jueves 25 de junio de 2026

Ramiro Valdés y las banderas de combate

Montevideo (Prensa Latina) Aquel 12 de julio de 1997 el Il-62 de Cubana de Aviación sobrevolaba los Andes cargado de banderas de combate, según la expresión del Comandante de la Revolución cubana, Ramiro Valdés.

Por Orlando Oramas León

Corresponsal jefe en Uruguay

Frente a él, las urnas donde reposaban los restos de Ernesto Guevara de la Serna y seis de sus compañeros de guerrilla en Bolivia, de regreso a Cuba luego de ardua búsqueda.

Me tocó participar y reportar aquel histórico viaje, que despegó del aeropuerto boliviano de Santa Cruz de la Sierra. En pleno vuelo había preguntado si podría entrevistarlo, en su calidad de responsable del retorno de aquellos mártires esperados por años en Cuba.

“El Comandante dice que conversar sí, pero entrevista no”. Bajo esa condición me senté a su lado en la cabina delantera donde reposaban las pequeñas cajas con las osamentas del Che Guevara y de los internacionalistas cubanos René Martínez Tamayo (Arturo), Alberto Fernández Montes de Oca (Pacho) y Orlando Pantoja Tamayo (Antonio).

También de los guerrilleros bolivianos Simeón Cuba (Willy) y Aniceto Reynaga (Aniceto), y del combatiente peruano Juan Pablo Chang (El Chino).

La necesidad de trasmitir y cumplir mi labor periodística me obligan a romper el silencio, preguntar y violar el aura de emoción íntima impregnada en el semblante de Ramiro, como le llama el pueblo que hoy le rinde homenaje póstumo.

Él está sentado junto a la ventanilla. Yo del otro lado, armado de una pequeña grabadora que no me atrevo a asomar. Insisto en hurgar; él expone las razones de guardar para sí las evocaciones de aquellos nombres grabados en las urnas que escoltamos.

Este tipo de sentimiento, de reflexión, me gusta hacerlos muy íntimamente porque siempre he pensado que en momentos así ponerse a hilvanar o expresar ideas me hace sentir inmoral, sin derecho, porque es quitarle el velo a algo que es muy íntimo, muy profundo, expresó.

Y añadió con solemnidad: Se puede pensar que los demás tienen derecho a conocer determinadas cosas, pero también uno tiene el derecho a preservarse para sí sentimientos de esta naturaleza. Por eso soy en este sentido mezquino, porque el que está vivo, el narrador, se lleva el mérito, y para mí lo principal es el héroe”.

Mira hacia la foto del Che Guevara, ora detiene los ojos en las urnas, y luego casi murmura vuelto a la vastedad de la cordillera transandina que asoma por la ventanilla.

Es como si musitara con su memoria: ¿Te acuerdas Olo cuando fundamos Tropas Guardafronteras?, pregunta a la urna donde reposan los restos de Orlando Pantoja.

A continuación menciona a René Martínez Tamayo, a “quien conocí ya en el trabajo en el Ministerio del Interior”. “A Pachungo (Montes de Oca), que sí estuvo conmigo en la guerra”. “La fundación de los órganos de la Seguridad del Estado junto a San Luis (capitán Eliseo Reyes Rodríguez)”.

“Son entonces muchos recuerdos y todos presididos por la relación de todos nosotros con el Che, que fue una relación muy cercana, pues él cultivaba este tipo de vínculo con los compañeros”, dijo a continuación.

EL CHE GUEVARA

Para quien fue hombre de confianza del Che Guevara, su segundo al mando en la columna invasora Ciro Redondo, evocar al jefe de tantas luchas es como tantear la historia de lazos que se forjaron al calor de muchas batallas:

“Es que el Che nos inculcó a todos la consagración a las tareas de la Revolución, claro, siempre salvando la distancia entre él y nosotros, pues nos enseñó a vivir con el ejemplo y en eso era muy consecuente. Se exigía en primer lugar a sí mismo, más que a nadie, y eso daba todo el derecho del mundo a exigirnos tanto como lo requiriera”.

Para Valdés, el revolucionario argentino-cubano “representó la contraparte lógica de esa lucha de contrarios con el imperialismo y su intención de que desaparezcan las banderas, de cambiar la historia, de desarraigar a las naciones de sus tradiciones y orígenes”.

“Porque tratan de aplastar todo lo que significa lucha antiimperialista y progresista de los pueblos, que son la esencia misma y la respuesta a por qué el Che no está desaparecido, ni han desaparecido tantos luchadores, ni han podido desaparecer la influencia de la Revolución Cubana y de Fidel (Castro) en esa lucha de los pueblos”, sentenció.

Aquella conversación devino entrevista publicada por el diario cubano Granma, sin la licencia requerida del entrevistado. No lo volví a ver en casi una década.

Lo reencontré en la embajada de Cuba ante la sede de Naciones Unidas en Ginebra, Suiza. El periodista andaba de enviado especial de Prensa Latina a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, donde se orquestaban y eran derrotadas maniobras anticubanas.

Ramiro Valdés acompañaba a Raúl Castro en una visita oficial a China, y habían hecho una parada técnica en aquella ciudad suiza. La embajada organizó un encuentro con ambos dirigentes de la Revolución.

Al momento de los saludos me situé en la retaguardia. Le tendí la diestra sin anhelo de ser reconocido. Sin mediar palabra me espetó cual regaño: “La publicaste”, pero enseguida suavizó el rostro, apretó mi mano y acotó: “Buena entrevista”.

arb/ool

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