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sábado 18 de mayo de 2024
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ESCÁNER: Nadie mató a Benazir Bhutto (+Info)

La Habana (Prensa Latina) La primera mujer en dirigir un país musulmán, Benazir Bhutto, siempre supo, desde muy joven, que encontraría la muerte en su natal Pakistán.
Por:
Amelia Duarte de la Rosa
Redacción Norteamérica

Fue tras una conversación con su padre, antes de partir a estudiar en la universidad estadounidense de Harvard en 1969 que la entonces adolescente escuchó la premonición y la narró en su autobiografía Hija del destino.

“Vas a marcharte a América —me había dicho entre las tumbas de nuestros antepasados— Verás muchas cosas que te asombrarán y visitarás lugares de los que jamás has oído hablar. Pero recuerda que aquí es adonde finalmente regresarás. Éste es tu lugar. El polvo, el barro y el calor de Larkana están en tus huesos. Y aquí será donde te enterrarán”.

Tres décadas después de esa conversación, Benazir fue inhumada en Larkana, junto a sus antepasados, en el 2007, año fatal en el que un atentado kamikaze acabó con su vida.

La dos veces primera ministra de Pakistán fue asesinada el 27 de diciembre de 2007, a los 54 años, por un atacante suicida. Acababa de terminar un mitin político en la ciudad de Rawalpindi cuando el hombre se acercó a su convoy, le disparó y se inmoló.

El homicidio desencadenó una doble oleada de indignación y rabia, por el crimen en sí y por la certeza de que, a juzgar por la historia del país, nadie pagaría por él.
 
Vida y carrera política de Benazir

Benazir provenía de una familia con prominencia en la vida política nacional. Era la hija mayor de Zulfikar Ali Bhutto, el primer ministro elegido democráticamente en Pakistán, ejecutado en 1979 después de ser depuesto en un golpe militar por el régimen militar del general Zia-ul Hag.

La muerte de su padre fue un duro golpe para su familia, pero brotó en ella el compromiso por el bienestar de su país.

“Ahora, en la pesadilla que envolvía Pakistán, su causa se había convertido en la mía. Lo sentí al pie de su tumba, sentí su fuerza y la convicción de su alma que me impregnaban. En aquel momento juré que no descansaría hasta que la democracia volviera a Pakistán”, escribió en su libro.

“Prometí que la llama de la esperanza que él había encendido seguiría viva. Había sido el primer líder de Pakistán que hablaba en nombre de todo el pueblo, no sólo de los militares y de la élite. A nosotros nos correspondía seguir adelante”, enfatizó.

Bhutto se convirtió en una figura dominante en la política paquistaní y llegó a ser dos veces primera ministra, de 1988 a 1990 y de 1993 a 1996.

Los registros históricos recogen que salió de Pakistán en 1999, pero volvió en octubre de 2007 luego de que el entonces presidente Pervez Musharraf le otorgara a ella y a otros una amnistía.

Estaba considerada una de las principales líderes de la oposición para participar en una elección convocada por Musharraf para enero de 2008, sin embargo, la procesión de bienvenida que le hicieron en Karachi fue bombardeada por supuestos militantes.

Sobrevivió al ataque, que mató a unas 150 personas, pero sería asesinada dos meses después.

¿Qué ocurrió el 27 de diciembre de 2007?

Las últimas imágenes de Bhutto con vida, del fotógrafo de Getty Images John Moore, certifican que la ex primera ministra se asomó al techo del vehículo blindado que la transportaba, una vez acabado el mitin electoral de su partido, el Partido Popular de Pakistán (PPP), para saludar a sus seguidores.

Inmediatamente después se produjo una explosión, pero justo antes se registraron varios disparos, tras los cuales, certifica el periodista, Bhutto desapareció del techo.

Sardar Qamar Hayyat, dirigente del PPP que se encontraba a unos diez metros del lugar del atentado, explicó a la prensa local que la ex primera ministra “estaba dentro del vehículo y salía por la puerta tras dirigirse a la multitud cuando un joven comenzó a gritar consignas en su favor”.

Una versión es que tras dispararle a Bhutto, el autor del crimen se inmoló haciendo estallar la carga explosiva que portaba. Con la detonación fallecieron al menos una veintena de personas y otras 43 resultaron heridas, según declaraciones del inspector general de la Policía de Pakistán, Syed Marwat Shah.

El fallecimiento de la ex primera ministra tuvo lugar en el Hospital General de Rawalpindi, localidad vecina a Islamabad, la capital  donde fue trasladada tras la revuelta.

Según precisó un médico que la atendió en el hospital, una de las balas entró por la parte posterior del cuello y dañó la espina dorsal -principal causa de la muerte- antes de salir por un lado de la cabeza y la segunda, por la parte posterior del hombro para salir por el pecho.

Esta fue la versión que apoyaron varias pruebas visuales, entre ellas una resonancia que muestra la fractura en el cráneo de Benazir Bhutto y una fotografía en la que se puede ver claramente sangre en el picaporte del techo corredizo del vehículo.

