Por Pedro Rioseco*
Colaborador de Prensa Latina
El 11 de marzo de 1949, una parte de los marines estadounidenses que habían arribado al puerto habanero a bordo del portaaviones Palau, los barreminas Rodman, Hobson, Jeffers y el remolcador Papago invadieron bares y prostíbulos, de La Habana Vieja y Centro Habana, armando camorras y haciendo invitaciones ofensivas a las mujeres que se encontraban.
Alrededor de la nueve de la noche un grupo de la tripulación del barreminas Rodman deambulaba por el Paseo del Prado, con vaivén etílico y actitudes groseras y al llegar al Parque Central treparon la estatua de José Martí en una irrespetuosa competencia por alcanzar la cima, en medio de la ovación de la pandilla de marines que le acompañaban.
Los habaneros que habitualmente estaban en el parque no podían creer lo que veían, y reaccionaron rápidamente corriendo a defender la estatua del Apóstol, donde un marinero sentado en la cabeza tenía su pie apuntalado en el brazo de la escultura y temían que lo desprendiera. Todos gritaban indignados y enérgicos: ¡fuera! ¡fuera! En ese momento pasaba por allí el fotógrafo Fernando Chaviano quien registró la afrenta con las dos últimas planchas que le quedaban y por las cuales, al día siguiente, la Embajada de Estados Unidos le ofrecería dos mil dólares pretendiendo infructuosamente destruir la prueba gráfica.
El escándalo en el centro del parque llamó la atención de transeúntes y también de estudiantes del Instituto de La Habana que salían de clases en aquellos momentos. Todos se unieron a los que reprendían a los marinos y los ánimos se exaltaron cada vez más.
El marinero trepado sobre la cabeza de la estatua recibió todo tipo de proyectiles, desde piedras hasta botellas, y tuvo que bajar para unirse a sus compañeros que trataban de escapar del cerco de una multitud indignada que los insultaban y respondían a puñetazos la ofensa, sin que policías y otros marinos pudieran liberar a los autores que fueron llevados a una cercana Estación de Policía.
La magnitud de la afrenta, las fotografías publicadas en la prensa en primera plana al día siguiente y la detención de tres marines en un calabozo de la Estación de Policía, movilizó a la población habanera que se congregó frente a ella exigiendo justicia y castigo.
Pero, también movilizó al gobierno cubano de entonces, los jefes de las unidades a que pertenecían los marines y a la embajada norteamericana en un intento por liberarlos y sofocar el escándalo.
Un día después los entonces dirigentes de la FEU, Fidel Castro, Alfredo Guevara, Lionel Soto y Baudilio Castellanos, estudiantes y pueblo se concentraron frente a la Embajada norteamericana en la Plaza de Armas, para protestar por tamaña afrenta.
Exigían que los culpables fueran juzgados por los tribunales cubanos pero nuevamente los policías arremetieron contra los manifestantes infligiéndoles graves golpeaduras a Baudilio y otros estudiantes.
La flotilla yanqui partió de La Habana el 13 de marzo. Un consejo de guerra yanqui sólo condenó a un marine, de todos los que participaron en el grotesco espectáculo, a 15 días preso en las celdas del Rodman.
El Embajador norteamericano intentó acallar el hecho colocando una ofrenda floral a Martí en la propia estatua y ofreció disculpas, pero eso no borró la ofensa que hasta el día de hoy recuerda con indignación el pueblo cubano.
arb/prl
* Corresponsal jefe de Prensa Latina en Nicaragua y concurrente en El Salvador, Guatemala y Honduras durante 10 años; corresponsal jefe en República Dominicana, Ecuador y Bolivia. Creó y dirigió la Editorial Génesis Multimedia que hizo la Enciclopedia Todo de Cuba y 136 títulos más. Anteriormente, director del periódico Sierra Maestra en la antigua provincia de Oriente, ayudante del ministro de Cultura Armando Hart; jefe de la Redacción Internacional de la revista Bohemia con coberturas internacionales en más de 30 países y es autor del libro Comercio Electrónico, la nueva conquista. Dirige la revista Visión de la UPEC y es presidente de su Grupo Asesor.





