Por Pedro Rioseco*
Colaborador de Prensa Latina
Sencilla y cariñosa como el hombre que fue capaz de hacerla renacer del deterioro del tiempo, La Bella Habana, como disfrutaba en llamarla, es Patrimonio de la Humanidad y mostrará siempre a habitantes y visitantes la huella creadora de Eusebio, como el pueblo le llamaba en su diaria caminata.
De formación autodidacta, Leal comenzó a trabajar en 1959 en la Administración Metropolitana de La Habana, donde alcanzó el nivel de sexto grado. Como otros jóvenes interesados por la Historia, fue acogido por Emilio Roig de Leuchsenring (1889-1964), y orientado por él en su vocación.
En 1967, a los 25 años, fue designado director del Museo de la Ciudad de La Habana.
Sin haber obtenido oficialmente más nivel escolar, luego de una intensa preparación presentó exámenes de suficiencia académica en la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, los cuales le permitieron ingresar a ese centro de altos estudios por Decreto Rectoral para cursar la licenciatura en Historia en 1974, la cual concluyó en 1979.
Cursó estudios de postgrado sobre restauración de Centros Históricos, con beca conferida por el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Italiana.
En 1981 se le confirió la responsabilidad de conducir las obras de restauración del Centro Histórico de La Habana, que incluyó la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña y, más tarde, el Castillo de los Tres Reyes de El Morro.
Conforme a la declaración de la Unesco, el perímetro de las antiguas murallas y el Sistema de Fortificaciones para la defensa de la ciudad fue inscripto en el Índice del Patrimonio de la Humanidad en 1982 con el número 27. Desde 2010, la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana estuvo a cargo de la completa restauración del majestuoso Capitolio Nacional de Cuba.
Ocupó altos cargos en diversas instituciones científicas y diplomáticas, fue embajador de Buena Voluntad del sistema de las Naciones Unidas y asesor sobre La Erradicación de la Pobreza del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Todo el pueblo de Cuba lo conocía por las interesantes explicaciones televisivas de su diario andar por las calles, edificios y fortalezas coloniales de La Habana, y como presidente de la Red de Oficinas del Historiador y Conservador de las Ciudades Patrimoniales de Cuba.
Como intelectual, ensayista e investigador, Leal era doctor en Ciencias Históricas de la Universidad de La Habana, máster en Estudios sobre América Latina, el Caribe y Cuba, y especialista en Ciencias Arqueológicas.
Fue reconocido con Doctorados Honoris Causa por numerosas universidades del mundo, pronunció conferencias magistrales y académicas en 88 casas de altos estudios, museos e instituciones científicas de Cuba, América del Norte, el Caribe, Europa y Asia.
En representación de Cuba visitó oficialmente 47 países y recibió en su vida 99 condecoraciones otorgadas en el país, por instituciones internacionales y numerosas naciones del mundo.
Miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua, el 12 de octubre de 2019 resultó reconocido como miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias.
En su vida política, sin abandonar sus creencias religiosas, Leal fue miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba desde el IV Congreso y diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular en la IV, V, VI, VII, VIII y IX legislaturas; a ambos organismos perteneció hasta su muerte.
El 31 de julio de 2020 falleció el destacado historiador, enemigo de las chapucerías y exigente ante lo mal hecho. Sus restos mortales descansan en el pequeño jardín Madre Teresa de Calcuta, al fondo de la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís, en La Habana Vieja, al lado de su madre.
Una escultura de Leal de cuerpo completo, del maestro José Villa Soberón, saluda a los transeúntes con su habitual gesto en la entrada del Museo de la Ciudad, en el corazón de su querida Habana Vieja, de la cual forma y formará siempre parte inseparable.
arb/prl
*Periodista cubano.





