Por Verónica Nuñez
De la redacción de Cultura
Esa obstinación del movimiento, ese empeño por no detenerse a
pesar de la situación, quizás define mejor que cualquier otra
metáfora lo que representa para la nación caribeña la Feria
Internacional Cubadisco, que celebra 29 años de existencia.
Indira Fajardo, al frente del Instituto Cubano de la Música (ICM),
lo definió sin rodeos: Siempre ha marcado una pauta dentro de lo
que se entiende por la salud de la discografía cubana.
No se trata solo de un evento de premiaciones, sino del espacio
donde confluyen disqueras estatales, sellos independientes,
artistas residentes en el exterior y músicos internacionales que
encuentran en Cuba un lugar para mostrar su arte.
Pero Fajardo se apresuró a señalar que el mérito no es individual.
Definió a Ciro Benemelis Durán como “el iniciador de toda esta
suerte de vitrina necesaria” y el fundador Jorge Gómez, presidente
desde 2015 hasta su reciente fallecimiento, fue quien “siempre
construyó una idea en torno al Cubadisco donde se posicionara como
la verdadera cara de la industria”.
Ese ADN fundacional, aseguró, sigue vigente: mostrar lo que se
produce, validar la calidad y conectar a todos los eslabones de la
cadena de valor de la música cubana.
La próxima edición estará dedicada al son, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura el pasado año, y coincidirá con el centenario del Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, quien siempre estuvo muy vinculado a los músicos.
El festival también honrará los 70 años de la orquesta Revé y el
centenario del cantante Pacho Alonso. Será un ensayo de
adaptación: ante la crítica situación energética del país, se
adelantarán horarios, se reducirán espacios y se priorizará que el
público pueda acceder a las actividades.
UNA MIRADA AL INTERIOR DEL CUBADISCO
Contrario a lo que muchos piensan, lo que llega a Cubadisco no es
todo lo que se hace en Cuba, “todo lo contrario, es solamente una
puerta”, aclaró Fajardo.
Sin embargo, esa puerta se ha convertido en el momento de mayor
preparación para las disqueras, incluido el creciente sector
independiente.
La feria tiene múltiples espacios de realización, pero “el más
importante es el premio, porque es ahí donde se concentra realmente toda la validación de la calidad de lo producido durante un año”, reiteró la presidenta del ICM.
A pesar de su relevancia cultural, Cubadisco no logra ser
autosuficiente.
Es un evento financiado enteramente por el ICM. Salvo en dos
ocasiones, ha generado ingresos, pero no han sido suficientes como
para cubrir todos sus gastos, sentenció su presidenta. Asumir esos
costos, dijo, es una voluntad expresa de la institución por la
importancia del certamen.
De cara al exterior, el panorama es más complejo.
No ha generado muchos ingresos, admitió, al enumerar algunos
obstáculos: el bloqueo, las campañas de difamación contra Cuba, la
falta de acceso a plataformas internacionales para promocionar el
evento y, sobre todo, que “los canales de distribución de nuestra
música hoy están en manos de terceros”.
Eso implica que lo que Cuba valida como calidad no necesariamente
encuentra eco en el mundo. Y sin difusión internacional, resulta
difícil atraer al público extranjero que querría ver en su origen
a esas agrupaciones.
Todo conspira negativamente; es uno de los principales desafíos, añadió.
PREMIO CUBADISCO: DIVERSIDAD Y TRANSPARENCIA
El Premio Cubadisco surgió con la fundación de la feria internacional en 1997, con una plataforma diversa de casas y
sellos discográficos, incluso extranjeros.
A partir de 1998 comenzó a enfocarse en áreas genéricas y a
convertirse en una guía para conocer los campos de la discografía
cubana con mayor presencia en el mercado, medios y vida cotidiana.
No es un musicológico, sino más bien académico.
Así lo definió la presidenta del Comité del Premio Cubadisco y
fundadora de la Feria Internacional, Caridad Diez.
