domingo 4 de octubre de 2026

Serie Nacional de Béisbol: una temporada a contracorriente

La Habana (Prensa Latina) La 65 Serie Nacional de Béisbol abrirá sus puertas este domingo 4 de octubre, pero llegará al terreno cargando una responsabilidad que va más allá de las nueve entradas.

Por Boris Luis Cabrera

Redacción de Deportes

En una Cuba habituada a calendarios extensos, viajes interminables y rivalidades que atraviesan la geografía insular, la nueva temporada propone un recorrido más breve, dividido por zonas y grupos.

Serán 16 equipos en busca de la corona, aunque no todos recorrerán los mismos caminos. La fase clasificatoria se extenderá hasta el 22 de diciembre y cada conjunto disputará 44 partidos, cifra sensiblemente menor que la de campañas precedentes, en una fórmula concebida para disminuir desplazamientos y administrar mejor los recursos, especialmente el combustible.

EL MAPA PUEDE DIVIDIRSE

La nueva estructura recupera la organización por zonas y distribuye a los equipos en cuatro grupos de cuatro.

En Occidente, la llave A reunirá a Pinar del Río, Artemisa, Isla de la Juventud e Industriales, mientras la B estará integrada por Mayabeque, Matanzas, Cienfuegos y Villa Clara.

Sancti Spíritus, Ciego de Ávila, Camagüey y Las Tunas conformarán el grupo C en Oriente, mientras Holguín, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo competirán en el D.

La fórmula tiene una lógica geográfica y económica. Los equipos jugarán 24 partidos frente a sus rivales de grupo y otros 20 contra los integrantes del segmento vecino dentro de la misma zona. Así, el campeonato intentará reducir la distancia sin achicar la rivalidad.

El calendario será más corto, pero cada tropiezo puede pesar más. En una temporada de 44 encuentros, una mala arrancada tendrá menos margen de reparación que en un torneo largo y cada subserie adquirirá el valor de una pequeña final.

MENOS VIAJES, MÁS PRESIÓN

La nueva Serie Nacional busca resolver un problema práctico: cómo garantizar la continuidad del espectáculo cuando trasladar equipos por todo el país se convierte en una dificultad mayor.

El presidente de la Federación Cubana de Béisbol y comisionado nacional, Juan Reinaldo Pérez Pardo, reconoció que la principal desventaja resulta evidente: “estamos jugando menos juegos de béisbol”, aunque defendió que el nuevo formato permite preservar el campeonato en las actuales circunstancias.

“Lo que sí nosotros estamos es salvando un espectáculo y defendiendo sobre todas las cosas el béisbol, que es nuestro deporte nacional”, afirmó Pérez Pardo en declaraciones exclusivas a Prensa Latina, al explicar la necesidad de mantener viva la principal competencia doméstica.

De acuerdo con el directivo, el beneficio no se limita al aspecto económico, pues el nuevo calendario también favorece la salud de los atletas al reducir los traslados y mejorar sus posibilidades de descanso.

“Economiza dinero, kilometraje, minimiza los horarios de traslado, mejora todo lo que es aseguramiento”, resumió Pérez Pardo al enumerar las ventajas que, a su juicio, acompañan a la reducción del calendario.

La estructura, además, no supone enfrentar únicamente a los rivales más cercanos. Cada conjunto tendrá ocho adversarios diferentes dentro de su zona, una combinación que pretende conservar diversidad competitiva mientras limita los desplazamientos.

Pero toda solución deja preguntas abiertas. ¿Habrá suficiente competencia si los equipos enfrentan menos rivales? ¿Cómo se compararán las estadísticas con las de otras generaciones? ¿Tendrán los jóvenes suficientes turnos y entradas para desarrollarse?

Ahí estará uno de los principales debates del campeonato. La reducción puede ser una necesidad ineludible, pero también constituye una prueba para la calidad deportiva. El ahorro será medible en viajes y combustible; el rendimiento deberá medirse en juego, espectáculo y formación de atletas.

LA IMPORTANCIA DE COMENZAR BIEN

En un campeonato extenso, los equipos pueden permitirse ciertas pausas. En este, cada pausa puede transformarse en una caída.

La fase clasificatoria tendrá dos velocidades: los duelos internos de cada grupo, donde se conocerán de memoria repertorios y debilidades, y los enfrentamientos contra el segmento vecino, que ofrecerán una medida distinta.

Los cuatro mejores de cada zona avanzarán a la postemporada. La clasificación, por tanto, no dependerá solo de ganar el grupo, sino de sostener una actuación suficientemente sólida para permanecer entre los cuatro primeros de la región.

