lunes 5 de octubre de 2026

América Latina bajo el yugo de la Casa Blanca

Sao Paulo, Brasil (Prensa Latina) Si usted pretende votar por Flávio Bolsonaro- quien promete alinear a Brasil con los intereses de los Estados Unidos y gusta apoyar los intereses de Trump, al igual que su hermano Eduardo-, conviene conocer un poco de historia.

Frei Betto*, colaborador de Prensa Latina

Existe una vieja doctrina estadounidense que, de tiempo en tiempo, cambia de nombre, de presidente y de discurso, pero mantiene la convicción de que el continente americano sería, por derecho histórico y por la fuerza de las armas, la esfera privilegiada de Washington.

La primera formulación clásica se produjo en 1823, cuando el presidente James Monroe, con la participación decisiva de su secretario de Estado John Quincy Adams, presentó al Congreso la célebre Doctrina Monroe. Su principio, aparentemente defensivo, sostenía que las potencias europeas no debían volver a colonizar ni a intervenir en las Américas. Pero existía una maniobra geopolítica evidente. Si Europa estaba fuera, ¿quién estaba dentro? Washington. El propio Departamento de Estado reconoce que la doctrina estableció dos esferas de influencia- Europa y América- y que posteriormente se utilizaría para justificar la expansión territorial y las intervenciones estadounidenses.

Esta fórmula se vuelve más explícita a finales del siglo XIX. El senador Albert J. Beveridge, uno de los dos grandes ideólogos del imperialismo, proclamó en 1898 que Estados Unidos tenía una “misión” que cumplir y un “deber” ante el mundo. Para él, la expansión no era solo una ambición territorial; poseía una especie de mandato divino. En su famoso discurso “La marcha de la bandera” (“The March of the Flag”), Beveridge afirmó que Puerto Rico pertenecería a Estados Unidos y defendió la expansión estadounidense como un destino nacional.

Otro personaje fundamental fue el almirante e historiador Alfred Thayer Mahan. En “La influencia del poder naval en la historia” (“The Influence of Sea Power upon History” ) (1890), sostuvo que la grandeza de las potencias dependía del dominio de los mares, de las bases navales y de las rutas comerciales. Sus ideas influyeron directamente en políticos expansionistas como Beveridge, Henry Cabot Lodge y Theodore Roosevelt. El propio Lodge proclamó en el Senado, en 1895, que Estados Unidos dominaba el hemisferio y tenía la obligación de preservar y ampliar esa posición.

El resultado no se limitó a los discursos. Se anexionó la mitad de México. La experiencia mexicana es quizás el ejemplo más elocuente de la combinación entre ideología expansionista y fuerza militar.

La presidencia de James K. Polk (1845-1849) estuvo asociada a la expansión territorial y a la idea del Destino Manifiesto. En 1845, Estados Unidos se anexionó Texas, territorio que originalmente perteneció al Imperio español en el siglo XVI, que luego se independizó en 1821 y fue heredado por México. En 1836 volvió a independizarse y, casi diez años más tarde, fue anexionado por Estados Unidos.

En 1846 comenzó la guerra contra México. El Tratado de Guadalupe Hidalgo, de 1848, transfirió a Estados Unidos una zona que hoy corresponde a California, Nevada, Utah y partes de otros estados.

La justificación ideológica era el Destino Manifiesto, la creencia de que la expansión de Estados Unidos por el continente constituía una especie de destino histórico. La expresión puede sonar religiosa, patriótica y civilizadora. En la práctica, significa guerra, conquista territorial y desplazamiento de fronteras.

En 1898 estalló la guerra hispano-americana. El Tratado de París, firmado el 10 de diciembre de aquel año, dispuso que España cediera Puerto Rico a Estados Unidos, junto con Guam y Filipinas. Puerto Rico no se convirtió en un estado de la gran nación del norte. Tampoco siguió siendo independiente. Pasó a formar parte de una estructura territorial subordinada a Washington.

