jueves 10 de septiembre de 2026

Wifredo Lam, el más universal de los pintores cubanos

La Habana (Prensa Latina) Wifredo Oscar de la Concepción Lam y Castilla, el más universal de los pintores cubanos, murió a los 80 años en París el 11 de septiembre de 1982, tras ocupar lugares cimeros en grandes galerías del mundo con una obra integradora de elementos de origen africano y chino presentes en Cuba.

Por Pedro Rioseco*

Colaborador de Prensa Latina

Sus pinturas tienen un lugar permanente en los principales museos de Europa, Estados Unidos y en otros países del mundo. Entre sus principales creaciones destacan La jungla, La silla, Malembo, Canto a Camosis, Arpas cardinales, Presente eterno, Escalopendre, Flor luna, Luz de arcilla y Rumor de tierra.

Entre sus exposiciones personales sobresalieron en el First Papers of Surrealism en Nueva York, las de surrealismo en París, Praga, Milán, en Cuba y en el Instituto de Arte Moderno de Chicago, entre otros centros culturales del mundo.

Lam nació el 8 de diciembre de 1902 en un barrio humilde de Sagua la Grande, Villa Clara, hijo de un comerciante y escribano chino y una mulata criolla, por lo que llevaba en su sangre una mezcla africana, española, china y aborigen.

Desde sus primeros años demostró inclinación hacia el dibujo y la pintura, y el Museo de Historia de su localidad natal atesora algunas de sus pinturas de edad temprana.

En 1920 matriculó en la Escuela Profesional de Pintura y Escultura San Alejandro, en La Habana, donde estudió hasta 1923. Los retratos y paisajes que realizó allí le abrieron de inmediato las puertas de la Asociación de Pintores y Escultores de La Habana y de sus Salones de Bellas Artes.

Viajó a España en 1923 para estudiar pintura como becario del ayuntamiento de Sagua la Grande. Estudió en la Academia de San Fernando de Madrid, recorrió diferentes sitios de la geografía peninsular y construyó un vocabulario visual que evolucionó de los retratos y el paisaje de corte académico hacia los temas y lenguajes del arte moderno.

Participó en la defensa de la República Española. Integró las brigadas artísticas internacionales y el sindicato de pintores de la Unión General de Trabajadores (UGT), para el cual realizó carteles de propaganda durante la contienda. Pintó en 1937 una gran tela titulada La guerra civil, inspirada en el drama bélico, que está en una colección privada en Caracas.

En 1938 se trasladó a vivir a París, Francia, donde conoció al artista español Pablo Picasso con quien sostuvo estrecha amistad. Este lo introdujo en el mundo artístico parisino, en el cual intimó con André Breton -ideólogo del surrealismo-, Benjamin Péret, y otros reconocidos poetas y escritores europeos.

Su gracia personal le permitió insertarse en los círculos más selectos de las vanguardias artísticas de la primera mitad del siglo XX, y su lenguaje plástico evolucionó con celeridad hacia un estilo muy sobrio, de simplicidad compositiva y esquematismo formal deudores del cubismo.

Pintó series de figuras aisladas, parejas, maternidades y familias, y entre ellas sobresalieron El desastre, de 1938 (colección privada, Miami), y Dolor de España, de 1938 (colección privada, París).

El 30 de junio de 1939 inauguró su primera exposición personal de importancia en la Galería Pierre de la capital francesa. Meses después expuso en Gouaches by Picasso y luego en Drawings by Wifredo Lam, en la Perls Galleries de Nueva York. Cuando estalló la II Guerra Mundial, Lam se trasladó a Marsella e ilustró un poema de André Breton que aparece en el libro Fata Morgana (1940).

Se embarcó en el buque Pont de Merle con los escritores André Breton, Claude Levi Strauss, Víctor Serge y otros 300 intelectuales. Fue hecho prisionero en la isla Martinica y lo internaron por 40 días en un campo de concentración.

Los años posteriores a su regreso a Cuba en 1941 representaron el período decisivo en su carrera.

“Imprimió ciertos giros a la tradición pictórica euroccidental dentro de la cual se había formado, al crear nociones híbridas hasta entonces inéditas en la historia del arte. Las visiones y vivencias de su infancia, el mítico paisaje insular, la incorporación de contenidos e iconografías procedentes de los sistemas mágico-religiosos de origen africano extendidos en el Caribe y en Cuba, intervinieron en la definición de su arte”, señalan sus críticos.

En ese período pintó una extensa serie de óleos y temperas. Entre ellas, La silla (Colección del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana), La Jungla (Colección del MoMA de Nueva York) y La mañana verde, todas de 1943.

En particular, La Jungla ha sido interpretada como la síntesis de un ciclo antillano, en virtud del espacio barroco dominante y la atmósfera creada por la asociación de lo humano, lo animal, lo vegetal y lo divino.

Lam pasó el período comprendido entre 1947 y 1952 entre Cuba, Nueva York y París. Viajero incansable, en 1952 retornó a Europa, desde donde articuló conexiones con el resto del mundo a través de viajes y exposiciones y proyectó con mayor fuerza la universalidad de su obra.

En 1955 expuso en la Universidad de La Habana, en gesto solidario con los estudiantes que se oponían a la dictadura de Fulgencio Batista.

En sus continuas visitas a Cuba exhibió pinturas, dibujos y grabados en galerías y museos entre 1962, 1963, 1966 y 1977. En 1967 fue uno de los artífices del traslado del Salón de Mayo de París a La Habana.

Una selección de su imaginario está permanente en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, y su obra ha inspirado monografías, poemas, cientos de ensayos, artículos, reseñas, documentales, programas de radio y de televisión.

Falleció en 1982 en París a los 80 años. El año anterior le había sido impuesta la Orden Félix Varela, la más alta distinción que en el terreno de la cultura confiere el Estado cubano. Por voluntad expresa, sus restos fueron trasladados a Cuba, donde recibe el homenaje eterno de su pueblo al que tanto amó.

arb/prl

*Periodista cubano.

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