano ocupado por Estados Unidos”.

Los gobernantes norteamericanos no quisieron ni oír hablar de los cinco puntos, considerándolos como un programa inalcanzable entonces.

Simultáneamente Cuba y la URSS también dirigieron al Consejo de Seguridad sus quejas sobre las acciones agresivas y violaciones del derecho internacional de los Estados Unidos, y solicitaron una reunión urgente.

En la carta del gobierno cubano al presidente del Consejo de Seguridad Nacional, se señalaba que el bloqueo naval decretado por el gobierno de los Estados Unidos constituía una acción unilateral y un acto de guerra establecido a espaldas de los organismos internacionales.

El Consejo de Seguridad de la ONU se reunió el 23 de octubre para escuchar los planteamientos de los representantes de las tres naciones involucradas. El representante cubano Mario García Incháustegui fue invitado a participar en el debate ya que no era miembro del Consejo de Seguridad.

El representante cubano afirmó que la isla se había visto precisada a armarse ante las agresiones reiteradas de Estados Unidos y negó que las armas de Cuba fueran una amenaza para sus vecinos, pues eran puramente defensivas. Criticó fuertemente a Washington por enviar sus barcos y aviones a la isla para después recurrir a la ONU.

Al concluir su discurso, el representante cubano sentó la posición de principio de la isla de no dejarse inspeccionar, pues lo primero que había que hacer era inspeccionar las bases norteamericanas de donde salían las invasiones y que no se aceptarían observadores de ningún tipo en asuntos que competían a la jurisdicción interna de Cuba.

Igualmente presentó a las Naciones Unidas un documento relacionando los sabotajes, ataques piratas y atentados terroristas realizados ese año contra Cuba con apoyo estadounidense.

El 29 de octubre comenzó unilateralmente el desmantelamiento de los emplazamientos coheteriles soviéticos y el 31 los trabajos habían finalizado. Comenzó entonces un prolongado litigio motivado por la exigencia norteamericana de que fueran retirados también los bombarderos ligeros IL-28; vendrían nuevas amenazas y tensiones que se prolongarían otras tres semanas.

Durante este periodo exigieron también la verificación del desmantelamiento y salida de los cohetes, cuestión que los dirigentes cubanos, enfáticamente, nunca permitieron.

El martes 30 de octubre el secretario general interino de la ONU, U Thant, viajó a La Habana para entrevistarse con Fidel Castro. En sus conversaciones con la alta dirección del país, quedaron delineadas las firmes posturas de Cuba.

Se planteó que no se permitiría ninguna inspección de control en territorio cubano para verificar la retirada de los cohetes, pues Cuba no había violado ninguna ley internacional, y, en cambio, Estados Unidos sí lo había hecho y nadie controlaría el cumplimiento de su palabra de no invadir a Cuba.

Las posiciones y planteamientos de U Thant en torno a la Crisis de Octubre y las valoraciones positivas que sobre su persona dio la máxima dirección de Cuba, influyeron en que el gobierno de Estados Unidos evitara luego una discusión amplia en Naciones Unidas sobre la crisis y la participación directa de U Thant en las negociaciones. Poco a poco Washington fue sacando el tema del marco de las Naciones Unidas.

Por concesión de los soviéticos la salida de los cohetes fue verificada en el mar, fuera de las aguas jurisdiccionales de Cuba, y en la isla se cerraba este capítulo heroico calificado por Ernesto Che Guevara en su carta de despedida cuando dijo: “Sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe. Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días”.

arb/prl

*Periodista cubano.

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