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lunes 20 de mayo de 2024
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ESCÁNER: Cuentos de terror y misterio en los campos de Cuba (+Fotos +Audio +Info +Video)

La Habana (Prensa Latina) Revivir historias de antepasados contadas por nuestros abuelos resulta muy común en Cuba, quizás por la influencia de las raíces aborígenes, africanas, españolas y de otras latitudes.
Por:
Daimarelys Pérez
Jefa de la Redacción de Radio

Cuentos de camino, seres míticos y fábulas de aparecidos conforman el preciado caleidoscopio de la mitología de esta nación, un ajiaco descrito por el etnólogo y antropólogo cubano Fernando Ortiz (1881-1969).

La profesora titular de la Universidad de La Habana (UH) María Amelia González Braniella, máster en ciencias del arte y la cultura en desarrollo sociocultural y en antropología, dialogó con Prensa Latina sobre la arraigada tradición oral de la isla caribeña, a la cual le debemos un triple efecto y un triple origen.

En ese sentido se habla de la presencia aborigen, pero no podemos negar la representación hispana y más tarde la africana. En opinión de la especialista, muchos de esos mitos se repiten en República Dominicana, en Haití y en Puerto Rico; le pueden cambiar el nombre, pero es el mismo contexto antillano.

ENTRE MOVIMIENTOS DE MALEZA Y FUEGOS FATUOS

En definitiva siempre van a ser esos espíritus errantes por nuestros sitios rurales, para bien o para mal, y todavía hoy prevalecen, muchos de ellos vinculados sobre todo a las cuestiones marítimas, a ríos y lagunas, afines a la presencia nativa, relató.

Entre esas alegorías cubanas se esconde el juguetón “güije” o “chichiricú”, narró la académica, relacionado con la presencia africana y con lo expuesto antes sobre las leyendas lacustres.

Ninguna otra fábula en estas tierras está tan arraigada en la memoria colectiva como la de este negrito.

En el libro Mitología cubana -documento obligado desde los puntos de vista literario y antropológico-, el folclorista y mitólogo Samuel Feijóo comentó que la leyenda de esta criatura sobrepasa cualquier otra en la isla.

González Braniella refirió que Feijóo fue quien mejor supo resumir esas fantasmagorías de los campos de Cuba.

Pero antes, en 1836, el lexicógrafo Esteban Pichardo y Tapia ya lo había recogido en su diccionario como “un ser pequeñísimo, indio, al cual el vulgo cubano veía salir de ríos o lagunas, de color muy moreno, con muchos cabellos, enamorado y retozón”.

Según definieron estudiosos más adelante, tiene forma humana y es del tamaño de un niño, de color negro, peludo y habita en charcos para velar por la paz y la tranquilidad en la naturaleza.

El personaje de “El babujal”, de igual manera entra en esta tertulia fantástica, y es una especie de diablillo, gnomo o elfo, muy de moda en estos tiempos. Se trata de un ente propio del origen de los arhuacos, ika o ijka, pueblo amerindio de la vertiente meridional de la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia.

Al ser tan creyentes, -y continúan siéndolo en muchos sitios,- decoraban sus cuerpos con tatuajes religiosos para protegerse de los malos espíritus, y horadaban orejas y labios con oro, plata, piedra, hueso y concha con la idea de espantar cualquier peligro.

A LO CUBANO Y CON SAZÓN

Hay una característica del cubano, según explicó la catedrática, y es que posee muchas influencias, entre ellas, la española en general, pero con destaque de la canaria, y, aparte de la indígena y la oriunda del rico continente africano, “contamos, además, con la pujanza china y el influjo árabe”.

En menor medida llegó a Cuba la tradición goda y visigoda, no tuvimos directamente la cosmogonía celta, pero también arribaron a estas tierras caribeñas y hubo mucha inmigración asturiana y cantábrica, aclaró.

La celta tuvo sus propias historias hispanizadas y transmutadas, similares a las de este lado del planeta, como las brujas canarias, las chanas asturianas, y otro tipo de los ya mencionados babujal y güije, pero de origen español.

