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martes 21 de mayo de 2024
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ESCÁNER: Otro plan para socavar la paz en Líbano (+Fotos +Info +Video)

Beirut (Prensa Latina) Considerada la mayor conmoción política tras la guerra civil (1975-1990), el asesinato del exprimer ministro Rafik Hariri convirtió a Líbano en un escenario de conflicto entre los defensores y detractores del proyecto de Estados Unidos para la nación levantina.
Por:
Yodeni Masó Aguila
Corresponsal jefe en Líbano
Leslie Alonso
Corresponsal Líbano

El atentado terrorista sacó de la escena al político sunita, en medio de las ambiciones de Washington y sus aliados para poner fin a la presencia de Siria en el país y avanzar en la normalización de las relaciones entre Israel y las naciones árabes.

Una enorme y potente explosión destruyó la caravana del exgobernante el 14 de febrero de 2005 y ocasionó la muerte de otras 21 personas entre custodios, ayudantes y transeúntes cerca del hotel St. Georges, en la costa de esta capital.

La acción recibió una amplia condena local e internacional, calificada por el entonces presidente de la República, Emile Lahoud (1998-2007) de crimen atroz contra la paz y la estabilidad civil de la nación.

Para el doctor en Historia y Relaciones Internacionales Jamal Wakim, el asesinato de Rafik Hariri, orquestado desde la administración norteamericana y sus aliados, intentó ser un detonador para arrastrar a la población libanesa a un enfrentamiento interno.

ALIANZA CON EL CAPITAL

A nivel político, Hariri es recordado por ser uno de los artífices del Pacto del Taif en 1989 que puso fin a la guerra civil, aunque muchos expertos consideran que posterior a este acuerdo sus ideas nacionalistas sufrieron una transformación al tolerar intereses de potencias extranjeras.

El empresario y fundador del Movimiento Futuro encabezó el gobierno en dos períodos (1992-1998 y 2000-2004), marcado por su inclinación hacia la clase financiera afiliada al capital francés, anglosajón, a las monarquías del Golfo y al emigrado libanés.

Sus directrices en el orden económico silenciaron a la empresa nacional y a los sectores productivos para dar espacio a la importación de la gran mayoría de las necesidades de los ciudadanos.

De acuerdo con el experto económico Ziad Nasereddine, la entrada en esta época de remesas de la diáspora a los bancos locales condicionó la vida de las familias durante los años 90, mientras el Gobierno endeudaba al país para afianzar el sistema rentista y la sociedad de consumo.

Bajo los mandatos de Hariri, la construcción de carreteras, puentes, grandes hoteles, edificios residenciales, centros comerciales, además de la ampliación y modernización del aeropuerto internacional, el desarrollo del turismo y las garantías financieras, alimentaron el epíteto de Líbano como la Suiza de Medio Oriente.

En este sentido, el investigador Wakim puntualizó a Prensa Latina que los mandatos de Hariri reflejaron la influencia de Arabia Saudita y Estados Unidos en Líbano, además de la injerencia por avanzar hacia la firma de un acuerdo de paz entre los árabes e Israel que ayudara según dicho plan, a transformar a la nación en un centro financiero regional.

La Casa Blanca pretendía utilizar a Líbano como pieza clave en su intención de provocar un cambio de gobierno en Siria tras la muerte del mandatario Hafez Al-Assad.

Pero el plan fracasó luego del acercamiento de Hariri con figuras prominentes de Damasco, como el vicepresidente Abdul Halim Khaddam, el jefe de la inteligencia siria en Líbano Ghazi Kanaan y el exjefe del Estado Mayor del Ejército Hekmat Shehabi.

En 2004, las presiones estadounidenses para conseguir tales objetivos obligaron al entonces primer ministro, Rafik Hariri, a abandonar, a través de una renuncia, el escenario del gobierno por temor a represalias.

A inicios de 2005, Washington ya había invadido Afganistán e Iraq y tenía previsto derrocar a Siria e Irán en su estrategia imperialista dirigida a redibujar el mapa geopolítico de la región, indicó Wakim.

En febrero de ese mismo año, el ataque a la caravana de Hariri provocó un clima de incertidumbre y sus ecos llegaron a la plaza Al-Nejmeh (La Estrella), donde los comités parlamentarios abordaban en la tarde del 14 de febrero el proyecto de ley de las elecciones legislativas.

Al activar el Consejo Supremo de Defensa, el jefe de Estado, Emile Lahoud, llamó a los libaneses a ejercer máxima vigilancia, paciencia y disciplina a fin de evitar que el trágico incidente constituyera un pretexto para dañar la seguridad y la estabilidad de la patria.

JUICIO ENSOMBRECIDO

Tras el asesinato de Rafik Hariri, tanto las primeras indagaciones como la propia comisión de investigación creada por Naciones Unidas atacaron de manera pública a Damasco, al movimiento chiita Hizbulah y a altos oficiales de los cuerpos de seguridad de Líbano, de supuestos responsables.

En este contexto, fueron filtrados reiteradamente a los medios de comunicación aparentes implicados y testimonios de cientos de personas que más adelante fueron declarados por la justicia sin efecto ni valor.

La muerte del exgobernante condujo a insistir en la salida de las fuerzas sirias y sus servicios de inteligencia de las tierras libanesas, a las que ingresaron durante el conflicto civil local a solicitud oficial del entonces gobierno de Beirut.

A juicio del escritor y analista Wakim, todas las investigaciones, ya fueran nacionales o internacionales, se politizaron para apuntar a Hizbulah debido a su posición de fuerza junto con otras naciones como Siria e Irán, contra el proyecto estadounidense-israelí en el Líbano y la región.

De acuerdo con el investigador, la Casa Blanca quiso culpar a la resistencia y al mismo tiempo provocó las manifestaciones que eventualmente llevaron a la retirada de Siria en abril de 2005 bajo la Resolución 1559 de Naciones Unidas.

El asesinato de Hariri situó a Líbano hasta hoy en un escenario de conflicto entre los aliados a la agenda geopolítica de Estados Unidos en el Levante y quienes rechazan la intromisión de potencias extranjeras y los planes de Washington  e Israel como Hizbulah, precisó Wakim.

Durante los últimos 18 años, los libaneses esperan por los resultados del tribunal internacional sobre el atentado a Rafik Hariri en medio de falta de pruebas contundentes y una gran injerencia en las investigaciones.

A pesar de las diferencias en torno a esta personalidad política, el hecho de su magnicidio con un marcado carácter terrorista, convoca cada año a los seguidores del Movimiento Futuro, a la comunidad sunita y al pueblo libanés a rendir tributo ante su tumba, ubicada en el centro de Beirut, contigua a la gran mezquita Mohammad Al Amin.

arb/dfm/yma

Colaboraron en este trabajo:
Amelia Roque
Editora Especiales Prensa Latina
Deisy Francis Mexidor
Jefa Redacción Norteamérica
Richard Ruiz
Periodista Prensa Latina
Laura Esquivel
Editora Web Prensa Latina
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