El premio constituyó un impulso; creó dinámicas diferentes que le
abrieron un nuevo camino a esa pluralidad que estaba naciendo en la
industria musical cubana desde la producción y el manejo de otros
tipos de gestiones relacionadas con la comunicación, patrocinios,
alianzas, subrayó Diez.
El mecanismo del premio es, además, una rareza en el ecosistema
institucional cubano: un proceso deliberadamente transparente,
descentralizado y democrático.
No se decide a puerta cerrada en La Habana. El jurado se conforma
a partir de las propuestas que recibe el Premio, con apoyo de los
consejos técnicos asesores de instituciones como la Unión de
Escritores y Artistas de Cuba, la Asociación Hermanos Saíz, Centro
de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana, centros
provinciales de música, empresas del sector, ganadores de premios
nacionales de esta manifestación artística.
Se escucha cada material presentado. Se discute. Y se llega a una
decisión por consenso colectivo.
Buscamos la transparencia, la diversidad y la democracia también,
insistió Fajardo. En dichos comités de escucha participan incluso
jóvenes estudiantes de la Escuela Nacional de Arte, junto a
músicos consagrados.
Así lo secundó Caridad Diez, quien constató el proceso abierto de
los más de 100 integrantes de estos grupos de trabajo.
Los criterios de evaluación se definen a partir de las
características que cada año presenta el premio, porque, ante
todo, hay un criterio de calidad; buscamos que se parezca lo más
posible a la realidad de la música y la creación en Cuba, enfatizó
Diez.
Tanto el Comité del Premio como el Consultivo se nutre de mucha
información, compara con otros mercados y tiene en cuenta el
contexto de producción, para buscar un lenguaje que los mantenga
vinculados con el ámbito internacional.
Los procesos son muy duros y polémicos. Hay que escuchar y ver
muchos materiales, garantizando el respeto a los creadores. El
trabajo del comité es riguroso, pero también de mucho coraje,
resaltó Diez, quien confirmó que en ocasiones, el equipo de
trabajo ha consultado con más de 150 personas.
CUBADISCO, LA JOYA DEL INSTITUTO CUBANO DE LA MÚSICA
La dedicatoria al son es también una declaración de principios. En
un contexto donde géneros más actuales como el reparto dominan las
producciones discográficas, y donde músicas tradicionales van
quedando rezagadas en los registros fonográficos, volver la mirada
hacia el son es una forma de recordar que la identidad musical
cubana tiene raíces profundas que no conviene descuidar.
El Cubadisco siempre ha tenido una postura fresca sin dejar de
plantear esas tradiciones más auténticas que tiene Cuba, sostuvo
Fajardo.
Entre los momentos sublimes, adelantó un concierto de Rolando Luna
con Annys Batista y la celebración de los Días de la Diversidad
Cultural, el Campesino Cubano y contra la Homofobia, la Transfobia
y la Bifobia.
Además, confirmó que el formato híbrido se mantiene: el canal
Clave volverá a convertirse en el canal Cubadisco con apoyo de las
redes sociales.
Para el Instituto Cubano de la Música, Cubadisco es más que un
evento, porque junto al Festival Internacional de Coros CorHabana,
es uno de los que se organizan directamente desde la institución.
Es una de las joyas, reconoció Fajardo. Y aunque existen otros
festivales como Jazz Plaza o Josone, “Cubadisco tiene esa magia de
unirnos y ponernos a trabajar todos juntos por el beneficio de la
música”.
El año próximo cumplirá 30 años, y por sus entrañas han pasado
personalidades que “han dejado una huella imborrable dentro de la
música cubana”.
Lo más importante no es la entrega del premio, sino que dicho reconocimiento sea “ese referente de calidad auténtico” que contribuya a formar público y a visibilizar, una vez más, la vitalidad de la música cubana.
arc/vn