Cuba, aunque no fue formalmente anexionada, entró igualmente en la órbita estadounidense. El sistema establecido tras la guerra permitió a Washington ejercer un fuerte control sobre la isla. El historiador Leslie Bethell señala que la guerra de 1898 inauguró una nueva etapa de la hegemonía de Estados Unidos en el Caribe, conPuerto Rico anexionado y Cuba transformada en un protectorado de facto.

A partir de entonces, la Doctrina Monroe cobró una segunda vida. Si Monroe había dicho a los europeos «no entren» en el continente americano, Theodore Roosevelt añadió: «y nosotros decidimos lo que sucede aquí». En 1904, el Corolario Roosevelt convirtió la doctrina en una justificación para las intervenciones estadounidenses en América Latina. Desde ese momento, Washington comenzó a reivindicar un papel de policía del hemisferio.

En el siglo XX, el método sufrió modificaciones. Cuando anexionar territorios se volvió políticamente más difícil, Washington recurrió a ocupaciones militares, gobiernos aliados, presión financiera, sanciones y control económico. La llamada Diplomacia del Dólar, de William Howard Taft, fue una de esas modalidades.

América Latina descubrió que un país no necesita necesariamente izar su bandera en una plaza para ejercer poder. Es el caso de Venezuela. El 3 de enero de 2026, tropas estadounidenses secuestraron a Nicolás Maduro y a su esposa, y los recluyeron en una prisión de Nueva York. La operación fue presentada por el gobierno de Trump como una acción destinada a llevarlo ante la justicia estadounidense; los críticos cuestionan su legalidad internacional.

Desde entonces, Washington amplía su influencia sobre la economía venezolana. En septiembre de 2026, la agencia Reuters informó que el gobierno de Trump buscaba ampliar el acceso de empresas estadounidenses no solo al petróleo, sino también al oro y a otros minerales venezolanos. El reportaje describió la estrategia como parte de un intento de profundizar la influencia económica y estratégica de la Casa Blanca sobre el país.

El propio Trump volvió a hablar, en septiembre, de una política de reafirmación de la «dominancia» estadounidense en el hemisferio, recuperando explícitamente la lógica de la Doctrina Monroe y llegando a llamarla «Donroe Doctrine».

Venezuela no está siendo anexionada a Estados Unidos. Sin embargo, pasa a estar bajo la tutela de la Casa Blanca. Los acontecimientos recientes- como la intervención militar, el cambio de gobierno, la presión sobre el petróleo y el creciente interés por los recursos minerales- lo confirman.

La historia latinoamericana conoce bien esta película. Primero vino la doctrina. Luego, el Destino Manifiesto. Después, la guerra. Finalmente, la bandera. Y cuando la bandera ya no resultaba conveniente, llegaron el dólar, las bases militares, los tratados, las sanciones y los gobiernos bajo presión. México perdió territorio; Puerto Rico, la soberanía; Cuba conoció el protectorado; Panamá nació bajo la sombra del Canal. Diversos países latinoamericanos sufrieron intervenciones. Ahora, en el siglo XXI, Washington parece ensayar una versión actualizada de la vieja doctrina. No se trata necesariamente de anexar países, sino de garantizar que ningún gobierno- ni riquezas como el petróleo y los minerales- pueda escapar de su esfera de influencia en el hemisferio.

La geografía sigue siendo la misma. Lo que cambia es el vocabulario. Y precisamente por eso es tan importante recordar la historia.

Rmh/fb

* Escritor brasileño y fraile dominico, conocido internacionalmente como teólogo de la liberación, Frei Betto es autor de 60 libros de diversos géneros literarios –novela, ensayo, policíaco, memorias, textos infantiles y juveniles y de tema religioso. En dos ocasiones, 1985 y 2005, mereció el premio Jabuti, el reconocimiento literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores. Leer más… Asesor de movimientos sociales como las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, ha participado activamente en la vida política de Brasil en las últimas cinco décadas.

RELACIONADOS