jueves 20 de agosto de 2026

El mayor general cubano Perucho Figueredo hizo honor a su himno

La Habana (Prensa Latina) Larga y rica fue la trayectoria revolucionaria del mayor general del Ejercito Libertador cubano Pedro Figueredo Cisneros, conocido como Perucho, pero fue su marcha guerrera devenida Himno Nacional la que llevó su nombre a la inmortalidad al entonarse en escuelas y actos públicos.

Por Pedro Rioseco López-Trigo*

Colaborador de Prensa Latina

Precisamente el último verso de la primera estrofa de su himno postulaba que “morir por la Patria es vivir” y así lo cumplió Perucho en su ejemplar vida. Los colonialistas españoles solo pudieron capturarlo cuando se encontraba gravemente enfermo de fiebre tifoidea en una finca en la actual provincia de Las Tunas.

El 12 de agosto de 1870 las tropas españolas pudieron finalmente capturarlo, en un estado de extrema debilidad física, llevado a Santiago de Cuba y fusilado cinco días más tarde, el 17 de agosto, cuando tenía 52 años y sin perder un segundo la firmeza que le caracterizó siempre.

La historia tiene dudas sobre su fecha de nacimiento, pues unos afirman fue el 18 de febrero de 1818 y otros que el 29 de julio de 1819, pero todos coinciden que fue en Bayamo, su ciudad natal, donde compuso y dio a conocer la letra de la marcha que devendría luego nuestro himno nacional.

La imagen recreada por pintores es la que más se conoce de Perucho, con la pierna cruzada sobre la montura de su caballo dando a conocer al pueblo bayamés la letra de la marcha guerrera compuesta por él, luego que tropas independentistas tomaran esa villa el 20 de octubre de 1868.

En Bayamo el independentista cubano estudió hasta 1834, en que fue enviado al colegio habanero Carraguao, donde por sus dotes artísticas y literarias lo apodaban «El Gallito Bayamés». En 1838 se graduó allí de bachiller en Filosofía y cursó clases de piano.

Más tarde viajó a Barcelona a estudiar Derecho y en 1842 se graduó de abogado, trasladándose a Madrid para revalidar su título en la Universidad Central y recorrió varios países de Europa.

En 1844 solicitó a la Real Audiencia de Puerto Príncipe, hoy Camagüey, la incorporación de su título de abogado, mientras el padre, regidor, alcalde y mayor provincial, le otorgó poder general para que lo representara en todos los pleitos. Cuatro años después fue nombrado alcalde ordinario segundo de la ciudad de Bayamo.

En 1851 fundó, junto a Carlos Manuel de Céspedes, la Sociedad La Filarmónica, centro cultural bayamés que agrupaba a intelectuales de la región como Juan Clemente Zenea, José Fornaris, José Joaquín Palma y José María Izaguirre.

Al año siguiente, figuró por primera vez en un listado de sospechosos de infidelidad al gobierno español y, en 1853, ante el peligro de ser deportado por infidencia se vio obligado a trasladarse a La Habana, donde se radicó en 1854, como abogado, y representó a familias bayamesas con intereses en la capital.

Durante esos años escribió en varios periódicos y revistas artículos críticos al gobierno colonial español. En 1858 regresó a Bayamo con su familia y tres años después sufrió prisión domiciliar durante 14 meses por escribir al gobernador superior de la isla, manifestándole la incompetencia del alcalde mayor de la ciudad Gerónimo Suárez Ronte.

Encerrado en su mansión, estudió táctica militar y escribió artículos sobre costumbres cubanas. Su casa se convirtió en centro de reunión de los bayameses y en 1867 se integró a la logia Redención, presidida por Francisco Vicente Aguilera.

La casa de Perucho fue el centro principal de la conspiración independentista en la región oriental. El 14 de agosto de 1867 se realizó allí una reunión secreta en la que se formó el Comité Revolucionario de Bayamo, el cual integró como vocal.

Ese día escribió la letra de la marcha guerrera La bayamesa, que se convertiría luego en el Himno Nacional, la cual se interpretó por primera vez en la Iglesia Mayor de esa ciudad oriental como pieza religiosa, en una burla a las autoridades españolas.

El 1 de septiembre de 1868 participó Perucho en la reunión para la preparación de la guerra contra España. Integró también, en calidad de vocal, el Comité Revolucionario de Oriente. El 7 de octubre, el Capitán General de la isla ordenó su detención, junto con Carlos Manuel de Céspedes.

Este imprevisto motivó que la fecha de alzamiento, acordada previamente para el día 14, se adelantara, y el 10 de octubre de 1868 se produjo en el ingenio La Demajagua, dando inicio a la guerra de independencia contra España.

Al recibir la inesperada noticia del alzamiento de Céspedes, Perucho organizó, junto con Maceo Osorio y Donato Mármol, a los conspiradores de Bayamo.

El 12 de octubre, después de sucedido el revés de Yara por las fuerzas cubanas, y decidida la toma de la ciudad de Bayamo, recibió un mensaje de Céspedes en el cual le informaba que se dirigía con el general dominicano Luis Marcano rumbo a la zona de Barranca.

El 15 de octubre de 1868 se entrevistó con Céspedes en Barranca y junto al general dominicano Marcano organizaron la toma de Bayamo. Canducha Figueredo, su hija de 17 años, fue designada abanderada de la tropa.

Cinco días después se derrotó a la guarnición española y los rebeldes tomaron Bayamo. Perucho seguiría la lucha, con valor y fidelidad, hasta su muerte.

El 18 de diciembre de 1869, ya con el grado de mayor general, renunció a la subsecretaría de la Guerra por estar en desacuerdo con la destitución del general en jefe, mayor general Manuel de Quesada, y aunque Céspedes no aceptó la renuncia, se desentendió de sus obligaciones. A mediados del año siguiente Perucho cayó gravemente enfermo y así pudieron capturarlo.

La vida de Perucho honró su himno guerrero cuando afirmó que “morir por la Patria es vivir”, pues su memoria perdurará para siempre en el corazón de los cubanos.

arb/prl

*Periodista cubano.

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