En ese escenario, el pitcheo podría adquirir un peso decisivo. Un calendario comprimido exige administrar los brazos y obliga a los directores a utilizar con inteligencia sus principales cartas. Un bullpen profundo, una rotación estable y una defensa capaz de evitar carreras adicionales pueden marcar la diferencia entre la clasificación y la eliminación.

UNA POSTEMPORADA CON SEGUNDA OPORTUNIDAD

La fase decisiva adoptará el sistema Page, fórmula que premiará a los mejores clasificados y ofrecerá una segunda oportunidad a los equipos derrotados en su primer enfrentamiento.

Los playoffs zonales se disputarán en series de tres juegos, al mejor en dos, con sede en el estadio del conjunto mejor ubicado. El ganador del duelo entre los dos primeros avanzará directamente a la final de su zona, mientras el perdedor tendrá otra posibilidad frente al vencedor del cruce entre los equipos situados en tercero y cuarto lugar.

Pérez Pardo defendió precisamente ese componente del nuevo modelo, al considerar que el sistema Page puede elevar la tensión competitiva porque convierte varios enfrentamientos de postemporada en auténticas definiciones.

“Aumenta la expectativa en cuanto a quién va a ganar, en el sentido de que hace más finales, más muertes súbitas”, explicó el comisionado, quien destacó además la ventaja otorgada a los equipos que terminan en los primeros lugares.

El sistema introduce una idea atractiva: perder no siempre significará despedirse, pero tampoco será lo mismo terminar primero que llegar cuarto.

La clasificación otorgará ventajas concretas. Los mejores tendrán una ruta más corta y una oportunidad adicional, mientras los equipos ubicados en la parte baja deberán superar obstáculos sucesivos.

Después, los campeones de Occidente y Oriente se enfrentarán en una final nacional de siete partidos. El vencedor no solo se coronará en la Serie 65, sino que obtendrá el derecho de representar a Cuba en la Liga de Campeones de 2027.

TRADICIÓN CONTRA RENOVACIÓN

Cada temporada trae sus propios nombres, pero algunas camisetas llegan con una memoria más pesada.

Industriales intentará trasladar al campeonato nacional el impulso de su reciente triunfo en la IV Liga Élite, condición que lo coloca entre los conjuntos llamados a pelear por el protagonismo occidental. Matanzas, campeón de la pasada Serie Nacional, tendrá la responsabilidad de defender su corona en un grupo donde cada partido puede modificar rápidamente el orden competitivo.

Pinar del Río, Villa Clara, Santiago de Cuba, Granma, Las Tunas y otros equipos de larga tradición también cargarán con sus propias expectativas. Sin embargo, el nuevo formato podría abrir espacio para sorpresas. En un calendario corto, una nómina menos reconocida puede aprovechar una buena racha y convertirla en una ventaja difícil de descontar.

UN TORNEO QUE NECESITA SER CUIDADO

Una Serie Nacional no se sostiene únicamente con reglamentos. Necesita estadios en condiciones, transporte, alimentación, implementos, atención médica, información estadística y transmisiones que acerquen el juego a quienes no pueden acudir a las gradas.

Por eso, la temporada 65 será también una prueba de coordinación. Cada detalle influirá en la percepción del torneo: el cumplimiento de los horarios, la actualización de los resultados, la calidad de las transmisiones y la capacidad de atender las necesidades de los equipos.

Mantener los 16 conjuntos, en medio de las restricciones actuales, responde también a una concepción que trasciende la competencia estrictamente deportiva, según Pérez Pardo, quien defendió la presencia territorial del campeonato como una forma de preservar el vínculo del béisbol con las provincias.

“Para la defensa del béisbol, como patrimonio cultural, como defensa del territorio, hoy es necesario mantener el béisbol en los 16 territorios”, sostuvo el comisionado nacional, al considerar que dejar a una provincia fuera de la Serie Nacional afectaría profundamente el arraigo de la disciplina.

La pelota cubana conserva una fuerza cultural que sobrevive a las dificultades. En las provincias, el béisbol sigue siendo conversación de esquina, discusión familiar y memoria compartida.

Pero esa fidelidad no debe confundirse con resignación. El aficionado puede amar el juego y, al mismo tiempo, exigir mejores condiciones, mayor transparencia y una competencia más atractiva.

La 65 Serie Nacional comenzará, entonces, a contracorriente: con menos juegos, menos kilómetros y menos margen para equivocarse, pero también con el desafío de demostrar que, aun en tiempos difíciles, la pelota puede encontrar la manera de seguir girando.

arb/yma/blc

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