No más llegar a la Casa Blanca en enero de 2025, Trump trató de hacer válido uno de sus lemas en la campaña electoral, de terminar con la guerra en Ucrania en 24 horas. Sin embargo, el mandatario reconoció que no era un tema tan sencillo como le parecía.
En marzo apuntó que, cuando dijo eso, estaba “siendo un poco sarcástico”.
Había múltiples intereses de por medio, incluidos muchos dentro de los propios Estados Unidos, y ese tema afectaba las relaciones con sus aliados europeos, que siempre han sido partidarios fervorosos de mantener las hostilidades.
La entonces nueva administración norteamericana comprendió de inmediato que era imposible alcanzar una derrota estratégica de Rusia en Ucrania; a medida que pasaba el tiempo, Moscú se fortalecía, y ni las miles de sanciones frenaron su desarrollo.
Anteriormente, en la cosmovisión de la administración de Joe Biden (2021-20 de enero, 2025), Rusia apareció como uno de sus principales antagonistas, pero ahora parece tener la posibilidad de negociar cordialmente con la potencia norteamericana, más allá de que la Casa Blanca también decide mostrarse firme en cuanto a las condiciones en las que están dispuestos a negociar.
Es destacable que, entre finales de marzo y principios de abril, incluso con una diferencia de horas, Trump pasaba de la hostilidad a la moderación en relación a sus declaraciones referidas a Rusia.
El presidente estadounidense amenazó a su homólogo de Moscú con la aplicación de aranceles secundarios al petróleo ruso si no se comprometía a un alto total el fuego, para luego suavizar sus afirmaciones con respecto al Kremlin y arremeter contra el mandatario ucraniano, Vladimir Zelenski.
Cuando los líderes de Rusia y Estados Unidos hablaron por primera vez, iniciando un proceso de descongelamiento de las relaciones bilaterales, Putin destacó que “sería mejor que nos reuniéramos y mantuviéramos una conversación tranquila sobre todos los temas de interés tanto para Estados Unidos como para Rusia basándonos en la realidad actual”.
A partir de ahí, y hasta la Cumbre de Alaska el 15 de agosto de 2025, las referencias de Trump sobre Putin se fueron moderando, e incluso antes de partir a Anchorage, el mandatario norteño anticipó que el encuentro sería no la ocasión en la que se resolvería el conflicto, sino más bien una reunión de tanteo.
LA NUEVA DIPLOMACIA DE EEUU Y SUS IMPLICACIONES PARA RUSIA
Esa intención de Trump por poner fin a la guerra responde más a intereses prácticos que a fines idealistas, como el deseo o el sentido del deber de oficiar como héroe de la democracia y la paz mundial.
El fin de la guerra, impulsado por Estados Unidos, no se produciría mediante un incremento de las ayudas estadounidenses destinadas a unir esfuerzos con Europa, ni mediante otro tipo de presión a Rusia.
Rusia por su parte ha barajado que más allá del conflicto en Ucrania, Moscú y Washington pueden lanzar proyectos económicos conjuntos en zonas de interés bilateral como puede ser el océano Ártico.
El Kremlin captó el giro que la nueva administración norteamericana realizó en la política exterior, al abstenerse de realizar cualquier reparo en cuestiones meramente ideológicas y/o idealistas, para comenzar a preocuparse tan solo por lo materialmente conveniente.

Es decir, luego de haber destinado 67 billones de dólares en ayudas a Ucrania en concepto de gastos militares, Estados Unidos ya no se encuentra dispuesto a ser la “billetera de Europa”, sobre todo cuando eso podría no implicar otra cosa que beneficiar a países como Alemania, que pretenden hacerse de los recursos de los campos ucranianos.
Así, la relación con Rusia le ofrece a Estados Unidos varias ventajas, tanto en términos de recursos energéticos como geopolíticos.
Por otro lado, Rusia sigue prosperando en la contienda con Ucrania, y logrará hacerse definitivamente con las regiones de Donetsk, Lugansk, Zaporozhie y Jersón, que de hecho por la ley fundamental del país, son parte de la Federación desde septiembre de 2022.
Al respecto, la analista internacional y periodista Helene Richard destacó que la política de “America First” de la administración de Trump, trae aparejadas consecuencias tangibles en la guerra con Ucrania, y algunas de ellas son claramente ventajosas para Rusia.
En efecto, Trump ya ha dejado claro que tomará medidas muy diferentes a las de su antecesor, Joe Biden.
Su ruptura con la administración anterior puede observarse en los hechos de haber optado por desautorizar la decisión de Biden de entregar misiles de largo alcance a Ucrania, y de la tensa reunión en febrero con Zelenski en la Casa Blanca.
En menos de 72 horas, la relación transatlántica cambió de naturaleza y ahora muchos hablan de una derrota de los ucranianos.
Ya desde un comienzo, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, estuvo de acuerdo ante las dos principales exigencias de Moscú: la no adhesión de Kiev a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la ratificación de las “nuevas realidades territoriales”.
Cabe destacar que tampoco se descarta que, si la propuesta de alto el fuego entre Rusia y Ucrania, impulsada por la nueva administración norteamericana, llegara a concretarse, el presidente de Estados Unidos podría levantar las sanciones impuestas desde 2022 a las industrias rusas de petróleo y de gas.
Además, no es un detalle menor el hecho de que Rusia es uno de los pocos países que no resultaron afectados por las nuevas medidas arancelarias de la administración de Trump.
LA CUMBRE DE ALASKA