Todo lo anterior es muy interesante, pero sin olvidar que los legados más enriquecedores dentro de la cultura cubana son los provenientes de África y de Hispanoamérica, de la España peninsular o isleña, debido a la variedad de etnias ancladas en Cuba, precisó.

La antropóloga cubana añadió que la gente nada más piensa en las divinidades del panteón africano, pero la diversidad es muy grande, y las subetnias aún lo son más, donde cada cual aporta un sabor diferente.

De acuerdo con esta versada en temas socioculturales, de esa multiplicidad salieron dichos personajes, como el caso de la extraña, y a veces tan disímil, interpretación de Olokun, ídolo de la religión Yoruba.

En el templo espiritual del gran continente este resulta el orisha o divinidad del océano, simboliza el mar en su estado más aterrador y, además, es dueño de las profundidades, representado como un andrógino, lo mismo hombre que mujer.

Vinculada directamente a Yemayá, que es en esta mitología la diosa madre, patrona de las mujeres, en especial, de las embarazadas. Ambas deidades (Olokun y Yemayá) fueron insertadas en Cuba a través de los negros esclavos traídos por los colonizadores.

El primero tiene características de una especie de gigante en el fondo del mar con un poder supertelúrico, manifestó la máster. Toda esa serie de aspectos se mezclaron, enriquecieron nuestro acervo cultural con todo el proceso de sincretismo, que es diferente a transculturación, añadió.   Es el encuentro de varios saberes que dieron origen a una nueva cultura, la cubana en este caso.

La sincretización se refiere a la toma de elementos simbólicos, semióticos, de la religión católica transportada e identificada con los cultos propios de aquel lejano continente, conocido aquí como Regla de Ocha o Santería, cubana, no de otro lugar, reafirmó.

Ahora estamos regados por el mundo entero, comentó, y este ajiaco forma parte de la riqueza de la historia.

Siempre debemos tener una referencia de El reino de este mundo, del escritor y periodista cubano Alejo Carpentier. Lo real maravilloso, porque en Cuba se da eso, una realidad que se transforma en otra lectura convertida en una nueva imagen, y a la vez, se refleja en el folclore musical, pictórico, literario, culinario, y hasta en la forma de ingerir el café, planteó la estudiosa.

CREENCIAS QUE PERVIVEN

Para esta conocedora y amante también de contenidos antropológicos, esa infusión no se bebe de la misma manera, ni en el mismo recipiente en el campo y en la ciudad.

A ella se incorporó un tipo de espíritu más refinado y por eso suele disfrutarse el café en taza, mientras en las zonas rurales es usual deleitarse con esa bebida tomándola en una vasija de metal u otro material rústico.

Si en toda esa mixtura incorporamos los diversos procesos de la religiosidad popular, la cual responde a la tradición, nos encontramos que cada iglesia tiene su doctrina y  liturgia.

Como en una jícara -tazón por lo general de barro-, bebemos de todas las aguas, nos nutrimos de elementos, tanto católicos -entre ellos, el rosario, la vela, la cruz o las flores-, como de otros recursos religiosos, pero el patrimonio inmaterial debemos conservarlo por encima de todo, declaró González Braniella.

Y lo mismo en la ciudad que en el campo, las creencias perviven, las supersticiones permanecen, quedándonos aquello de la desobediencia. “Si no cumplimos determinado ritual, sobrevendrá algo malo para nosotros”, este es el pensamiento de la mayoría.

Ante el mal las personas nos preparamos y como una forma de espantar o exorcizar espíritus malignos, algunos buscan un rezo determinado, otros prenden un incienso y todos, de una u otra forma, hacen sus prácticas adaptándose cada cual a sus necesidades y condiciones, concluyó la experta.

arb/dp

Colaboraron en este trabajo:
Amelia Roque
Editora Especiales Prensa Latina
Martha Andrés Román
Editora Jefa de Redacciones Políticas
Richard Ruiz
Periodista Prensa Latina
Laura Esquivel
Editora Web Prensa Latina
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