Por Orlando Oramas León
Corresponsal jefe en Uruguay
Lo dice a Prensa Latina el politólogo Óscar Bottinelli, con una larga hoja de servicios que le sitúa entre los observadores políticos más reconocidos en Uruguay y una especie de gurú en análisis electoral y de la opinión pública como fundador y analista de la encuestadora Factum.
Su frase “Tenemos presidente” anunció la noche del 31 de octubre de 2014 un hito histórico.
Sobre la base de proyecciones de resultados, Bottinelli adelantó en aquella jornada comicial la victoria de Tabaré Vázquez y la llegada del primer gobierno del Frente Amplio (FA).
Fue un momento trascendente para quien sufrió largo exilio bajo la dictadura y se desempeñó durante años como secretario político de Líber Seregni, fundador del FA.
EL CUARTO GOBIERNO
El también profesor universitario, cronista parlamentario y columnista de prensa, analiza para Prensa Latina el desempeño hasta ahora del cuarto gobierno del Frente Amplio, la alianza que agrupa a organizaciones y corrientes diversas de la izquierda.
Bottinelli aprecia diferencias entre lo que va del mandato de Orsi (asumió el 1 de marzo de 2025) y las administraciones de los presidentes Tabaré Vázquez y José Mujica.
Señala “una nítida separación entre gobierno y partido que no debían pensar distinto”. Ahora se da la separación expresada por Orsi y por el presidente del FA, Fernando Pereira, apunta.
Mi entrevistado recuerda que en el primer gobierno frenteamplista, con el peso de Tabaré Vázquez y de líderes muy fuertes, había controversias muy fuertes en el Consejo de Ministros.
“Las diferencias se saldaban en importantes discusiones y ahora observamos a lo sumo comunicados de grupos del Frente que no se transforman en acciones concretas de gobierno”.
Subraya que no hay cuestionamiento oficial partidista a las posturas gubernamentales. “Le da fortaleza al presidente en la medida que esas protestas no trascienden en hechos”.
Pero el politólogo observa “una importante desilusión o malestar de lo que llamamos núcleo duro del Frente” en la gestión oficial, sobre todo en política exterior. “Pero tampoco se traduce en una actitud de fuerte rebeldía”, ni pone en riesgo la conducción del Poder Ejecutivo.
Insiste Bottinelli que “el gobierno parece cómodo”, porque además “tiene una oposición muy desinformada de lo que ocurre en el mundo”, o “más bien participan de un juego de política interior”.
Acusan al Ejecutivo de ser dependiente de la política exterior de Brasil, y no lo es. Tienen falta de fundamento, critica.

SIN GRANDES FRENOS
Para el fundador de Factum la gestión de Orsi ha sido exitosa en la medida que no ha encontrado grandes frenos.
Tiene la mayoría en el Senado y conseguido los dos votos que le han faltado en la Cámara de Diputados, tal como ocurrió en la Rendición de Cuentas y la aprobación del presupuesto quinquenal, comenta.
“Entre los 16 senadores frenteamplistas hay por lo menos tres que pertenecen a sectores que se suponen críticos, pero actúan monolíticamente en la línea gubernamental”, observa.
Añade que la mayor confrontación ideológica con la oposición se dio sobre la compra de un establecimiento rural de cuatro mil 400 hectáreas que el Poder Ejecutivo quiere entregar a pequeños productores familiares y cooperativas, en particular lecheros.
“Por un lado la mayoría del gobierno, no la del equipo económico, cree que la tierra es un bien social. Por lo tanto, se busca el mayor resultado para la sociedad”. “La oposición política se alineó bajo el principio de que la tierra es un bien de mercado y el Estado no debe intervenir con la inversión”.
POR ACLARAR
Para mi entrevistado “no está claro qué impulsa al gobierno. Da la impresión de estar más preocupado por mantener en paz las cuentas públicas que en grandes planes de desarrollo”.
Menciona el proyecto hidráulico estratégico para asegurar el agua potable al Área Metropolitana, aunque acota que es la sustitución de otro muy cuestionado por la anterior administración.
Bottinelli cita cuestionamientos desde el ámbito empresarial al Ejecutivo por el endeudamiento para mantener depreciado el dólar y baja la inflación.
“Son los que exportan porque los costos de producir en el país suben por encima de la inflación, en particular para sectores industriales y otros agroexportadores”.
Acota que el llamado atraso cambiario (baja cotización del dólar) tiene un efecto social.
Describe que la clase media, sobre todo, siente lo que los economistas llaman “efecto riqueza”. Viajar al exterior, ir de compras, se abarata de una manera que no había ocurrido.
Hay esa sensación de bonanza en la clase media pero no en temas estructurales; esto se sustenta en endeudamiento público y en algún momento habrá un costo, alerta.
Para Bottinelli, entre los gobiernos uruguayos, incluido el actual, no hay grandes diferencias sobre el modelo económico, sino más bien continuismo, que “sectores más duros frenteamplistas cuestionan y alegan que el Frente no nació para seguir las pautas de los partidos tradicionales”.
Se esperaban cambios en el modelo, pero se mantiene el trato al gran capital bajo la concepción de que Uruguay necesita grandes inversiones del gran capital transnacional, lo cual requiere facilidades, exoneraciones tributarias y otros beneficios, expresó.
LA DEUDA SOCIAL
Este gobierno gana las elecciones con el slogan de combatir la pobreza y disminuirla fuertemente, subraya el analista y considera que no se avizoran grandes planes al efecto.
Cita entonces la idea presidencial de que “lo que importa es la revolución de las cosas simples” y lo relaciona con medidas que efectivamente “ayudan a los de menos recursos, alivian, pero no cambian sus vidas”.
“En ese sentido observamos en las mediciones de opinión pública que hay una caída de la aprobación del presidente y mucho más de la confianza”, y lo vincula con un creciente “desinterés y desilusión con el grueso del sistema político”.
El encuestador también encuentra gran insatisfacción por la inseguridad ciudadana. “Es la suma de un proceso de varias décadas que llega hoy a la instalación de grandes mafias del narcotráfico multinacional”.
Añade que a despecho del llamado “efecto riqueza” hay demanda de empleo, mejores salarios y puestos de trabajo y está el reclamo insatisfecho de la vivienda.
Falta una política de vivienda, opina, y refiere el boom de inversiones inmobiliarias por las cuales Uruguay tiene exceso de viviendas construidas y falta crónica de ellas para quienes habitan en asentamientos y barrios pobres y no pueden acceder a aquellas otras que son muy caras.
Remarca que en esto y otros temas los indicadores de opinión pública no son muy halagüeños para el gobierno, tampoco para la oposición. Y eso es grave, cuando un país tiene una parte que pierde credibilidad, se traslada a la otra. Ahora parecería que hay una frustración más generalizada, concluye.
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