Los presidentes de Rusia y de Estados Unidos se reunieron en el estado norteamericano de Alaska el 15 de agosto de 2025. Encuentro que estuvo lleno de simbolismos, pues se realizó en el territorio más cercano entre los dos países, y que otrora fuera parte de la Rusia Zarista.
Denominada Alaska 2025 y también conocida como cumbre Trump-Putin, fue una reunión para elaborar una especie de hoja de ruta a fin de solucionar el tema de Ucrania, y donde Rusia reiteró sus exigencias claves, cuya solución son indispensables para alcanzar la paz.
En esa Cumbre, al hablar sobre el conflicto en Ucrania, el presidente estadounidense propuso mantener un plan de paz, aunque reconoció que los intentos de que fuera efectivo no salieron muy bien, sobre todo por la renuencia ucraniana y europea.
Esta es la primera vez que Putin fue invitado a un país occidental desde que comenzó la operación militar especial en febrero de 2022, y también la primera visita presidencial rusa a Estados Unidos; se realizó en una instalación militar estadounidense, y resultó la primera reunión entre Trump y Putin desde que el primero fue reelegido en 2024.
En definitiva, el encuentro es el que ha signado todo el proceso de diálogo entre Moscú y Washington, y los intentos de poner fin al conflicto en Ucrania.
Acerca del tema el canciller ruso, Serguéi Lavrov, reiteró en más de una ocasión que todo respecto al proceso de paz en Ucrania debe partir de lo conveniado en Anchorage pues tanto Estados Unidos como Rusia así lo acordaron, y sobre esa base trabajarán.
REALIDADES ECONÓMICAS
Está claro que las relaciones entre Rusia y Estados Unidos no serán las mismas durante la administración de Trump que las establecidas en la presidencia de Biden.
Este nuevo acercamiento entre Washington y Moscú, aunque cargado de ciertas tensiones, no deja de dar cuenta de una nueva diplomacia, más concentrada en el pragmatismo y la cooperación conveniente que en las luchas eternas e incondicionales contra enemigos construidos por visiones idealistas.
No obstante, esta nueva manera de decidir la política exterior, al tiempo que procura ofrecerle mayores ventajas económicas a quienes la implementan, también vuelve aún más impredecible el curso de los acontecimientos.
Incluso en este período observamos cómo, a pesar de este acercamiento entre Rusia y Estados Unidos, Trump no dudó en amenazar con la aplicación de sanciones si Rusia no accedía al tratado de paz.
En un tiempo con más incertidumbres que certezas, lo único que sabemos es que Estados Unidos (lo ha declarado reiteradamente) buscará en su nexo con Rusia la manera de contrarrestar la influencia china, así como mantener y, en la medida de lo posible, incrementar la suya propia.
Rusia, por su parte, no se quedará atrás y también procurará encontrar en su relación con Estados Unidos más oportunidades para consolidarse como potencia mundial.
Además, Rusia también declaró en boca de Lavrov que los métodos de Estados Unidos en la escena mundial reflejan que su posición competitiva está empeorando.
Y sentenció: “cuando un país poderoso como EEUU emplea métodos tan inescrupulosos, métodos de competencia desleal, solo indica que su posición competitiva se deteriora constantemente.

“Pero quizás existan maneras más justas de defender la propia posición que el uso directo y discriminatorio de sanciones. Esto no puede continuar por mucho tiempo; conducirá a una crisis aún más grave en las relaciones económicas y políticas internacionales”.
En su última intervención ante la prensa, en la cual participó la sección Escáner de Prensa Latina, el jefe de la diplomacia rusa dejó aclarado que Moscú sabe bien con quien trata y la forma en que Washington obtiene sus objetivos.
“Hemos presenciado acontecimientos sin precedentes: una brutal invasión armada de Venezuela por parte de Estados Unidos, con decenas de muertos y heridos, el secuestro del presidente legítimo, Nicolás Maduro, y de su esposa, Cilia Flores”, refirió Lavrov.
Igualmente recordó que junto a esas acciones, también se presencian amenazas contra Cuba y otros países de América Latina y el Caribe.

El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia alertó que actualmente la política global se rige por la ley del más fuerte, en alusión a las últimas demostraciones de fuerza de Estados Unidos en el mundo.
“Las reglas en las que debería basarse el orden mundial han sido tachadas. Hoy por hoy rige la ley del más fuerte”, dijo el diplomático, quien subrayó las consecuencias de esta política que se siente no solo en los países del Sur Global u Oriente Global, sino también dentro del propio espacio occidental, en referencia al caso de Groenlandia, bajo soberanía danesa.
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