martes 10 de marzo de 2026

Casas antiguas de La Habana, atractivo turístico en Cuba

La Habana (Prensa Latina) Uno de los atractivos de hoy en día para los viajes a Cuba incluye la arquitectura y las casas más antiguas de La Habana, la capital del país.

Por Roberto F. Campos

De la redacción de Economía

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en 1982, la zona de la Habana Vieja es un auténtico museo al aire libre donde cada casa centenaria es una pieza única.

Adentrarse en sus calles constituye un viaje en el tiempo a través de la arquitectura colonial, un recorrido que cautiva a los visitantes.

El corazón de ese legado radica en sus plazas, verdaderos salones de época alrededor de los cuales se agrupan las mansiones más emblemáticas.

La Plaza de Armas, la más antigua de la ciudad, es el punto de partida obligado. En ella se alza el que fuera Palacio de los Capitanes Generales, una joya del barroco colonial del siglo XVIII que hoy alberga el Museo de la Ciudad.

Con su suelo de madera y su elegante arcada, ese edificio no solo exhibe objetos de valor histórico, sino que transporta al visitante a la época en que La Habana era la llave del Nuevo Mundo.

Frente a esta plaza, encontramos otro ejemplo fascinante de reutilización patrimonial: el Palacio de los Condes de Santovenia.

Lo que fuera una suntuosa residencia nobiliaria es hoy el Hotel Santa Isabel. Su historia es una novela en sí misma: construido a principios del siglo XVIII, fue remodelado en 1784 para armonizar con el resto de la plaza.

A mediados del siglo XIX, el coronel estadounidense Luis Lay lo convirtió en un hotel de lujo para una clientela norteamericana y en el mejor de la ciudad por sus habitaciones grandes y aireadas con vistas a la bahía.

Alojarse allí o simplemente tomar algo en su terraza es dormir o soñar entre paredes que atesoran más de dos siglos de historia. A pocos pasos, presidiendo la Plaza de la Catedral, se impone la Casa del Conde de Casa Bayona, construida en 1720.

Considerada la primera residencia de estilo señorial levantada en esa plaza, hoy acoge la sede del Museo de Arte Colonial.

Su arquitectura, que prescinde de las arcadas típicas de las construcciones circundantes, y su impresionante artesonado mudéjar, ofrecen una lección viva de cómo era la vida de la aristocracia habanera de los siglos XVIII y XIX.

Se pueden apreciar sus muebles de caoba, sus lámparas de cristal y sus delicadas celosías.

Más allá de los grandes palacios, hay casas que cautivan por su detalle y su singular historia. Es el caso de la Casa de la Obrapía, en la calle del mismo nombre.

Data de finales del siglo XVII y su portada barroca, ricamente labrada, se cree la tallaron en Cádiz en 1686. Su nombre proviene de la Obra pía o trabajo benéfico con huérfanos que allí se realizaba en tiempos coloniales.

Hoy, ese edificio resulta centro cultural mediante el cual el visitante disfruta, en su patio interior de clara influencia andaluza y norteafricana, un remanso de paz en medio del bullicio de la ciudad.

El atractivo turístico de esas casas va más allá de la mera contemplación arquitectónica.

En las últimas décadas, un enorme esfuerzo de restauración liderado por la Oficina del Historiador de la Ciudad devolvió el esplendor a numerosos inmuebles, muchos de los cuales revivieron como hoteles boutique, restaurantes o centros culturales.

El recién inaugurado hotel Marqués del Prado Ameno, en la calle O’Reilly, es un ejemplo perfecto: una casa señorial del siglo XIX convertida en un acogedor sitio para turistas dentro del cual se experimentan detalles del pasado sin renunciar al confort moderno.

Del mismo modo, la apertura de establecimientos como el A|S Boutique Residence en el barrio de San Isidro demuestra cómo una mansión del siglo XIX en ruinas puede resurgir como un refugio de lujo que mezcla la herencia colonial con el diseño más vanguardista.

Pasear por La Habana Vieja es, por tanto, un diálogo constante con el pasado.

Cada portón de madera maciza, cada vitral, cada columna de mármol cuenta una parte de la historia de Cuba.

Para el turista, hay una invitación clara: perderse por calles adoquinadas, dejarse sorprender por una casona convertida en galería de arte, o simplemente imaginar, frente a la fachada de un palacio, cómo transcurría la vida en aquella llave del Nuevo Mundo.

Esas casas antiguas no son solo edificios; son los guardianes de la memoria y el alma misma de La Habana, tal y como aparecen en los documentos de la Oficina del Historiador de la ciudad y en la memoria de quienes se dedican a entresacar los valores de esas casas señoriales.

arc/rfc

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