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sábado 25 de mayo de 2024
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ESCÁNER: Panamá: Nos mataron al General Torrijos (I) (+Fotos)

Ciudad de Panamá (Prensa Latina) Fue el viernes 31 de julio de 1981, día en que la historia política panameña daría un giro de 180 grados.
Por:
Mario Hubert Garrido
Corresponsal jefe en Panamá

Aquella mañana, el general Omar Torrijos Herrera decidió cumplir otro de sus acostumbrados viajes a la región montañosa de Coclesito, pueblo rural en la provincia de Penonomé, una población modelo fundada por él como parte de su plan de actividades en esa área montañosa.

Lo trasladaría hacia el lugar la aeronave De Havilland Twin Otter (DHC-6) con matrícula FAP 205, propiedad de la Fuerza Aérea Panameña, conducida por el capitán Azael (Cholo) Adames y su copiloto Víctor Rangel.

Partieron sobre las 10:34 hora local desde el Aeropuerto de Río Hato y 11 minutos después hicieron una pequeña escala en el Aeropuerto de Penonomé. A las 11:40 hora local viajaron hacia su destino final, pero nunca arribaron. Las faldas del Cerro Marta se interpusieron en los planes de vuelo.

Según se cree, la aeronave se estrelló cerca del mediodía. Junto al líder militar también morirían en el lugar el piloto y el copiloto, más la odontóloga Teresa Ferreira, el sargento Ricardo Machazek (escolta), el mecánico Eric Rivera y el asistente Jaime Correa.

LÍDER MÁXIMO DE LA REVOLUCIÓN PANAMEÑA

Faltaban 70 días para celebrar los 13 años en el poder, asumido cuando el 11 de octubre de 1968, al frente de una Junta Militar, derrocó al gobernante Arnulfo Arias y ocupó simultáneamente la presidencia y la jefatura de la Guardia Nacional.

De acuerdo con analistas, nunca antes un jefe de Estado panameño logró audiencia con un mandatario de la Casa Blanca. Torrijos disolvió todos los partidos políticos existentes e instauró un Gobierno de corte popular y nacionalista.

Desarrolló un amplio programa de obras públicas, convirtió a Panamá en un centro bancario internacional, logró que los estadounidenses devolvieran la base militar de Río Hato, ocupada durante tres décadas, y mereció la condición de “Líder Máximo de la Revolución Panameña” en la Constitución de 1972.

Pero su mayor mérito, señalan, fue la firma de dos tratados (1977 y 1978) para la devolución del Canal en 1999, negociaciones que lo colocaron como “la piedra en el zapato” del Imperio, afirmó el sociólogo Olmedo Beluche en uno de sus tantos artículos sobre el tema.

Las gestiones de Torrijos no terminaron con la firma de los tratados. En esa época tramitaba con los japoneses para construir un canal a nivel del mar.

Acerca de su desaparición, Julio Yao, asesor del Ministerio de Relaciones Exteriores en los Tratados Torrijos-Carter, argumentó en uno de sus libros la culpabilidad de Estados Unidos, que “ha demostrado históricamente hacer todo lo necesario para mantener el monopolio o el control sobre la ruta interoceánica”.

El canal era además el pretexto perfecto de Washington para constituirse en un enclave de bases militares con vistas al control del continente durante la Guerra Fría.

LAS MANOS DE LA CIA

En una entrevista concedida al diario neoyorquino La Prensa, el economista norteamericano John Perkins aseguró que en el “accidente” estuvo la rúbrica de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos.

“Su avión explotó por una grabadora con una bomba en ella”. Versiones no confirmadas apuntan que los instrumentos de la nave fueron interferidos desde tierra. Luego, en su libro “Confesiones de un sicario económico”, Perkins aseguró que la muerte de Torrijos no fue accidental.

Esa versión apunta a que el general fue asesinado por órdenes expresas de la CIA, cuyos dirigentes se oponían a que como resultado del Tratado de 1977 y  las negociaciones que él encabezara sobre la administración del Canal, la vía interoceánica terminara en manos de los panameños, como sucedió 18 años después.

Sin embargo, los documentos relacionados con el accidente desaparecieron durante la invasión de Panamá por Estados Unidos, el 20 de diciembre de 1989; la mal llamada Operación Causa Justa pretendía capturar y extraditar al dictador Manuel Antonio Noriega, pero el verdadero objetivo era ponerle otro obstáculo a la soberanía nacional.

Algunos investigadores citan testimonios incluso del abogado Frank Rubino, representante de la defensa de Noriega en audiencias preliminares al juicio en Miami, en mayo de 1991, cuando afirmara que “el general Noriega tiene en su poder documentos que demuestran los atentados sufridos por él y Torrijos, todo orquestado por agencias del Gobierno de Estados Unidos”.

HALCÓN AL VUELO

A esta tesis se suma la denuncia realizada, en 1986, por Moisés Torrijos (fallecido), hermano del general, quien desenfundó unos informes que hablan de la “Operación Halcón al Vuelo”, organizada y financiada por la CIA.

Otro de los que culpan a la CIA fue su escolta personal y destacado intelectual José de Jesús Martínez (Chuchú), autor del libro Mi General Torrijos.

“Recuérdese que ya en 1973, en los días de Watergate, cuando el imperialismo lavó en público algunos de sus trapos sucios, se reveló que Washington quería eliminar a Torrijos. El “accidente” ocurrió en un sitio donde el avión no tenía por qué estar”, describió.

Registros de prensa coinciden en que tras el desastre que le robó la vida al general a los 52 años, resulta ineludible no relacionar su muerte con otras:

En junio de 1980, el avión en el cual volaba el vicepresidente electo de Bolivia, Jaime Paz Zamora, cayó a tierra envuelto en llamas. Se manejó la teoría, aún si comprobarse, de que habían echado azúcar en el tanque de la gasolina.

Después vino la tragedia del presidente de Ecuador, Jaime Roldós, en mayo de 1981; y más tarde la del jefe del Estado Mayor de Perú, general Rafael Hoyos Rubio, en junio de ese año.

“No es fácil creer que tantos desastres sucesivos sean casuales, porque no es tan selectivo el índice de la muerte y hasta las mismas casualidades tienen sus leyes inexorables”, sospechó en una de sus crónicas Gabriel García Márquez.

Por su cercanía a Torrijos, el Gabo podía dar fe de que “los aviones en que volaba casi todos los días desde hacía muchos años eran buenos y muy mantenidos, y sus pilotos rigurosos eran los únicos que tomaban las decisiones del vuelo”.

Incluso se habló de un campesino que escuchó dos explosiones y del teniente Juan González de los Macho de Monte, el primero en llegar al área del siniestro en operaciones de rescate, pero este pagó por su inconformidad ante la decisión de archivar el caso. Los frenos de su carro “no respondieron” y perdió la vida en otro accidente.

(Continúa)

arb/ga

Colaboraron en este trabajo:
Amelia Roque
Editora Especiales Prensa Latina
Deisy Francis Mexidor
Jefa Redacción Norteamérica
Ivette Fernandez
Redacción Norteamérica
Laura Esquivel
Editora Web Prensa Latina
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