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sábado 18 de mayo de 2024
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La gratitud de una madre haitiana, la mayor recompensa (+Fotos)

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Puerto Príncipe (Prensa Latina) Los miembros de la Misión Médica de Cuba en Haití atesoran múltiples experiencias de su labor en el país caribeño, pero para la pediatra Evelín Camejo, las muestras de gratitud de las madres haitianas las llevará siempre en su corazón como la mayor recompensa.

Por Joel Michel Varona

Corresponsal jefe en Haití

No quiero otro estímulo que no sea esa tierna mirada cuando su hijo supera un problema de salud, y cuando digo esto no creo que la vivencia sea exclusivamente mía, de seguro es también la de otros colegas que de lunes a lunes velan por el bienestar de este pueblo hermano, señaló.

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“Pertenezco a esta brigada desde noviembre de 2020; es una agrupación maravillosa, en la que todos hemos adquirido experiencia en lo profesional y personal, por lo que Haití nos marca a todos de una manera u otra”.

En el transcurso del tiempo el trabajo ha sido arduo, es impresionante la ayuda que brinda en Haití el personal médico cubano en las comunidades de difícil acceso donde fundamentalmente estamos hoy presente, resaltó Camejo en entrevista concedida a Prensa Latina.

La brigada -recordó la especialista de primer grado- atravesó disímiles procesos “pero continuamos aquí dando nuestro apoyo a los más necesitados.

“Aquí, a diferencia de Cuba, el acceso a los servicios de salud fundamentalmente para los niños es bien difícil, pero al igual que mis compañeros fuimos a remotas e intricadas comunidades como Port Salut a llevar nuestro amor y conocimientos”.

Lo más importante, además de buscar una cura para el enfermo, es la tarea de la prevención de muchas dolencias, que casi siempre son las causas que llevan a la ciudadanía a requerir de nuestra atención médica, puntualizó la experta oriunda de la oriental provincia de Santiago de Cuba.

“Muchos de esos males son prevenibles, y se puede lograr siempre y cuando sean modificados los estilos de vida de la población, y esto lo podemos materializar con una mayor educación sanitaria, ya sea con el dengue, el cólera, la fiebre tifoidea, las piodermitis y el parasitismo intestinal que con mucha frecuencia afecta a los infantes”.

Hay algo que nunca olvidare de Haití, y fue el terrible terremoto acontecido el 14 de agosto de 2021 en horas muy tempranas de la mañana; fue un sábado, muchos estábamos de descanso, pero acudimos de manera inmediata y ninguno pensó en las réplicas, lo más importante era salvar vidas, pues para eso estamos aquí, rememoró.

“Estuvimos más de 24 horas recibiendo heridos y en las tareas de clasificación, todos los puntos de atención estaban colapsados, era imposible hacer traslados y tuvimos que resolver en ese momento con todo nuestro ingenio”.

Indicó que las primeras horas fueron las más críticas, y para ella resultó impactante todo aquel desastre, “nunca había vivido un evento como ese de tal magnitud y con tales consecuencias”.

Refirió que aún no encuentra las palabras exactas para describir esa sensación de ver llegar ancianos, adultos y niños entre gritos ensordecedores y llantos lastimeros, con partes de los cuerpos destrozados al ser aplastados por los escombros generados por la caída de sus propias casas.

Sobre los inicios de la misión, precisó que al principio fue muy difícil el trato con las madres haitianas, “pero ya a los seis meses sentían por mí un cariño maravilloso”.

Poco a poco fuimos interactuando mejor, logrando simpatía y empatía, y ese cambio de conducta de ellas hacia mí fue lo que hizo posible trabajar temas puntuales como el cambio de hábitos para una vida saludable, los relacionados con la higiene y la lactancia materna, citó como ejemplos.

Algo positivo fue poder garantizar que los pacientes aceptaran las reconsultas dirigidas a los niños sanos, pues tienen la costumbre de ir al hospital si el infante está enfermo, sino no lo traen, explicó.

Estableció un espacio de tiempo para verlos, comenzando por los del primer al sexto mes de vida por lo menos una vez al mes.

Expuso que “la interacción con los niños es muy bonita, porque ellos son muy agradecidos no solo por el tratamiento, sino en la forma en que llegan enfermos y regresan a ti cuando están curados y se siente bien. Lo agradecen de una manera muy emotiva, al igual que los padres, quienes empiezan a saludarte en las calles y te hacen parte de su vida cotidiana”.

Aquí en Haití, los niños en el núcleo familiar representan la ternura, y se tiende a protegerlos más, comentó la especialista.

“Es vital establecer un sistema de comunicación y volcar en ese esquema una estrategia dirigida a enseñarles a las madres la manera en que deben alimentar al bebé, insistirles en la lactancia materna y cómo deben introducir los alimentos a partir de los seis meses, muchas progenitoras lo entendieron y lo hicieron así y eso me reconforta.

“También tuve pacientes con desnutrición, que no los puedes recuperar de todo, es complicado, pero logré que a partir de los seis meses de tratamiento comenzaran a aumentar de peso, aunque es un proceso prolongado”.

Sobre Evelín, el jefe de la Misión Médica de Cuba en Haití, Efrén Acosta, expresó: que decir de ella, quien se convirtió en un motor impulsor entre sus compañeros en los lugares donde ha sido destinada, tiene un buen carácter, es querida por sus pacientes y se caracteriza por un dominio impresionante del creole, es una excelente profesional.

 

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Acosta manifestó que aún queda mucho por hacer en Haití y la brigada va por más, “al Comandante en Jefe Fidel Castro no lo detuvo nada, lo demostró en Cinco Palmas, y nosotros tampoco nos detendremos en nuestro empeño”.

Este es su asalto al cuartel Moncada, su Sierra Maestra, su clandestinidad, su Playa Girón, “y por eso hay mil razones para seguir amando a Cuba y a la Revolución”, sentenció Acosta.

arb/joe

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