miércoles 21 de octubre de 2026

El Salvador: Más allá del azul, el legado artesanal de Suchitoto

Suchitoto, El Salvador (Prensa Latina) Todo comenzó con la idea de atraer un poco de moda e innovación a Suchitoto, El Salvador, pero luego una de las tradiciones más emblemáticas de la localidad la atrapó, el trabajo con el añil.

Por Teyuné Díaz Díaz

Corresponsal jefa en El Salvador

Médica de profesión y empresaria de corazón, así se definió Axa Escobar mientras conversaba con Prensa Latina sobre cómo surgieron Kimimi y Toshiku en 2020, tiendas que pasarían de llevar moda a Suchitoto a transformarse en bazares de variedades relacionadas con el añil, ese pigmento natural de color azul intenso. Escobar explicó que su aspiración es fusionar la tradición y la moda porque a su juicio las tradiciones no tienen por qué quedarse de una sola forma, sino que para trascender también se pueden presentar de manera que resulten atractivas para que las nuevas generaciones se enamoren del añil, tal como le ocurrió a ella.

Tiene riqueza e historia, representa nuestra tradición y cultura y, además, tuvo un gran auge económico en El Salvador, comentó mientras le brillaban los ojos al sumergir una pieza en el profundo color índigo.

Comenzó a crear sus propias prendas en 2022, luego de investigar y recibir clases porque el trabajo con el pigmento requiere más que deseos; necesita conocimientos, implica amor, atención y paciencia, pues una sola pieza puede tardar (en dependencia de la técnica) de una a dos semanas, incluso hasta un mes.

Tales características son parte esencial del atractivo de trabajar con añil, aseveró.

Los vestidos de pasarela presentados en el VIII Festival del Añil, celebrado en septiembre, llevaron casi un mes de elaboración, cosiendo, descosiendo, tiñendo, pero con un resultado encantador, recordó.

Al comentar sobre las técnicas que utiliza, mencionó tie-dye, itajime, shibori, seka, katasome, batik, así como el teñido directo con añil, unido a otras variantes, pues cada procedimiento permite obtener diferentes patrones y tonalidades, de forma que cada pieza es un trabajo único.

Entre las más trabajosas técnicas señaló la shibori, pues implica realizar costuras y pliegues a las telas para generar diferentes resistencias al pigmento. Se puede pasar cerca de una semana cosiendo alrededor de cinco yardas de tela y posteriormente, varios días más, en el proceso de teñido y desmontaje de las piezas.

Aunque se trata de un trabajo minucioso, el esfuerzo adquiere sentido cuando observa la prenda terminada. “Todo vale la pena cuando ya una la ve elaborada”, aseguró mientras sacaba de un balde azul una pieza verde que cobraba color azul al entrar en contacto con el oxígeno.

EL PROCESO, EXPLICADO POR AXA ESCOBAR

El proceso de fermentación de las hojas de la planta xiquilite tarda entre 10 y 15 días, luego pasa a un obraje, se oxigena la planta, le sigue la fermentación, después transita por unas piletas, donde queda un sedimento al fondo, y ese producto se saca del agua para colocarlo al sol a fin de quedar en forma de terrones que luego son pulverizados.

Polvo que llega a manos de los artesanos para utilizarlo en telas orgánicas como algodón, seda o lana, en dependencia del tipo de pieza a elaborar y del diseño a utilizar, resume Escobar en apretada síntesis.

Uno de los momentos que refleja la particularidad del añil ocurre durante el teñido, dijo y mostró una pieza trabajada con la técnica itajime, mediante la cual bloques de madera generan zonas de resistencia para impedir que el pigmento penetre determinadas partes de la tela.

Al salir del baño de añil, continuó, la tela inicialmente posee un tono verdoso, pero al entrar en contacto con el oxígeno ocurre una reacción de oxidación-reducción que transforma progresivamente el color hasta alcanzar el característico índigo, cuya intensidad dependerá, entre otros, por la cantidad de inmersiones utilizadas por el artesano.

MÁS QUE TRADICIÓN

A juicio de Escobar, no se trata solo de mantener viva la tradición, sino que también implica abrir oportunidades para otras personas, pues su emprendimiento genera trabajo directo para unas cinco familias, principalmente para mujeres.

Entre ellas, solteras y jóvenes a quienes además de brindarles una fuente de ingresos les enseña las técnicas añileras, y precisó que algunas de sus colaboradoras comenzaron a aprender el oficio y a involucrarse cada vez más en el proceso creativo.

Según explica Escobar, más allá de conservar una tradición, su propósito es demostrar que la cultura puede dialogar con la moda y encontrar nuevas formas de llegar a las generaciones de jóvenes.

“Las tradiciones no tienen por qué quedarse de una sola forma, sino que también las podemos presentar a generaciones nuevas y que se enamoren así como nosotros del añil”, sostuvo. De ahí que en cada pieza busca combinar la preservación de la historia del añil salvadoreño, mientras experimenta con diseños, técnicas y formas contemporáneas para vestirlo.

Resultado que, en su opinión, es una manera de mantener viva una tradición y una prenda más allá del azul, de tal manera que desborde historia, artesanía y una profunda conexión con la identidad de Suchitoto.

arb/tdd

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