Por Frank González
Periodista de Prensa Latina
Aunque los pronósticos indican que el hambre seguirá descendiendo gradualmente, tras caer el número de personas afectadas a 645 millones en 2025, entre 510 y 520 millones la sufrirán todavía en 2030, según el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026.
De acuerdo con el documento elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y otros cuatro organismos de la ONU, si bien hubo avances en términos porcentuales al comparar el 7,8 por ciento de prevalencia del fenómeno en 2025 respecto al 8,0 por ciento en 2015, en términos numéricos son unas 50 millones de personas más.
Por regiones, Asia y América Latina y el Caribe exhibieron los mejores resultados, con 6,0 y 4,8 por ciento respectivamente. África fue la más rezagada con 20,0 por ciento, aunque experimentó una mejoría, por primera vez, desde la puesta en marcha de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.
Al mismo tiempo, el índice de inseguridad alimentaria moderada o grave mejoró por quinto año consecutivo al decrecer de 28,7 por ciento en 2020, a 27,1 en 2024 y 25,8 en 2025.
La incidencia de la inseguridad alimentaria fue mayor en las zonas rurales comparada con las urbanas y más alta entre las mujeres que entre los hombres, señaló el informe de la FAO.
La publicación aborda también el alza promedio del costo y asequibilidad de una dieta balanceada, debido al incremento de precios de los alimentos en 2025, como consecuencia de la inflación.
En ese contexto general se insertan las crisis alimentarias y el hambre aguda, que azotan principalmente a grupos poblacionales en naciones de África y Asia Central, acentuadas por perturbaciones climáticas y conflictos armados.
Según las Perspectivas Mundiales del Programa Mundial de Alimentos (PMA) 2026, alrededor de 318 millones de personas padecían hambre aguda a inicios de este año en diferentes partes del mundo, el doble de los niveles previos a la pandemia de Covid-19 de 2020, con 41,1 millones en situaciones de emergencia o peores.
Por primera vez en lo que va del siglo aparecieron simultáneamente dos focos de hambruna, uno en Sudán y otro en Gaza, mientras otros 16 puntos críticos requirieron atención urgente.
El PMA alertó sobre la situación en países y territorios que sufren o están en riesgo de enfrentar niveles de “hambre catastrófica” como Haití, Mali, Palestina, Sudán del Sur, Sudán y Yemen.
Asimismo, expresó “gran preocupación” por el deterioro de las condiciones en Afganistán, la República Democrática del Congo, Myanmar, Nigeria, Somalia y Siria, donde sectores de la población padecen emergencia por inseguridad alimentaria aguda.
A la erradicación del hambre está consagrado el segundo de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, considerado uno de los de mayor retroceso respecto a las metas fijadas en 2015.
Ese ODS tiene que ver con la erradicación del hambre y la malnutrición; duplicar la productividad agrícola y los ingresos de los productores de alimentos en pequeña escala; y asegurar la sostenibilidad de los sistemas de producción de alimentos, entre otros aspectos.
La disponibilidad de recursos financieros es un elemento clave para el cumplimiento de las aspiraciones planteadas en los ODS, lo cual ha sido motivo de estudio y debate en foros internacionales en los últimos años.
Entre ellos, la Cuarta Conferencia Internacional de la ONU sobre la Financiación para el Desarrollo, efectuada en la ciudad española de Sevilla del 30 de junio al 3 de julio de 2025.
Allí se acordó, por consenso, movilizar 4,0 billones de dólares para tratar de cerrar la brecha anual de financiamiento de los ODS en las naciones en desarrollo, promesa sellada en el denominado Compromiso de Sevilla.
Casi un año después, el Grupo de Trabajo Interinstitucional de la ONU sobre la Financiación para el Desarrollo evaluó en su informe de 2026 la implementación del Compromiso de Sevilla en un contexto mundial que describió como desafiante por tres razones.
En primer lugar, el difícil entorno macroeconómico seguido por la “restricción” o escasez de recursos para la financiación, especialmente en los países más pobres y vulnerables; y la creciente fragmentación de la económía global, impulsada por motivos geopolíticos.
El informe concluyó que esos desafíos, sumados a otros crónicos como el cambio climático, la desigualdad y las transformaciones generadas por el desarrollo tecnológico, “amenazan las perspectivas de desarrollo sostenible a largo plazo”.
arb/fgg
Tomado del periódico Negocios en Cuba





