martes 27 de enero de 2026

José Martí anticipó su propia vida en el poema dramático “Abdala”

La Habana (Prensa Latina) Millones de personas llevan en su hombro con orgullo la vacuna “Abdala” contra la Covid-19, pero pocos saben que ese nombre lo dio el Héroe Nacional de Cuba, José Martí, en su poema homónimo, a un joven negro africano que combatió y murió por independizar su país de los colonialistas.

Por Pedro Rioseco*

Colaborador de Prensa Latina

Abdala constituye la primera obra de teatro escrita por Martí cuando aún no cumplía 16 años -nació el 28 de enero de 1853-, se publicó el 23 de enero de 1869 en el primer y único número del periódico La Patria Libre creado por él, e impreso en la imprenta y librería “El Iris”, en la calle Obispo en La Habana. Representa un texto de amor a la Patria de un joven de Nubia, región de Sudán al sur de Egipto, donde por vez primera en la literatura nacional un negro es el héroe que encarna virtudes patrióticas y militares, en un poema que se publica en el contexto del inicio de la primera guerra cubana contra España.

En sus ocho escenas, el joven Martí esboza sus ideales patrios y ofrece una visión anticipada de su propia vida. En la parte inicial un senador le comenta a Abdala que un conquistador amenaza con ocupar el territorio de Nubia, y ante la noticia el joven responde con firmeza: (…) Pues decid al tirano que en la Nubia / Hay un héroe por veinte de sus lanzas / Que del aire se atreva a hacerse dueño / Que el fuego a los hogares hace falta / Que la tierra la compre con su sangre / Que el agua ha de mezclarse con sus lágrimas.

Y por si fuera poca la semejanza con la situación cubana entonces, el poema continúa: (…) Conquistador infame: ya la hora / De tu muerte sonó: ni la amenaza, / Ni el esfuerzo y valor de tus guerreros / Será muro bastante a nuestra audacia. / Siempre el esclavo sacudió su yugo, / Y en el pecho del dueño hundió su clava / El siervo libre; siente la postrera / Hora de destrucción que audaz te aguarda, / ¡Y teme que en tu pecho no se hunda / Del libre nubio la tajante lanza!

La tercera parte de la obra teatral hace alusión al encuentro de Abdala con los guerreros que van a enfrentar a los agresores donde enfatiza: (…) ¡Corramos a la lucha, y nuestra sangre / Pruebe al conquistador que la derraman / Pechos que son altares de la Nubia, / Brazos que son sus fuertes y murallas! / ¡A la guerra, valientes! Del tirano / ¡La sangre corra, y a su empresa osada / De muros sirvan los robustos pechos, / Y sea su sangre fuego a nuestra audacia!

La cuarta y quinta escenas son muy emotivas, pues reflejan el temor de la madre por su hijo al que trata de disuadir de ir al combate, pero Abdala le manifiesta que detenerse no podía y que al campo iba a defender su Patria.

Martí pone en voz de Abdala su concepto de Patria, el cual es muy conocido y representativo de su obra y de su vida: (…) El amor, madre, a la Patria / No es el amor ridículo a la tierra, / Ni a la yerba que pisan nuestras plantas; / Es el odio invencible a quien la oprime, / Es el rencor eterno a quien la ataca.

Precisamente, en las dos últimas cartas que Martí escribió a su querida madre Leonor Pérez Cabrera, el 15 de mayo de 1894, un año antes de su muerte en combate, le expresó: “Pero mientras haya obra qué hacer, un hombre entero no tiene derecho a reposar. Preste cada hombre, sin que nadie lo regañe, el servicio que lleve en sí”.

Y cual visión anticipada de lo que sería su propia muerte, Martí concluye su poema dramático cuando Abdala yace moribundo, pero feliz porque siente la satisfacción de que el enemigo había sido vencido:

(…) ¡Nubia venció! muero feliz: la muerte / Poco me importa, pues logré salvarla…/ ¡Oh, qué dulce es morir, cuando se muere / Luchando audaz por defender la Patria!