Desde el partido de Bhutto, sin embargo, se apresuraron a asegurar que se trataba de una “sarta de mentiras” y que dos balas la alcanzaron, “una en el abdomen y una en la cabeza”.

Por otra parte, su marido, Asif Ali Zardari, que no se encontraba en el país en ese momento, manifestó a un canal privado de televisión paquistaní que su esposa había sido disparada en el cuello después de la explosión y no antes.

Demasiadas hipótesis y versiones contradictorias que será difícil aclarar, ya que ni las autoridades ni la policía solicitaron la autopsia que podría haber acabado con todas las dudas.

Tras la muerte de la líder del PPP, el presidente del país, Musharraf, hizo un llamamiento a la “paz” y decretó tres días de luto.

Aseguró que el asesinato fue obra de terroristas y pidió el apoyo del pueblo. “Esta crueldad es el trabajo de los terroristas contra los que luchamos y no descansaremos hasta que nos hayamos deshecho de ellos “, agregó.

Al mismo tiempo, en ciudades como Islamabad, Karachi o Peshawar se multiplicaron los incidentes y altercados, lo cual activó a las fuerzas paramilitares.

Las declaraciones de condena se sucedieron nada más conocerse la muerte de Bhutto. La India fue uno primeros países en reaccionar, también los países árabes e islámicos, a través de la Conferencia Islámica y la Liga Árabe se sumaron a la reprobación, al igual que lo hicieron el Consejo de Seguridad de la ONU y la Unión Europea.

Todos coincidieron en condenar el “terrorismo” y en realizar un llamamiento a la calma ante la situación de caos que se vislumbraba tras la muerte de Bhutto.

Coincidentemente, durante el mitin previo al atentado, ella exhortó a la multitud a “acabar por completo” con los terroristas, y pidió al pueblo que la ayudase y se mantuviera a su lado.

También, como había dicho en concentraciones anteriores, recordó que los asesinatos políticos son habituales en la historia de la región y capítulo aparte merecería la mención de los magnicidios en la India de los Gandhi: Mahatma (1948), Indira (1984) y Rajih (1991).

Asesinato ¿sin culpables?

Nadie mató a Benazir Bhutto. A 16 años de su muerte aún se desconoce quién ordenó el magnicidio.

Tampoco se sabe quién fue el pistolero que encañonó a la exmandataria, aunque un segundo terrorista –suicida– habría sido identificado como un chico de 15 años de edad llamado Bilal.

El joven junto a otros vinculados con la conspiración eran estudiantes en la madrasa (escuela musulmana de estudios superiores) Haqqania, apoyada por el Talibán, en el noroeste de Pakistán, según investigaciones posteriores.

Pero todos los estudiantes asociados con el seminario vinculados con la conspiración también murieron tiempo después, en forma misteriosa.

Durante años, el crimen ha sido objeto de cientos de vistas, a cargo de cinco jueces, y lo único claro es que tras tantas investigaciones fue ultimado un fiscal, quien fungió como jefe de seguridad de Benazir Bhutto.

Por su parte, fuentes militares sugirieron a la cadena británica BBC que miembros de la élite política pudieron haber estado involucrados en el asesinato.

El propio Musharraf fue acusado de homicidio, conspiración criminal y de haber facilitado el asesinato de Bhutto, pero lo negó categóricamente.

En cualquier caso, la muerte de Bhutto, colocó a su viudo, Asif Ali Zardari, en la jefatura del Estado. En menos de seis meses, el general Musharraf abandonó el poder y luego el país.

Algunas teorías conspirativas se inclinan por responsabilizar del homicidio a Zardari, sobre todo porque ocupó el lugar gubernamental que debía ser de su esposa, pero él siempre rechazó tales imputaciones con firmeza.

Documentos oficiales secretos vinculados a la investigación y revisados por la BBC muestran que las indagaciones policiales fueron tan pobremente dirigidas que hasta sugirieron que las autoridades nunca quisieron encontrar a otros culpables más allá de los conspiradores de rango bajo que ya habían arrestado.

Incluso la comisión de la ONU que investigó el caso concluyó que probablemente jamás se desenredaría esa madeja, por falta de voluntad política.

“Había mucha gente de la élite política a la que queríamos entrevistar, pero se negaron (…) algunos de los obstáculos vinieron de los políticos, así como de miembros del ejército”, afirmó Heraldo Muñoz, quien encabezó dicho comité.

Mientras la investigación progresaba, apuntó, la sede en la que se reunía la comisión fue clausurada, así como el personal antiterrorista que protegía al equipo.

Hasta ahora, las únicas personas condenadas por el asesinato de Benazir Bhutto son dos agentes de la policía que ordenaron que se limpiara la escena del crimen en Rawalpindi.

arc/dfm/adr

Colaboraron en este trabajo:
Armando Reyes Calderín
Editor Especiales Prensa Latina
Deisy Francis Mexidor
Jefa Redacción Norteamérica
Ivette Fernandez
Redacción Norteamérica
Laura Esquivel
Editora Web Prensa Latina
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