Al igual que el joven Abdala, creado en su obra cuando era un adolescente, Martí dedicó su vida a la causa de su pueblo y consecuente con ello estuvo allí donde se libraban los combates y encaró la muerte como lo había anticipado.

Cumplió así el Héroe Nacional de Cuba con el precepto que había planteado en el Hardman Hall de Nueva York, el 10 de octubre de 1890, cuando aseguró: “…el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber; y ese es el verdadero hombre”.

El 8 de abril de 1892 resultó electo Delegado (jefe) del Partido Revolucionario Cubano, cuya constitución fue proclamada dos días después, el 10 de abril de 1892, y el 14 de ese mes fundó el periódico Patria, órgano oficial del Partido.

Entre 1893 y 1894 recorrió varios países de América y ciudades de Estados Unidos, uniendo a los principales jefes de la primera Guerra de 1868 y acopiando recursos para la nueva contienda.

El 29 de enero de 1895 redactó y firmó, con los coroneles Mayía Rodríguez (en representación del general en jefe Máximo Gómez) y Enrique Collazo (por los patriotas), la orden de alzamiento en Cuba y la envió a Juan Gualberto Gómez para su ejecución.

Partió de inmediato de Nueva York a Montecristi, en República Dominicana, donde lo esperaba Máximo Gómez, con quien firmó el 25 de marzo de 1895 el documento conocido como “Manifiesto de Montecristi”, programa de la nueva guerra; ambos llegan a Cuba el 11 de abril de 1895 luego de un azaroso viaje y desembarcan por Playitas de Cajobabo, en Baracoa.

Tres días después del desembarco, hicieron contacto con las fuerzas del comandante Félix Ruenes. El 15 de abril de 1895 los jefes allí reunidos bajo la dirección de Gómez, acordaron conferir a Martí el grado de Mayor General del Ejército Libertador por sus méritos y servicios prestados.

Siguiendo la marcha hacia el oeste de la provincia oriental, llegaron a Dos Ríos, cerca de Palma Soriano. El 19 de mayo de 1895 una columna española se desplegó en la zona y los cubanos fueron a su encuentro.

Martí marchaba con Gómez y el mayor general Bartolomé Masó. Al llegar al lugar de la acción, Gómez le indicó detenerse y permanecer en el lugar acordado. No obstante, en el transcurso del combate se separó del grueso de las fuerzas cubanas, acompañado solamente por su ayudante Ángel de la Guardia. Martí cabalgó, sin saberlo, hacia un grupo de españoles ocultos en la maleza y fue alcanzado por tres disparos que le provocaron heridas mortales.

Cuando se conoció lo sucedido, resultó imposible rescatar su cadáver, el cual fue conducido por los españoles y, tras varios enterramientos, finalmente fue sepultado el día 27 en el nicho número 134 de la galería sur del Cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, y muchos años más tarde depositado en su mausoleo.

Desde allí, sus ideas y ejemplo inspiraron a la Generación del Centenario martiano, dirigida por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, para hacer finalmente la Revolución que él soñó y sigue marcando el rumbo para todos los cubanos hacia una Patria próspera, antiimperialista y socialista.

arb/prl

*Corresponsal jefe de Prensa Latina en Nicaragua y concurrente en El Salvador, Guatemala y Honduras durante 10 años; corresponsal jefe en República Dominicana, Ecuador y Bolivia. Creó y dirigió la Editorial Génesis Multimedia que hizo la Enciclopedia Todo de Cuba y 136 títulos más. Anteriormente, director del periódico Sierra Maestra en la antigua provincia de Oriente, ayudante del ministro de Cultura Armando Hart; jefe de la Redacción Internacional de la revista Bohemia con coberturas internacionales en más de 30 países y es autor del libro Comercio Electrónico, la nueva conquista. Dirige la revista Visión de la UPEC y es presidente de su Grupo Asesor.

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